General
Los miedos de Santilli
El nuevo jefe de Gabinete enfrenta dos grandes retos inmediatos para cumplir las expectativas que sobre él cargaron los hermanos Milei y la dirigencia dialoguista
“Tengo un miedo...”. Así, con ese desparpajo que le permite confundir a sus interlocutores sobre si habla en serio o está bromeando, el flamante jefe de Gabinete le respondió a un interlocutor respecto de las expectativas que había generado su llegada al cargo. Sobre todo, sobre la posibilidad de concretar lo que ahora esperan de él. Tanto dentro como fuera del Gobierno. Más allá de su desenfado habitual y de su condición de hombre audaz, sabe que tiene dos grandes retos inmediatos para poder cumplir con las expectativas que su llegada (y la salida de Manuel Adorni) abrió. Construir confianza y lograr los recursos (materiales e inmateriales) que necesita para concretar lo que se espera que logre son tanto dos grandes objetivos como dos enormes dudas. A eso remite la frase expresada apenas llegaba el martes pasado a la embajada de los Estados Unidos para participar de la fiesta por los 250 años de la independencia de ese paísLa Corte Suprema dejó firme el monto del decomiso en la causa contra Cristina KirchnerEn primer lugar, el debutante jefe de ministros necesita construir confianza con actores naturalmente desconfiados, por un lado, o que acreditaron suficientes motivos para ser escépticos, por otro.Los primeros, que lo están mirando con lentes de precisión, son los hermanos Javier y Karina Milei, quienes han demostrado que no se fían ni de su sombra. Mucho menos, de quienes se subieron a último momento a su barco y tienen historia política, vida propia y vínculos que exceden largamente a su corta trayectoria y su acotado universo de relaciones. La susceptibilidad se agravó con el affaire Adorni, que les produjo un severo daño en su capital simbólico. Ahí encuentra asidero la pregunta sobre el margen de maniobra con que contará Santilli.Los Milei esperan resultados rápidos en algunas cuestiones primordiales para su proyecto político y de poder. Esos objetivos son la reforma electoral, con la eliminación de las PASO, y acuerdos político-electorales que le despejen a Milei el camino hacia un segundo mandato presidencial. Santilli vendría a ser el CEO de la Compañía Oficial de Pavimentación de la Reelección (COPaR SA). Para eso, además, debe lograr en el Congreso la aprobación de varias leyes clave de orden económico-fiscal. Para eso no basta la capacidad de negociación ni la simpatía. Ahí aparece el segundo destinatario del desafío de Santilli en la construcción de confianza. Es el universo de la dirigencia política dialoguista, en el que habitan peronistas no kirchneristas y radicales que gobiernan provincias y municipios, así como macristas con y sin territorio.El problema es que la confianza en el Gobierno de muchos de esos gobernantes y dirigentes ha sufrido, por incumplimientos variados, una fuerte devaluación en el lapso que va del triunfo electoral de octubre hasta hoy. Y, antes, por la estrategia electoral para los comicios de medio término, impulsada por Karina Milei, que incomodó o complicó en sus territorios a varios aliados y colaboracionistas.Hoy los karinistas dicen haber revisado su perspectiva y afirman que están dispuestos a dejar de lado purismos y aceptar acuerdos, aun cuando ello implique coincidir con sus rivales internos liderados por el (¿ex?) gurú Santiago Caputo y afectar las ambiciones de algunos propios. Por ahora, son palabras. Ese vínculo complejo con los caciques locales era admitido por el propio Santilli hasta poco antes de convertirse en jefe de Gabinete, en los días en los que recorría el país con mucho para prometer y poco sustancioso para dar que no fueran algunas golosinas para endulzarles la situación a esos actores, pero, en muchos casos, se trataba de insulsos placebos o “chupetines de madera”, como instituyó la corrosiva creatividad de Jorge Asís.Si bien el flamante jefe de Gabinete asumió con la promesa de que contará con los recursos y los márgenes de maniobra necesarios para cumplir las misiones encomendadas en su entorno y entre quienes conocen la dinámica mileísta, las dudas abundan. Habrá que ver cómo se llevan las urgencia por los resultados de la fraternidad gobernante con su escasa generosidad con los ajenos y los recién llegados, como Santilli, a diferencia de la candidez y prodigalidad que han demostrado con los que adoptaron en los inicios de su gestión, contratados, especialmente, por la agencia de colocaciones en el Estado “Karina Milei & Asociados”, como Manuel “Cascadita” Adorni, cuya saga sigue apasionando a la audiencia, que no deja de sorprenderse con las insólitas revelaciones que provee a diario.La reforma electoral asoma como la primera gran valla a superar. El ambicioso objetivo de eliminar las primarias abiertas simultáneas y obligatorias para dificultar las construcciones de alianzas desafiantes suma la complejidad de la pretensión de que se aprueben las listas colectoras. Se trata de un viejo recurso, otrora usado y abusado por el peronismo bonaerense, consistente en que varias listas a cargos legislativos puedan llevar un mismo candidato al cargo ejecutivo. El propósito es evitar las competencias a la candidatura principal (en este caso, a Presidente) sin generar rupturas y ofreciendo la posibilidad de competir por los cargos colectivos subsidiarios.“El problema es que los antecedentes de 2025 no ayudan en nada, porque después de que se le prometió a muchos gobernadores a intendentes que no se les iba a armar una competencia complicada y se los iba a ayudar a retener el control territorial, Karina y los Menem les terminaron armando y bancando desafiantes con el argumento de la pureza libertaria”, señalaba hace apenas unas semanas alguien que conoce a Santilli como nadie. Casi lo mismo decía y dice, previsiblemente, Santiago Caputo, que fue derrotado internamente en la disputa por la estrategia electoral. Curiosa coincidencia si se tiene en cuenta que Santilli se afilió a la escudería karinista para emprender su escalada a la cima del gobierno libertario.“Ahora hay que convencerlos a esos gobernadores o jefes territoriales de que si aportan los votos para aprobar la eliminación de las PASO no se les complicará la situación local y las listas libertarias aportarán a sus candidaturas, así como se les asegurará con colectoras de Milei en lo nacional. Pero no es tan fácil que, con los antecedentes que tenemos, confíen en que al final no los cagaremos y se quedarán con listas sin candidato arriba, ya que la fuerza del postulante principal es la que decide a quienes aceptan”, decían en el Ministerio del Interior, ahora degradado, y coincidían en las oficinas del gurú ubicadas en el primer piso de la Casa Rosada.En el peronismo dialoguista no parece haber más reparos para dar los votos siempre y cuando se aseguren las efectividades conducentes para mantener el poder territorial, sobre todo a aquellos que empiezan a saborear las mieles de las economías de enclave que propicia y asegura el modelo económico mileísta con los beneficios para la explotación de recursos naturales del subsuelo, pertenecientes a los estados provinciales, que ofrece, entre otras cosas, el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI). La pérdida de ingresos por impuestos coparticipables se compensaría con esas inversiones. Tanto en las arcas estaduales, como en el capital (político, obviamente) de los mandatarios. Los emiratos cordilleranos en ciernes exigen garantías. La mayoritaria presencia en la asunción de Santilli de los gobernadores de esas geografías, así como los de otros estados provinciales dependientes de la asistencia nacional y/o amenazados por opositores locales competitivos, expuso la voluntad de llegar a esos acuerdos que a Santilli se le han encomendado. Pero la predisposición exige de salvaguardas (o cauciones) que el Presidente y su hermana deben refrendar. Desconfiados obligados a confiar mutuamente. Santilli es un fiador, que facilita la posibilidad de alcanzar preacuerdos, a diferencia de su predecesor, pero requiere de firmantes mayores. Por lo pronto, la hermanísima Karina se ha involucrado directamente en el proceso y prácticamente intervino la relación con el Congreso, más precisamente con el Senado, donde la incomodan dos mujeres con vuelo propio, como Victoria Villarruel, ya identificada en la acera de enfrente, y Patricia Bullrich, que con su independentismo en el caso Adorni dejó heridas difíciles de cerrar, aunque haya compartido brindis (de cumpleaños) con la secretaria general. Habrá que ver si la intervención karinista ayuda o complica a Santilli. Zonas grises, puntos ciegosDe todas maneras, no todo depende solo de lo que hagan, impidan o dejen hacer los hermanos gobernantes. Siempre hay zonas grises y puntos ciegos. Y la pavimentación de la ruta 2027 depende también de otros actores que hasta acá han mostrado reticencias a cumplir con compromisos políticos asumidos, mucho más cuando no les llega la orden expresa de abrir los corazones (y, sobre todo, los bolsillos). En este plano asoma el ministro Luis “Toto” Caputo, obligado por Milei y los mercados a mantener el rigorismo fiscal, pero a quien la ortodoxia y las obligaciones no le han impedido algunas discrecionalidades. A él también deberá recurrir Santilli para lubricar acuerdos, apoyos y votos parlamentarios, con la ventaja de la vieja relación que cultivan y los vínculos extrapolíticos (y económico-financieros) que comparten desde hace mucho tiempo. Por último, Santilli deberá lidiar con uno de los problemas, hasta acá insalvables, del Gobierno, que es la disputa fratricida entre la hermana de sangre y el hermano intelectual del Presidente.La nueva etapa y la salida de Adorni no cerraron el conflicto, sino que ha reabierto heridas, más allá de la designación del nuevo jefe de Gabinete, que ambos bandos celebraron y que prometía iniciar un proceso de menos tensiones y más acuerdos. La susceptibilidad del Milei, que naturalmente es elevada, está en uno de sus picos. Dicen que no ha logrado digerir la renuncia obligada de su colaborador y amigo, a quien se negaba a entregar a p