Terremotos en Venezuela hoy, EN VIVO: actualización del número de víctimas y desaparecidos, y últimas noticias de este lunes 6 de julio

LA GUAIRA, Venezuela.– Juan Zapata acababa de cenar mirando al Caribe desde su departamento en un 5° piso y se estaba por dar una ducha cuando fue arrojado al extremo de la habitación por la fuerza de los terremotos gemelos que hace diez días sacudieron la costa venezolana.Zapata pasó dos días y siete horas bajo los escombros, atrapado entre dos varillas de acero, hasta que fue rescatado por los rescatistas.“Mientras me rescataban les dije, ‘Estoy en el quinto piso’, y me contestaron: ‘No, estás en el sótano’. No podía creer lo que me había pasado”, dice Zapata, parado junto a su camilla en un hospital de campaña de La Guaira que es manejado por la organización de ayuda humanitaria Samaritan’s Purse.Pese a que no es una tradición muy venezolana, familias de La Guaira entierran estos días a sus gentes en los nichos del popular Cementerio General del Sur, el que tantas leyendas esconde. El mismo camposanto que durante años fue víctima de los saqueadores, que profanaban tumbas para buscar oro, placas de bronce o para arrancar cráneos que sirvieran para rituales de brujería, santería y palería. El mismo cementerio que acoge al Malandro Ismael, el santo de los ladrones, y a María Francia, venerada por los estudiantes. Unos y otros acuden a las dos tumbas en buscas de favores para sus correrías o para los exámenes.CARACAS.- “Mi príncipe”. “Mi amada”. “El amor de mi vida”. Una familia caraqueña despidió a tres de los suyos, víctimas de la gran tragedia del Día de San Juan, con epitafios grabados sobre el yeso del nicho que los acoge para siempre. Usaron un palito fino para el último mensaje en un ritual que rebosaba dolor y lágrimas en la madrugada de ayer.A Génesis Montes la enterraron la semana pasada en otro de los nichos. “Te amamos x siempre”, escribieron sus familiares, quienes situaron el día de su muerte el mismo 24. Igual que a Jorge Montes, su hermano. “Eres el mío”, fue su epitafio. Para Jesús Vásquez no hubo miniesquela porque cuando las despedidas son tan dolorosas hasta las palabras cuestan.
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