Cada semana, la médica Marina Sarquiz deja atrás el asfalto y recorre los caminos rurales de Aristóbulo del Valle, municipio de la zona centro de Misiones, para atender en alguno de los seis Centros de Atención Primaria de la Salud (CAPS) y en escuelas donde se realizan operativos sanitarios. En la colonia, la consulta médica es apenas una parte de su trabajo. El desafío cotidiano detrás de su labor es acercar el sistema de salud público a familias que viven en la ruralidad.
En el Día del Médico Rural, que se conmemora cada 4 de julio en homenaje a Esteban Laureano Maradona, Sarquiz resume el sentido de una tarea que realiza con convicción: “Es un compromiso con el acceso a la salud de comunidades que están alejadas de la parte urbana”.
Egresada de la UBA y especialista en medicina familiar, Sarquiz llegó hace nueve años a vivir en Misiones. Desde allí integra un equipo que articula atención médica, prevención y trabajo territorial. “Durante la semana recorremos los CAPS rurales. También, hacemos operativos en escuelas rurales que funcionan como punto de encuentro de distintos parajes”, cuenta en diálogo con Bichos de Campo.
En esas escuelas realizan los controles para completar la ficha médica escolar obligatoria, pero también es una oportunidad para acercarse a las familias. “Nuestro trabajo es colaborar en levantar las barreras de acceso a la salud. La lejanía, el transporte, el costo y también la cuestión cultural muchas veces dificultan que la gente pueda realizar una consulta. Ir hasta esos lugares nos permite hacer esa primera captación”, explica.
Ese primer contacto suele convertirse, con el tiempo, en un vínculo de confianza. “Una vez que estás en el ámbito de la persona, empezás a conocerla, a entender qué le preocupa y cuáles son los problemas que requieren atención más urgente”. Si hace falta una consulta o intervención especializada, el equipo gestiona la derivación hacia centros médicos de mayor complejidad.
Para que ese trabajo funcione existe un aliado indispensable: los promotores de salud que viven en las colonias. “Un médico solo, yendo una vez por semana, no puede lograr cambios en una comunidad. En equipo, se hace la diferencia”, afirma.
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Los promotores, vecinos y vecinas de los mismos parajes y picadas, son quienes mantienen el contacto cotidiano con las familias, difunden las visitas médicas y facilitan el vínculo entre la comunidad y el sistema sanitario. “Muchas veces la gente se entera de que vamos porque el promotor lo publica en sus estados de WhatsApp. Es un trabajo articulado con la comunidad”.
La experiencia también le enseñó que ejercer la medicina rural exige más que conocimientos clínicos. “Es mucho más de lo que una aprende en la facultad. Tiene que ver con entender la cultura de la zona rural y sus complejidades. De la captación pasamos al vínculo y a la confianza, visita tras visita”.
Entre el sinfín de historias de su trabajo en la ruralidad, Sarquiz recuerda el caso reciente de un menor que llegó desde la chacra para completar la ficha médica escolar junto a su familia. Durante el control detectaron un soplo cardíaco que derivó posteriormente en el diagnóstico de una cardiopatía congénita.
“Entre el diagnóstico y la operación, no pasaron más de tres meses. Hoy ese chico anda espectacular y va a tener una vida normal. Si no lo detectábamos en ese momento, probablemente esa complicación no hubiera tenido solución”, relata.
Casos como este reafirman la decisión que tomó cuando eligió estudiar medicina: “Entré a la carrera pensando que mi vocación era de servicio y que quería ejercer donde realmente hiciera la diferencia. No es lo mismo trabajar en un lugar donde sabés que, si vos no llegás, esa persona no va a tener el acceso a la salud que se merece”.
Para Sarquiz, esa responsabilidad trasciende cualquier obligación laboral. “Es un compromiso que va mucho más allá de un trabajo o de un sueldo. Es la satisfacción de saber que cumplo con lo que tengo que cumplir”.
Día a día, el equipo sale desde el pueblo en un vehículo municipal, recoge a médicos, odontólogos y nutricionistas durante el recorrido y llega a cada paraje con medicamentos e insumos.
Puntualmente, sobre cómo se desarrolla la medicina rural en la provincia, la profesional de la salud destaca que hoy existe una red sanitaria más integrada. “La atención empieza en el CAPS, pero actualmente podemos garantizar el acceso a especialistas y otros tratamientos”, afirma.
Donde termina el asfalto, muchas veces marca el límite en el acceso a servicios como la conectividad, la educación y la salud de las comunidades rurales. Allí, donde comienza el camino de tierra, el trabajo de profesionales como Sarquiz es esencial para que el derecho a la salud también llegue a quienes viven y producen en la chacra.
Antes de finalizar la entrevista, Sarquiz cuenta que su compromiso con el cuidado de la vida también se extiende más allá de la medicina. Junto a su marido es fundadora de la Reserva Natural Ohana, un espacio ubicado en Salto Encantado, donde funciona un centro de rescate, rehabilitación y reinserción de fauna silvestre. Este proyecto funciona bajo la órbita de la Fundación Dante Piesco, creada en homenaje al deseo de su hijo (fallecido a temprana edad) e involucra el trabajo de diferentes profesionales para devolver a los animales a su hábitat natural, contribuyendo al resguardo de la biodiversidad local.
Fotos: gentileza Carolina Hobus
Agro & Campo
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