¿Anticongelante a base de algas marinas? En la Patagonia, el olivo se abre paso de la mano de un bioinsumo que “blinda” a las plantas de las más bajas temperaturas

De la mano de los desarrollos científicos, la utopía de expandir la frontera agrícola en la porción más austral del territorio nacional ya dejó de ser tal. Y hay un cultivo que, a pesar de las duras heladas invernales, está logrando subsistir –y hasta ampliar su superficie- con gran éxito. Se trata del olivo, que de la mano de un bioinsumo a base de algas marinas, está logrando “hackear” el termómetro.
El producto, elaborado y comercializado por la firma Laboratorios Biotec S.A. bajo el nombre de Inmunoalfa Algae, actúa como un activador molecular que logra “reprogramar” la bioquímica del olivo (Olea europaea L.) y lo blinda de las bajas temperaturas. Para hacerlo, se basa en el extracto de la macroalga Macrocystis pyrifera, el cual se combina con fosfito de potasio.
El caso Acadian: Una empresa familiar canadiense que cosecha algas y las convierte en bioestimulantes para combatir el estrés de los cultivos

Desarrollado en la planta industrial que aquella empresa tiene en la localidad de Camarones, en la provincia de Chubut, este bioinsumo le confiere a la planta una resistencia que alcanza hasta los -14 grados centígrados, al tiempo que garantiza una producción de aceite de gran calidad.
Según dio cuenta el especialista en producción olivícola Víctor Tomaselli, Inmunoalfa Algae, que ya cuenta con aprobación oficial de Senasa y está inscripto bajo el registro 17793, logra tres cuestiones claves. En primer lugar, permite un ahorro energético en la planta, gracias a los aminoácidos fenilalanina, tirosina y triptófano que, suministrados de forma exógena, ayudan a la planta a no tener que sintetizarlos.
En segunda instancia, evita la rotura de membranas celular por la formación de cristales de hielo. Eso se consigue a partir de los aminoácidos prolina y glicina, derivados también del alga, que, junto al potasio de fosfito, tienen un efecto anticongelante.
Los hermanos Kanje recuperaron los olivares que plantó su padre sin saber si eran productivos, y terminaron obteniendo un aceite que fue distinguido como el mejor del país

En tercer lugar, el fosfito mejora la conducción interna dentro de la planta, asegurando mayor penetración de estos aminoácidos en los vasos del árbol (xilema y floema).
El uso de este bioinsumo da lugar a un aceite con atributos sensoriales premium, cuya pureza está garantizada  y va en línea con los estándares internacionales. Además, cumple con la normativa de producción orgánica, por lo que no interfiere con las certificaciones de exportación del Aceite de Oliva Virgen Extra (AOVE).
Foto de portada: Extremo Sur Patagonia
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