Silvina Garré: su nuevo disco, su amor por el rock nacional y por qué volvió a vivir en Rosario después de 40 años

Vino en 1982 a Buenos Aires formando parte de La Trova Rosarina –el colectivo de artistas integrado por Juan Carlos Baglietto, Fito Páez, Rubén Goldín, Jorge Fandermole, Adrián Abonizio y Fabián Gallardo- y al poco tiempo se convirtió en una cantautora con peso propio. Hoy, a los 64 años, Silvina Garré es una de las artistas más prolíficas del rock nacional (aunque no todos la reconozcan dentro de esa categoría) y lleva editados 15 discos. Hoy llega a las plataformas su nueva obra: Con nombre de mujer, titulado así porque está integrado exclusivamente por canciones que detentan nombres femeninos, como “Catalina Bahía” (de Pedro y Pablo), “Laura va” (de Almendra), “Maribel se durmió (de Spinetta Jade)”, “Grifana, la mujer” (de Pastoral) y “Marilyn, la cenicienta y las mujeres” (de La Máquina de Hacer Pájaros). Además de estas gemas de las primeras etapas del rock vernáculo, la placa incluye temas de orígenes diversos (en distintos idiomas) y uno propio: “Ñoñi”.En una extensa entrevista con LA NACION, cuenta detalles del nuevo álbum y explica por qué decidió volver a vivir en su ciudad natal tras haber residido 40 años en Buenos Aires.-¿Cómo nació la idea del disco?-Este proyecto es parte de una idea muy pero muy antigua. Hace por lo menos 20 años que lo quería hacer. Pero después pasó lo que suele pasar con cualquier idea: vas postergando su concreción por otras que van apareciendo. En mi caso fueron las publicaciones de varios libros de poemas y otros discos que fueron tomando forma más rápido. Pero finalmente retomé aquella vieja idea y aquí estamos. Pero no fue todo muy rápido: me costó elegir los temas, no fue un proceso sencillo.-¿Cuál fue el criterio de selección de los temas?-El criterio de selección fue que se tratara de historias de mujeres y que llevaran sus nombres en los títulos. Canciones sobre mujeres hay un montón, pero que lleven sus nombres, no. O sea que la gama a elegir no era muy amplia. Además, tenían que estar dentro del estilo que yo interpreto mejor, o al menos que a mí me gusta cantar. Esas canciones apropiadas desde todo punto de vista las encontré dentro del rock nacional y a esas les sumé otras que siempre me gustaron cantar, en otros idiomas. Yo ya me había dado el gusto de cantar en vivo canciones en otros idiomas, como cuando hice los recitales dedicados a James Taylor y Caetano Veloso en La Usina del Arte. También canté junto a Litto Nebbia canciones de Burt Bacharach y Tom Jobim. Pero nunca había grabado en estudio temas en otros idiomas. En Con nombre de mujer incluyo canciones en inglés, italiano y francés. -¿Cuánto influyó en la selección el nivel poético de cada canción?-Muchísimo. Tenían que ser canciones bellas, empezando por sus letras. Todas poéticamente son muy ricas. Por más que tuvieran nombre de mujer, si me parecían pobres o feas, las descartaba de plano. También tuve en cuenta que fuesen canciones a las que yo pudiera aportarles algo con mi voz, a las que pudiera agregarle algo diferente. Y que fuesen canciones con las que me sintiera cómoda y que me representen melódica y armónicamente. También hubo una cuestión de estilo, porque existen muchos tangos y boleros con nombre de mujer; ¡y muchos en la música tropical! Pero no me veo cantando “Malena” ni nada de todo eso. Esto dicho con sumo respeto por todos esos géneros. Tampoco me interesó que el disco fuera una mezcla de estilos. De alguna manera busqué que hubiera una cierta coherencia y continuidad entre todos los temas elegidos. Inclusive las canciones que no interpreto en español tienen un concepto de balada igual al resto y el tratamiento de los arreglos es similar.
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