El triunfo de la política

Desde los orígenes de la historia se ha constituido una actividad que parece tener reglas inflexibles. Quienes intervienen en ella, lo quieran o no, están condenados al cumplimiento de esas normas no escritas. Muchas veces aparecen prioridades que se imponen sobre los deseos de quienes operan en ese oficio. Esa actividad es la política. Los líderes intentan evadirse del corset que les impone la propia lógica del poder y, sistemáticamente, deben rendirse ante aquella lógica. El célebre ensayista argentino José “Pancho” Aricó decía: “Muchas veces queremos cambiar al poder. Descubrimos cuando llegamos a él que el poder nos cambia a nosotros”.El triunfo de la política; el editorial de Carlos Pagni en Odisea Argentina (06/07/2026)Lo que ha ocurrido en los últimos dos meses en torno al liderazgo de Javier Milei parece ser la imposición de una realidad por sobre la voluntad o la vocación transformadora del Presidente respecto de la vida pública. Desde distintas dimensiones, la Argentina está frente a un triunfo de la política, de sus reglas y prioridades. Se percibe en el final de Manuel Adorni. Había un desafío de los Milei, Javier y Karina, de desafiar esa lógica del poder y retar a la opinión pública al mantener al exjefe de Gabinete en su cargo. Se trataba de una especie de reivindicación del propio liderazgo, de la propia decisión, del propio capricho.Frente a ese intento, prevalecieron las reglas del oficio que levantaron un murallón en el Senado. Esa imposición estuvo personificada en Patricia Bullrich. La exministra de Seguridad realizó una jugada política digna del ajedrez. Empezó alertando sobre algo sabiendo cómo iba a terminar la secuencia. En las primeras advertencias que Bullrich le hace a Milei sobre la situación de Adorni y la necesidad de reemplazarlo, ya estaba prefigurada la negativa de la Cámara alta a convalidar su permanencia en la Jefatura de Gabinete. El reemplazo de Adorni por Diego Santilli es una manifestación de la misma tendencia. Milei tuvo que aceptar que necesitaba un jefe de Gabinete que conociera al Estado, el juego del poder, el funcionamiento del Parlamento y la cultura de lo que denomina “la casta”. No es el único ejemplo de la imposición de las reglas de la actividad política. Cuando Milei iba hacia la presidencia, estaba encandilado con el romanticismo del renunciamiento. Es una forma de seducir a la opinión pública, aún más cuando la política está impugnada y la vocación de poder parece pecaminosa. Eran los tiempos en los que el jefe de Estado decía “cuatro años y me voy a leer la Torá a un campo, con mis perros”. Ahora, todo el coro de La Libertad Avanza, con Karina Milei a la cabeza, manifiesta que el único objetivo político de este Gobierno es la reelección de Milei. Ocurrió en todas las presidencias.Santilli, que es un dirigente que viene del peronismo y recaló en el Pro, ofreció una entrevista el sábado al diario LA NACION. Le preguntaron por la situación de su partido y la relación con el Gobierno. “Yo soy un hombre de Milei. Mi líder ahora es Milei. Al único que obedezco es a Milei. Lo que ustedes periodistas me están planteando es un problema de Pro. Lo tendrán que resolver ellos”, aclaró, como si fuera de otro partido. No necesitó siquiera renunciar a su afiliación a Pro. Ya está afuera.No es menos interesante lo que reveló su esposa Analía Maiorana durante la ceremonia de asunción. Sobre el momento en el que Santilli le contó que había sido convocado para la Jefatura de Gabinete. Ella, con toda sinceridad reveló algo que en realidad los políticos cínicamente ocultan: “Diego me dijo ‘vamos por más’”. Esa es la pretensión, el entusiasmo, en general, de todos los políticos, aunque luego lo disimulen con rasgos de altruismo y abnegación. Santilli encontró que, para ir por más, debe subordinarse absolutamente al Presidente. Ello significa destinar su trabajo dentro del Gobierno a un único objetivo: conseguir la reelección de Milei. El flamante jefe de Gabinete influyó bastante dentro de LLA, y sobre todo en la hermana del jefe de Estado, en imponer un criterio, tal vez acertado: dejar atrás el intento por dominar el Congreso y abocarse a que Milei consiga un segundo mandato. Significaría la primera reelección de un líder no peronista.El gran historiador y sociólogo Juan Carlos Torre suele decir que la democracia argentina va a tener una señal de modernización y estabilidad el día que un peronista no reelija y un no peronista logre reelegir. La primera parte ocurrió durante la presidencia de Alberto Fernández, motivo por el cuál es tan repudiado por sus compañeros de grupo. Faltaría cumplir con el segundo término del polinomio de Torre.En función de este objetivo, el oficialismo está haciendo algo muy habitual en la política. Piensa cambiar las reglas para montar una ingeniería electoral que conduzca los votos de tal manera que los sufragios no kirchneristas confluyan en Milei. Dicho método de organización de votos implica también una última rendición de la política ante la “casta federal”: un acuerdo con los gobernadores que tienen alguna coincidencia de intereses con el Gobierno, afinidad ideológica o sencillamente están determinados por sus carencias fiscales.Para lograr su cometido, el Ejecutivo analiza suspender las Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO). En todo caso, recurriría solamente a unas Primarias Abiertas. En consecuencia, los partidos pueden hacer una interna tradicional, abierta, en la que se convoca también a los no afiliados a otros partidos, o incluso determinar a sus candidatos a través de un congreso. Es la vuelta del viejo orden con la intención de quitarle a la oposición un instrumento para que ordene su propia interna. Los oficialismos suelen ordenar con el poder del Estado, del dinero y, de esa manera, pueden condicionar a quienes tienen enfrente.La supresión de las PASO va de la mano con el sentimiento popular. El sistema electoral argentino es disparatado en la medida en que obliga al electorado a participar de internas que pueden no interesarle. Es aún más delirante que establezca además la existencia de internas en fuerzas con un único candidato.Una encuesta de Mora Jozami de Casa Tres grafica este sentimiento. Un 39% de la muestra se opone a la eliminación de las PASO. Por el contrario, un 44% de los encuestados están a favor de su suspensión. Ese apoyo crece entre los varones (49%), los adultos mayores de 60 años (49%), los que vienen en el interior (46%), quienes cuentan con un nivel socioeconómico elevado (60%) y los votantes de Milei (70%).La clave detrás de esta estrategia del Gobierno no pasa únicamente por la eliminación de las PASO y la intención de desalentar el ordenamiento interno opositor. También apunta a pensar un sistema de boletas que haga que Milei sea el beneficiario de distintos afluentes de votos. Este último factor está asociado al diseño de la oferta electoral, graficado en la Boleta Única de Papel. La idea del oficialismo es la de una boleta que establezca la candidatura de Milei y un vice, junto a dos rubros: senadores y diputados. Sea cuál sea la jurisdicción o provincia, en ambas categorías siempre se llevará al menos un candidato de La Libertad Avanza. El otro puede ser, para poner el ejemplo de un distrito, del radicalismo de Mendoza, como Cornejo, Podemos imaginar a Petri, que es de LLA. Con los diputados lo mismo: se presenta una lista de La Libertad Avanza y otra del Partido Radical de Mendoza, que confluyen en el voto de Milei. Esto lo está negociando Santilli con distintos gobernadores. Por eso es tan importante que hubo 14 gobernadores en su asunción. Está pensando en armar una especie de coalición de facto para que sus votos, y los de otras fuerzas políticas que no son necesariamente opositoras, terminen en Milei.Uno podría decir que hay senadores y diputados que no van a ser de La Libertad Avanza. Pero Santilli puede responder que los puede convertir una vez que Milei reelija. De hecho, es lo que está sucediendo en el Congreso, donde le Gobierno tiene la adhesión de legisladores que no son de su partido y puede sacar leyes, poner jueces y realizar una cantidad de operaciones que le dan gobernabilidad sin necesidad de preocuparse por que sean de color violeta.Esto va en combinación con los intereses de los gobernadores, que están dispuestos a poner a sus senadores y diputados nacionales al servicio de Milei. Ellos se llevan como beneficio que el Gobierno les proponga adelantar la elección para asegurarse la gobernabilidad en sus provincias. O hacerlas simultáneas. La clave es que la Casa Rosada no molestaría con candidatos propios. De hecho hay un gobernador de una provincia opositora al que le dijeron que, si los acompañaba en el experimento, le van a garantizar que haya dos listas de LLA. En el Gobierno están dispuestos a dividir a su propio electorado para que los gobernadores aliados pueden reelegir y tener su propia Legislatura y su poder.Es un toma y daca donde cada uno respeta la situación de poder en la que está, todo al servicio del Presidente. Hay que mirar los nombres de los que estuvieron en la Casa Rosada durante la asunción de Santilli: Zdero, de Chaco; Cornejo, Sadir, Valdés [radicales]; “Rolo” Figueroa, del Movimiento Popular Neuquino [un partido independiente]; Osvaldo Jaldo, un peronista alineado a Milei desde la primera hora; Jalil, de Catamarca, también alineado, y con los Menem; Weretilneck, que es de su propio partido en Río Negro; Marcelo Orrego, de San Juan; Rogelio Frigero, de Pro de Entre Ríos; Jorge Macri, de la ciudad de Buenos Aires; y Martín Llaryora, del peronismo cordobés. Esa foto tiene un detalle lleno de significado: el gobernador de la ciudad de Buenos Aires está en una segunda fila y es difícil de imaginar que eso no haya sido deliberado por la situación en la que se encuentra Jorge Macri hoy, de debilidad. Algún chistoso preguntará si es él o es una imagen formada por Inteligencia Artificial.A los gobernadores no solamente se les ofrece una solución para
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