Eduardo Griffa, uno de los principales criadores de Brahman del país, asegura que gracias al boom exportador, las razas índicas vuelven a ser protagonistas
Durante décadas, la historia grande de la ganadería argentina se escribió casi exclusivamente alrededor de las razas británicas y de la pampa húmeda. Pero del centro del país hacia el norte hubo otra revolución que cambió para siempre la producción de carne en regiones donde el calor aprieta, las se...
Para Eduardo Griffa, productor formoseño de Las Lomitas, cabañero y uno de los referentes de la raza Brahman en la Argentina, esa transformación tuvo un protagonista indiscutido, y son las razas índicas.
“El impacto que tuvo en nuestra ganadería la raza índica es inconmensurable”, resumió el vicepresidente de la Asociación Argentina de Brahman durante la Exposición Nacional de la raza realizada en Corrientes.
La frase no es una exageración ni una defensa corporativa. Griffa sostiene que buena parte de la expansión ganadera del norte argentino se explica por la incorporación del cebú y, particularmente, del Brahman y el Nelore, animales capaces de producir donde otras razas encontraban límites biológicos difíciles de superar.
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“Cuando entran los cebuinos y principalmente el Brahman y el Nelore a la Argentina cambia totalmente la producción de terneros en la ganadería de cría”, explicó.
Según recordó, antes de la llegada de esas sangres los índices de destete apenas rondaban entre el 30 y el 35%. “Cada cien vacas que vos tenías destetabas treinta terneros. Cuando se incorpora el Brahman o el cebú se duplica ese índice de producción”, señaló.
Para Griffa, el aporte de las razas índicas explica buena parte del desarrollo ganadero del NEA y del NOA, regiones donde las condiciones ambientales son muy distintas a las del corazón productivo del país.
“Las índicas cumplen un papel preponderante desde el centro del país hacia el norte. Nosotros tenemos un país muy distinto climáticamente”, explicó.
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Mientras las británicas conservan su predominio en el centro y sur del país, el Brahman muestra sus fortalezas cuando aparecen las altas temperaturas, los endoparásitos, las largas caminatas, la escasez de agua y las sequías prolongadas.
La rusticidad, precisamente, es uno de los atributos que más destacan quienes trabajan con estas líneas genéticas. Pero no es el único.
Para Griffa, el cambio de escenario que vive actualmente la ganadería argentina vuelve a poner al Brahman en el centro de la escena. Durante años, explicó, la pérdida de protagonismo de la exportación y el predominio del consumo doméstico favorecieron animales más livianos y ciclos productivos más cortos. “Empezó a ser más negocio hacer un ternero liviano o una vaquillona liviana en un engorde rápido”, recordó.
Pero el contexto actual parece jugar nuevamente a favor de las razas índicas. “Este animal es un animal donde vas a meter más kilos, más volumen de carne, y es un animal hecho especialmente para exportar. Es la carne y la carcasa que necesitamos para exportar”, afirmó.
La adaptación al calor creciente y el avance de problemas sanitarios como la garrapata también vuelven a inclinar la balanza hacia estas genéticas. “Cada vez viene haciendo más calor y cada vez hay más problemas con garrapata. Ahí el Brahman es donde pisa fuerte”, aseguró.
Mirá la entrevista completa con Eduardo Griffa:
Aunque en el mercado todavía persisten algunos prejuicios alrededor de la carne proveniente de animales índicos, Griffa sostiene que las diferencias no aparecen en la calidad del producto sino en la eficiencia del sistema productivo.
“Cuando vos le sacás el cuero a este animal y se sacan los cortes que se exportan, no hay diferencias en el gancho entre un Brahman, un Brangus, un Braford o cualquier cruza”, explicó.
Las ventajas aparecen por otro lado. Por un lado, el Brahman presenta altos rendimientos de carcasa y una gran capacidad de conversión alimenticia: “Es un animal que necesita comer menos cantidad de pasto o forraje para convertirlo en los mismos kilos que necesita otro animal”, señaló.
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Pero probablemente el aspecto que más pesa en el negocio del criador sea otro: los kilos al destete.
“Cuando se fue a razas cada vez más británicas, los kilos que producían sus terneros respecto de un ternero cruza Brahman había entre 30 y 50 kilos de diferencia al destete”, indicó. La conclusión llega casi automáticamente. “En muchos casos esa es la ganancia. Es el negocio”, resumió Griffa.
El dirigente también destacó otra característica que muchas veces pasa desapercibida: la longevidad productiva de las madres con sangre índica.
Según explicó, una vaca Brahman o con fuerte componente Brahman puede producir entre dos y cinco terneros más que una vaca más britanizada a lo largo de su vida útil: “Es una vaca que va a producir entre dos, tres o hasta cinco terneros más”, afirmó.
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La ventaja económica no termina allí. Cuando llega el momento del descarte, esas vacas también llegan al mercado con mayor peso. Mientras una vaca de descarte británica puede rondar entre 360 y 400 kilos, las vacas con fuerte sangre Brahman suelen ubicarse entre 450 y 500 kilos: “Ahí también tenés una diferencia de casi cien kilos en la vaca de reposición”, explicó.
La propia exposición nacional realizada en Corrientes funcionó como un reflejo del momento que atraviesa la raza.
Por primera vez, la Nacional Brahman realizó una jornada completa de jura y un remate propio, sin compartir pista ni ventas con Braford o Brangus: “Fue un desafío muy grande y realmente estamos muy contentos porque anduvo todo muy bien”, destacó Griffa.
Para el dirigente, el interés creciente por la adaptación, la eficiencia y la producción de kilos para exportación está empujando nuevamente al Brahman hacia un lugar de mayor protagonismo dentro de la ganadería argentina.
Sobre el final de la charla, Griffa también se refirió a dos temas que hoy generan discusión entre los productores del norte argentino: la continuidad de la vacunación contra la aftosa y la implementación obligatoria de la trazabilidad individual electrónica.
En el primer caso, no dejó lugar para dudas. “Me parecería una locura dejar de vacunar”, afirmó.
Desde su condición de productor formoseño y habitante de una provincia fronteriza, considera que el costo de la vacuna es insignificante frente al riesgo de perder mercados y años de trabajo sanitario: “El daño que nos puede ocasionar un brote significaría perder todo lo que se ganó en estos últimos años”, advirtió.
Respecto de la trazabilidad individual, en cambio, pidió analizar especialmente el impacto que podría tener sobre los pequeños productores del norte argentino.
“Hay mucha gente que tiene veinte o treinta vacas y a esa gente se le va a complicar mucho el tema de la trazabilidad y van a quedar en un mercado marginal”, alertó.
Por eso, considera que el sistema debería ser voluntario y asociado a incentivos comerciales para quienes decidan adoptarlo.
“El que elige hacer trazabilidad podrá tener alguna ventaja comercial o acceder a determinados mercados, pero no hay que olvidarse de los pequeños productores”, concluyó.