Después de los lefebvristas, un pequeño grupo tradicionalista desafía a León XIV y acecha el fantasma de otro cisma

ROMA.- Bajo la sombra del nuevo y doloroso cisma provocado por los rebeldes lefebvristas, que quedaron excomulgados automáticamente al consagrar ilícitamente a cuatro nuevos obispos, los menos conocidos Redentoristas Transalpinos —otro grupo tradicionalista ultraconservador, vinculado en su origen a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX), pero más extremo por ser “sedevacantista” (es decir, sostienen que la Sede de Pedro está vacante)— se aprestan a realizar una consagración episcopal sin mandato papal.El nuevo acto de desobediencia se dará el 25 de julio en Papa Stronsay, una diminuta y remota isla del archipiélago de las Orcadas, al norte de Escocia, donde estos monjes —también llamados Hijos del Santísimo Redentor— tienen su monasterio y cuartel general.Allí, el padre Michael Mary, fundador de la congregación nacida en 1988 con la bendición del arzobispo cismático Marcel Lefebvre (fundador de la FSSPX), será consagrado por el obispo Pierre Roy (quien se desvinculó de la FSSPX en 2016), asistido por los obispos sedevacantistas Rodrigo Ribeiro da Silva (brasileño) y el argentino Fernando Altamira.Altamira, nacido en Córdoba en octubre de 1970, es un exlefebvrista ordenado sacerdote por el ex superior de la FSSPX, Bernard Fellay (excomulgado en 1988 y nuevamente en el episodio reciente), en el seminario de La Reja. Luego se distanció por discrepancias doctrinales y se sumó a un ala disidente liderada por el obispo británico Richard Williamson (negacionista del Holocausto, a quien Benedicto XVI levantó la excomunión en 2009). Williamson fue consagrado obispo en 2024 por Ribeiro da Silva, otro exlefebvrista disidente.Los Redentoristas Transalpinos rechazan el Concilio Vaticano II (1962-1965), como los lefebvristas, pero van más lejos: son sedevacantistas, es decir, sostienen que la Sede de San Pedro está vacante, no reconocen a León XIV y rechazan la legitimidad de todos los papas posteriores al Concilio.Se trata, además, de una realidad minúscula e insular, con presencia en Escocia, Nueva Zelanda, Estados Unidos y otras pequeñas misiones. Muy distinta de la FSSPX, una estructura mucho más grande e internacional, con cerca de medio millón de fieles, más de 700 sacerdotes, seminarios y capillas en distintos países.Al anunciar el 18 de junio la consagración, el obispo Roy afirmó en una carta que esta se realizará “sin mandato apostólico, porque la sede de Roma está claramente ocupada por los enemigos de Dios”.El obispo de la diócesis de Aberdeen, que tiene jurisdicción sobre las Orcadas, Hugh Gilbert, intervino en el caso y advirtió que la consagración será “ilegítima” y constituirá un “grave acto de desobediencia”, ya que se realizará sin mandato papal y por obispos que niegan la autoridad del pontífice. También señaló que ningún fiel debería asistir, y que la participación implicaría una ruptura de la comunión con la Iglesia católica.Sin embargo, tras lo ocurrido recientemente en la pradera suiza de Écône, donde se produjo una masiva consagración sin mandato, este nuevo desafío a León XIV podría tener fuerte repercusión mediática.La historia de los Redentoristas Transalpinos es peculiar. Nacieron a fines de los años 80 dentro del universo tradicionalista, con la bendición de Marcel Lefebvre, cuando un joven sacerdote redentorista y un seminarista de la FSSPX fundaron una pequeña comunidad monástica dedicada a la misa tradicional y a la espiritualidad de San Alfonso María de Ligorio.Tras sus primeros años entre Inglaterra y Francia, la comunidad se estableció en Papa Stronsay en 1999, convirtiendo la isla en su casa madre. Su sitio web la describe como un lugar de vida monástica, misionera y contemplativa: un “desierto” en el mar del Norte desde el cual los religiosos parten a predicar misiones.Tal como destacó el semanario L’Espresso, estos monjes no siempre estuvieron fuera de la estructura oficial. Tras una reconciliación interna en 2008, en 2012 el obispo de Aberdeen los erigió canónicamente como instituto religioso clerical de derecho diocesano, y en 2016 sus constituciones recibieron aprobación definitiva.Durante años, Papa Stronsay funcionó como un experimento singular: un grupo surgido del lefebvrismo que regresó a la comunión con Roma bajo Benedicto XVI y fue autorizado a vivir según la liturgia tradicional, con cierta autonomía monástica.Pero todo cambió el 2 de mayo de este año, cuando, en un manifiesto firmado por sus 28 miembros, los Redentoristas Transalpinos llamaron a los obispos a juzgar a los papas posconciliares en un concilio sin el Papa. El texto sostiene que la Iglesia oficial fue infiltrada por el modernismo, acusa al Vaticano II de errores en materia de libertad religiosa, ecumenismo y diálogo interreligioso, y concluye que los papas posteriores no pueden considerarse verdaderos sucesores de Pedro.Esto explica por qué su postura es distinta a la de los lefebvristas, que, aun en abierta desobediencia, siguen reconociendo al pontífice y en su reciente acto incluso rezaron por él.Aunque para la Iglesia católica este grupo representa una amenaza numéricamente insignificante, lo que ocurrirá en la remota isla de Papa Stronsay será otro golpe: el segundo caso en menos de un mes de una consagración episcopal sin mandato pontificio.Este nuevo acto cismático no sólo implicará una excomunión “latae sententiae” (automática), sino que también aumentará la confusión y la preocupación en Roma. Como señaló L’Espresso, después de Écône, otra consagración sin mandato sugiere que el conflicto tradicionalista no terminó con los lefebvristas, sino que “está cambiando de forma y, en los casos más radicales, pasa de la nostalgia por la Iglesia del pasado a la construcción de una Iglesia alternativa”.
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