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Roberto Regoli: “Si un cisma no se resuelve rápido se vuelve insanable”
El profesor de Historia de la Iglesia en la Pontificia Universidad Gregoriana analizó la nueva ruptura de Roma con los lefebvristas
ROMA.- No es la cuestión del uso de la antigua misa en latín, preconciliar, de espaldas al pueblo, la que está en juego en la pulseada entre el Vaticano y los nuevamente excomulgados lefebvristas. El problema básico es su rechazo a las enseñanzas fundamentales del Concilio Vaticano II, asegura el padre Roberto Regoli, profesor de Historia de la Iglesia en la Pontificia Universidad Gregoriana. En una entrevista con LA NACION Regoli -que es también presidente de la Fundación vaticana Joseph Ratzinger-, destacó la actitud benevolente hacia la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX) de Benedicto XVI (2005-2013) y de Francisco (2013-2025), que hicieron muchas concesiones, sin obtener nada a cambio. Advirtió sobre las evidentes contradicciones del grupo tradicionalista rebelde, elogió el pulso firme de León XIV y consideró muy difícil que pueda reanudarse un diálogo, vista la actitud triunfal ostentada en la ceremonia de consagración de nuevos obispos del miércoles pasado, que los hizo caer automáticamente en la excomunión, pena grave que los dejó afuera de la Iglesia católica. “Si un cisma no se resuelve rápido se vuelve insanable”, afirmó.-¿Qué tan grave es para usted este cisma, en comparación con los que hubo en la historia de la Iglesia?-Este es un cisma pequeño porque el número de personas involucradas no es numeroso, pero tiene una sobreexposición mediática con respecto al número. En el último milenio, sobre todo en los últimos 500 años, hemos visto que cada vez que hay un concilio se produce un cisma. El concilio de Trento (1545-1564) fue para responder a la reforma protestante, los luteranos y los calvinistas. Después tenemos el Concilio Vaticano I (1869-1870), que provocó un cisma con los vetero-católicos que rechazaron la doctrina sobre el primado papal y su infalibilidad; y después del Concilio Vaticano II (1962-65), que provocó otro con los lefebvristas. -¿Por qué?-Cada vez que se toman decisiones de carácter más doctrinal o, en todo caso, que involucran las relaciones Iglesia-mundo, como durante el Concilio Vaticano II, siempre hay un grupo que disiente. En el caso de los últimos dos concilios, Vaticano I y II, las resistencias rechazan el legítimo desarrollo de la doctrina.-¿Qué rechazan los lefebvristas?-Rechazan sobre todo cuestiones inherentes a la libertad religiosa, al diálogo con las demás religiones, el ecumenismo y la concepción del Estado. Porque rechazan la libertad religiosa, prefieren un Estado confesional como modelo. -¿Y el tema de la misa tridentina, preconciliar en latín?-La cuestión litúrgica ya no está en juego gracias a Benedicto XVI, que despolitizó el tema y lo quitó del debate, porque dentro de la Iglesia católica tenemos grupos que celebran con el vetus ordo o misa tridentina (preconciliar, en latín). A menudo la resistencia de la mayor parte de las personas estaba vinculada con la liturgia y no a cuestiones teológicas fundamentales y Benedicto XVI quitó este argumento del debate en 2007 con “ Summorum Pontificum”, decreto que liberalizó el uso de la misa según el viejo rito tridentino. Benedicto también le tendió la mano a los lefebvristas levantándole la excomunión en 2009. -El hecho de que Francisco en julio de 2021 con el decreto “Traditionis Custodis” volvió a restringir el uso de la misa en latín, que para celebrarse requiere de un permiso especial de un obispo, ¿empeoró las cosas? -No. Francisco continuó en la misma dirección y fue muy benévolo haciendo válidos los sacramentos de la confesión y el matrimonio impartidos por curas lefebvristas durante el Jubileo de la Misericordia de 2016. Además, aún con los límites impuestos por Francisco para la liturgia en el viejo rito, para la mayor parte de las Iglesias del mundo es posible celebrarla. Tenemos muy pocos obispos que la boicotean y la mayor parte de los obispos dejó abierta una situación de posibilidad, por lo que, reitero, no es más un argumento de debate. Es decir, hemos tenido dos papas consecutivos, Benedicto y Francisco, que han tendido una mano, pero que no obtuvieron nada de la otra parte, ninguna respuesta. Francisco les tendió la mano, pero ellos nunca dieron ningún paso hacia adelante y Benedicto les había pedido que reconocieran el Concilio Vaticano II y el magisterio posterior. El papa León se ha encontrado con una situación al comienzo del pontificado de este grupo minoritario que se mueve prescindiendo de él totalmente.-¿La estrategia de la mano tendida nunca funcionó y por lo tanto el papa León volvió a tener una posición dura como Juan Pablo II en 1988, cuando excomulgó por primera vez a los lefebvristas al consagrar cuatro obispos sin mandato papal?-Sí. León vuelve a Juan Pablo II con mucha claridad también en cuanto al estatus de los fieles y de los sacerdotes, que si adhieren al acto cismático también están excomulgados en forma automática. Me parece una toma de posición más clara desde el principio porque en 1988 si bien también todo fue muy claro, en los años siguientes como a no todos los obispos les había quedado clara la consecuencia para los fieles, hubo intervenciones que causaron confusión. Mientras que ahora se han puesto desde el inicio las cartas sobre la mesa. Es decir, el papa León estuvo muy firme.-Algunos dicen que este nuevo cisma podría representar una primera trampa de parte del ala más conservadora de la Iglesia para León… -No lo veo así. Este es un grupo tradicionalista que decidió ponerse afuera de la Iglesia, distinto del ala conservadora. El tradicionalismo es un mundo que atraviesa al catolicismo, pero hay un tradicionalismo que es fiel a Roma y al Papa y otro tradicionalismo que no reconoce para nada a Roma, que es el tradicionalismo de los ‘sedevacantistas’. En la FSSPX hay una gran contradicción porque ellos dicen que reconocen Roma, pero en la ordenación episcopal del 1° de julio dijeron que las autoridades de la Iglesia han perdido la fe, con la cual, de hecho, están afuera… Son afirmaciones muy contradictorias.-Para usted ¿por qué los lefebvristas pusieron a prueba a León? ¿Quizás pensaron que porque usa la muceta roja iba a ser más flexible con ellos?-No. Creo que ellos decidieron ir al choque debido a un tema de la edad de sus obispos: si ellos quieren seguir siendo una iglesia, necesitan tener obispos. Y les quedaban apenas dos (Bernard Fellay y Alfonso de la Gallareta), ancianos y también no en muy buen estado de salud. Por lo tanto, hicieron una apuesta por su supervivencia futura, fue un desafío vinculado a la edad de los obispos, ya que ahora tienen seis, entre los cuales uno joven.. No sé cómo ellos consideraron el diálogo con Roma, si había condiciones para tratar, pero no parece, sobre todo después de ver cómo ellos hablaron durante la ceremonia de consagración episcopal, cuando fueron muy al ataque.-El cardenal Pietro Parolin expresó “gran dolor” y al mismo tiempo, esperanza en una reanudación del diálogo… ¿Puede haber esperanza de diálogo?-Se habla de diálogo, pero si los lefebvristas no reconocen la buena fe de sus interlocutores, no hay posibilidad de avanzar.-Además, tampoco reconocen el Concilio Vaticano II…-Sí, que es lo mínimo y tampoco se reconoce el magisterio posterior, desde Pablo VI a León XIV. Hay varias contradicciones en su posición, al reconocer el Papa y después, desobedecer, al reconocer al Papa y después sentenciar que en la autoridad de la Iglesia hay una ausencia de fe… Es un problema.-De hecho, durante la ceremonia dijeron que rezaban por el Santo Padre, justo mientras estaban desobedeciendo…-Exacto. Dijeron, además, que las autoridades de la Iglesia desde el Concilio Vaticano II hasta nuestros días estuvieron animadas por “un espíritu contrario a la fe” y que “actuaron en contra de la santa tradición”… Espíritu contrario a la fe significa que son infieles y me parece una afirmación muy fuerte.-En suma, usted ve muy difícil que pueda reanudarse un diálogo con ellos…-Sí, lo veo muy difícil. Partir de estas posiciones es muy difícil y hay que ver qué conciencia ellos tienen de todo esto porque en las ordenaciones episcopales del miércoles pasado había un gran clima de fiesta por lo que podía verse en las imágenes que transmitieron en streaming. No se veía un espíritu de drama, de dolor, por lo que estaba sucediendo... Hay narraciones muy distintas entre Roma y Écône: Roma que lamenta una herida y habla de dolor y Écône que mientras tanto festeja. Es complicada la situación, son evidentemente lenguajes y mentalidades distintas. Si un cisma no se resuelve rápido se vuelve insanable. La mayoría de los cismas que hemos visto a lo largo de la historia no se han resuelto; muy pocos llegan a reconciliarse, y solo aquellos que permanecen muy al margen. Sin embargo, vemos que la FSSPX cuenta con parroquias, seminarios y escuelas y tener escuelas y jóvenes significa tener un futuro a largo plazo.