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Llantos en soledad, el futuro de Carlo Ancelotti, el adiós de Neymar y el de toda una generación que despedazó millones de sueños
La derrota por 2-1 con Noruega en los octavos de final provocó un cimbronazo histórico aunque, esta vez, la “desazón silenciosa” le ganó a la furia
Poco más de media hora había pasado desde la eliminación de Brasil de la Copa del Mundo, a manos de Noruega, cuando un joven torcedor brasileño, vestido con una réplica de la gloriosa camiseta que usó Ronaldo en la conquista de 2002 (último título de la Canarinha), sollozaba en soledad abrazado a un cartel publicitario de una popular marca de cerveza en la cual, Carlo Ancelotti, cruzando sus dedos, avisa: “Tá liberado acreditar (se puede creer)“. Todo un símbolo. Adentro del bar, a escasos metros de la escena, los últimos hinchas que quedaban bebían en silencio, sin prisa, lo que les quedaba en el vaso mientras veían la repetición de los goles de Erling Haaland sin hacer comentarios.Así, en silencio y casi con vergüenza, fue como se vivió la derrota en octavos de final de Brasil, en New Jersey. No hubo gritos ni destrozos. No hubo desmanes ni furia incontrolable. La sensación general fue el pensamiento de “una vez más este desconsuelo” y la dolorosa reflexión de un pueblo futbolero: “aunque lo intentemos, ya no somos lo que fuimos”. Porque sí, tal vez por el efecto Ancelotti o por el in crescendo del funcionamiento del equipo en el certamen, los brasileños se habían permitido soñar con volver, por lo menos, a estar en una final. Y se quedaron lejos, muy lejos del objetivo."ES OBVIO QUE ESTAMOS PROFUNDAMENTE TRISTES"El sentimiento de Carlo Ancelotti tras la eliminación de Brasil del #MundialEnDSPORTS.#FIFAWorldCup pic.twitter.com/ioTk0zwrFl— DSPORTS (@DSports) July 5, 2026Pero la decepción no es una novedad. Por sexta vez consecutiva, el seleccionado brasileño fue eliminado por el primer equipo europeo que enfrentó en los playoffs y, además, el equipo de Ancelotti culminó con la peor campaña de la Canarinha en Mundiales desde 1990 (derrota en octavos ante Argentina), interrumpiendo una secuencia de ocho participaciones seguidas llegando, al menos, hasta los cuartos de final -considerando, claro, que se agregó la etapa de dieciseisavos para esta competencia-. Contando a partir de ahora, serán al menos 28 años los que Brasil pasará sin volver a levantar el trofeo más deseado, la mayor sequía desde la primera estrella, en 1958.Si tras la clasificación de Brasil ante Japón, en la instancia previa, a Ancelotti le llovieron elogios por no haber sacado a Casemiro en el entretiempo, como la mayor parte de los hinchas pedía, y por haber puesto a Martinelli, autor del gol del triunfo, esta vez la situación fue completamente diferente y el DT italiano se ganó un lugar en el Top 3 de culpables populares. “Yo hubiese sacado a Casemiro en el entretiempo. No habría puesto a Martinelli. Es por eso que Ancelotti tiene 5 Champions League y yo me tengo que levantar mañana a las 6 para trabajar”, decía el meme que se popularizó en todas las redes sociales de Brasil tras la victoria ante los nipones. Esta vez, en cambio, al bote de Carletto le entró agua por todos lados y los remos no fueron suficientes.El plan del exDT de Real Madrid, que le cedió la pelota a Noruega para salir rápidamente de contra, funcionó poco y nada. Si bien el penal desperdiciado por Bruno Magalhaes, en el primer tiempo, y el cara a cara perdido por Endrick, en el segundo, podrían haber cambiado la historia, la realidad demostró que el seleccionado sudamericano apostó a un estilo que no se condice con su tradición y que, principalmente, no supo ser letal cuando tuvo las oportunidades.“Obviamente estamos tristes, porque hicimos un buen Mundial y hoy merecíamos ganar, pero esta derrota es el comienzo de una nueva aventura”, reflexionó Ancelotti en conferencia de prensa. “No sé cómo se lo tomarán los hinchas, lo que les puedo decir es que seguiremos trabajando para esa selección, buscando nuevas ideas”, agregó poco antes de abandonar el MetLife Stadium.Las palabras de Carletto, en futuro, no eran necesariamente expresiones desde el deseo ya que, a pesar de la turbulencia por la eliminación precoz, la CBF continuará con su plan de vuelo. “Estamos juntando los pedazos por esta derrota y pensando ya en un ciclo menos tortuoso, de mayor calma y más organizado. La continuidad del Míster hasta 2030 debe venir con los ajustes necesarios para que él pueda trabajar con tranquilidad hasta el próximo Mundial” dijo Rodrigo Caetano, director ejecutivo de selecciones masculinas de Brasil, mientras se retiraba del estadio, garantizando la continuidad del italiano y de todo su cuerpo técnico.Acerca de la reacción de los hinchas, de la cual Ancelotti no sabía qué esperar, lo que primó fue una silenciosa decepción, la impotencia de quien abanica a un gigante desmayado, en la lona, con la esperanza de que, de una vez por todas, vuelva a levantarse y, por fin, consiga encajar una mano. “Ya sé que el fútbol cambió mucho y que Brasil no es lo que era, pero no me acostumbro a tolerar que sea normal perder con Noruega o despedirse en octavos de final”, expresó a primera hora del lunes, Bruno Chaves, de 35 años, poco antes de subirse al colectivo que lo dejaría en el centro de Belo Horizonte para retomar su rutina profesional; esta vez, sin embargo, será una semana vacía, sin expectativas mundialistas, diferente a las tres o cuatro anteriores. “Para mí, sigue siendo una pesadilla, no puedo asimilar que sea algo normal. Algo tiene que cambiar, pero no sé qué”, agregó.Lo que evidentemente sucederá en este ciclo rumbo al Mundial de 2030 será un recambio generacional. “Lo intenté, lo intenté. Empecé acá y lo termino acá”, dijo Neymar, visiblemente apesadumbrado, haciendo referencia a su debut en el seleccionado, en 2010, ante los Estados Unidos y precisamente en el MetLife Stadium, donde ayer se despidió convirtiendo un gol, de penal, que de nada sirvió. Tras su llanto desconsolado en la cancha y el apoyo de sus familiares, el crack de Santos alcanzó un récord negativo este domingo: se convirtió en el segundo futbolista brasileño que disputó cuatro copas del mundo y no ganó ninguna. El primero fue Thiago Silva. En su palmarés, con el seleccionado mayor, solo quedó la obtención de la Copa de las Confederaciones, en 2013.El “Last Dance”, al menos en mundiales, no fue una pieza que Neymar bailó en soledad. Otros futbolistas, por una cuestión generacional (y sobre todo, de desgaste), también parecen haber cerrado este capítulo en la derrota que tuvo al verdugo más probable, Erling Haaland. “Voy a cumplir 35 años la semana que viene, así que desde ahora seré un hincha más”, sostuvo Danilo, cerrando su ciclo con el seleccionado. La lista podría engrosarse con las despedidas del arquero Alisson, que disputó tres mundiales y tendrá 37 años en 2030; Marquinhos (tres copas, 36 años), Alex Sandro (39 años) y Casemiro (38); como referencia, el futbolista brasileño más veterano convocado para un Mundial fue Daniel Alves, con 39 años en Qatar 2022.Las críticas hacia la CBF, por el caótico ciclo, a Ancelotti por sus decisiones -sobre todo, en la eliminación ante Noruega- y a los futbolistas -Neymar y Vinícius Junior a la cabeza- esta vez no fueron despiadadas ni venenosas en su mayor parte. Se hicieron escuchar, sí, pero como entre sollozos, al igual que la despedida casi en silencio del torcedor que se retiraba del bar para vivir su amargura. En silencio, pero con muchos cuestionamientos porque, está claro, algo tiene que cambiar. Nadie quiere ni debe aceptar que Brasil nunca más será lo mismo, que ya no asusta ni a equipos de segundo orden. Y ese pensamiento no es exclusividad de los brasileños sino de todos los amantes del fútbol.Lo que sí quedará para Brasil y sólo para Brasil, sobre todo para quienes toman las decisiones, es planificar cómo van a afrontar el próximo ciclo, cómo darán vuelta el resultado y de qué manera volverán a construir una imagen de grandeza. Los regresos de figuras jóvenes como Estevão, de Chelsea, Rodrygo (Real Madrid), Wesley (Roma) y Eder Militão (Real Madrid), que se perdieron esta Copa del Mundo por lesiones, se sumarán a los que “sobrevivan” al desastre de New Jersey y, sobre todo, a nombres que asoman como el del arquero Carlos Miguel (27 años, Palmeiras), los defensores Kaiki (23 años, transferido de Cruzeiro a Como, de Italia), Vitor Reis (20, Manchester City); el volante João Gomes (25, Wolverhampton, Inglaterra) y el delantero Kaio Jorge (24, Cruzeiro) para intentar conformar un grupo sólido que deberá atravesar las eliminatorias sorteando rivales. Pero, sobre todo, que tendrá la misión -cuesta arriba- de volver a poner de su lado a un torcedor que se mostrará más escéptico que nunca. Y tiene años de razones.Barajar y dar de nuevo, ese es el lema que cierra una campaña de fracasos y abre una nueva ilusión. El seleccionado brasileño, con Ancelotti a la cabeza, deberá entender a qué pretende jugar y sí, de esa manera, vuelve a ser temido y respetado o, simplemente competitivo, lo que no es poco si consideramos las últimas actuaciones de la Canarinha en Mundiales. Barajar y dar de nuevo también para los hinchas, que volvieron a ilusionarse y arrancan la semana viendo como en las vidrieras las camisetas del pentacampeón, que se mantiene sin la deseada sexta estrella, están en rebajas o, directamente, ya fueron retiradas. En silencio, con cierta vergüenza y la sensación de haber sido estafados. Porque el gigante no se levanta y parece que, al menos hoy, casi todos los que lo intentaron, aún con desconfianza, se ven tentados a tirar la toalla.