A 750 metros de donde jugará Argentina, el atentado que cambió para siempre la seguridad en el deporte en Estados Unidos

ATLANTA (Enviado especial).- Un logo gigante de los Juegos Olímpicos, una vuelta al mundo con vista a la ciudad, al estilo del London Eye, aguas danzantes, una bandera de Estados Unidos flameando en lo alto y, en uno de los laterales del Centennial Olympic Park, un monumento que esconde una de las historias que más cambió la relación de Estados Unidos con la seguridad en los grandes eventos deportivos. Allí se recuerda a las víctimas del atentado de los Juegos Olímpicos de 1996, un ataque que dejó una huella en Atlanta y modificó para siempre la manera de organizar espectáculos de esta magnitud. Treinta años después, a apenas 750 metros de allí, Argentina jugará frente a Egipto por los octavos de final de un Mundial que hoy aplica muchas de aquellas lecciones.Atlanta es una de las sedes más modernas de este Mundial. Es considerada uno de los principales polos tecnológicos del sur del país, cuenta con el aeropuerto de mayor tráfico aéreo de Estados Unidos y alberga al Mercedes-Benz Stadium, el imponente escenario con capacidad para 71.000 espectadores donde la selección buscará el pase a los cuartos de final. Pero es, al mismo tiempo, una ciudad marcada por un episodio que cambió la forma de organizar los operativos que hoy se ven en los estadios, con cientos de policías y efectivos de distintas fuerzas, cámaras, centros de monitoreo y controles en calles, accesos y puntos de reunión de los hinchas.El Centennial Olympic Park fue pensado justamente como una especie de Fan Fest permanente: un espacio para que el público disfrutara de recitales y actividades al aire libre durante la competencia. Hoy cumple una función muy parecida: es uno de los principales lugares de encuentro de los hinchas de este Mundial y ya recibió más de 380.000 visitantes.Atlanta no era la favorita para organizar aquellos Juegos. Al cumplirse 100 años de la primera edición moderna, todo indicaba que el centenario volvería a Atenas. Sin embargo, el proyecto encabezado por el empresario Billy Payne y el fuerte respaldo de empresas locales, entre ellas la fabricante de la gaseosa más famosa del mundo, inclinaron la balanza.El parque fue inaugurado el 19 de julio de 1996. Ocho días después, durante un recital de la banda Jack Mack and the Heart Attack, ocurrió el suceso que convirtió al parque en un sitio de memoria: la explosión de una mochila que contenía tres tubos cargados con clavos y que provocó dos muertes y dejó 111 heridos. Fallecieron Alice Hawthorne, una estadounidense de 44 años alcanzada por la onda expansiva, y Melih Uzunyol, un camarógrafo turco que sufrió un infarto mientras intentaba escapar. Los Juegos, en los que Argentina logró la medalla de plata en fútbol tras perder la final con Nigeria, otra en la clase Mistral (windsurf), con Carlos Espínola, y el bronce en boxeo con Pablo Chacón, continuaron su curso. De hecho, pocas horas después del atentado, el equipo dirigido por Daniel Passarella goleó 4-0 a España en Birmingham, Alabama, otra de las sedes del torneo, con dos goles de Hernán Crespo, uno de Claudio López y otro en contra de Agustín Aranzábal. La decisión del Comité Olímpico Internacional fue seguir adelante, aunque con un fuerte refuerzo de las medidas de seguridad. En un primer momento, el principal sospechoso fue Richard Jewell, el guardia que había descubierto la mochila debajo de un banco y comenzó a evacuar el parque antes de que detonara. Durante semanas fue el principal acusado, hasta que el FBI lo descartó por falta de pruebas. En 2019, su historia llegó al cine. El verdadero autor resultó ser Eric Robert Rudolph, responsable también de otros atentados, prófugo hasta 2003 y finalmente condenado a prisión perpetua en la cárcel de máxima seguridad ADX Florence, en Colorado.Desde entonces, Atlanta no volvió a ser la misma y muchas de las medidas que hoy resultan habituales pasaron a ser parte de la nueva normalidad. Controles de bolsos en todos los accesos; detectores de metales en las entradas; ampliación de los perímetros de seguridad alrededor de los estadios; mayor presencia de agencias federales junto a la fuerza estatal; trabajo conjunto entre el FBI, la policía, los bomberos y los servicios médicos; y protocolos de evacuación mucho más estrictos. Un esquema que, además, se profundizó después del 11 de septiembre de 2001.Si este es o no el Mundial “más seguro de la historia”, como lo definió Donald Trump, recién podrá saberse cuando termine. Por lo pronto, sí es el más blindado de todos, con un despliegue que incluye una inversión de 625 millones de dólares destinada exclusivamente a prevención. Una cifra acorde a un torneo récord, con 48 selecciones, 104 partidos y millones de hinchas movilizándose. Ahora, en esta misma ciudad, Argentina volverá a jugar un partido decisivo en esta misma ciudad, en un Mundial que también aprendió de aquella noche.
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