Enola Holmes 3: lo mejor y lo peor de la nueva película de Millie Bobby Brown

“Las grandes historias comienzan con una boda”, dice Enola Holmes, el personaje interpretado por Millie Bobby Brown, en la tercera entrega de la saga de la hermana menor de Sherlock Holmes, una talentosa detective a la altura de la fama de su familia. De hecho, la nueva película vuelve sobre el tema que recorrían los dos films anteriores aunque con un giro novedoso: después de conseguir ser reconocida como una gran investigadora más allá de la sombra de su misantrópico hermano, Enola está a punto de asumir una nueva identidad, la de esposa, que no la termina de conformar. Porque ella es, antes que todo, una rebelde decidida a hacer las cosas a su modo, sin importar lo que la sociedad victoriana le tenga reservado a las mujeres de su clase y edad. Acostumbrados a utilizar la lógica y la racionalidad que aprendió desde la cuna, las emociones son un misterio que los Holmes no tienen herramientas para resolver. Es más, en la trama Sherlock identifica la sensibilidad de Enola como un defecto de carácter imperdonable. Y ahí radica el conflicto principal del film. Hasta ahora las películas basadas en las novelas de Nancy Springer estaban repletas de escenas de acción, de aventuras juveniles diseñadas a la medida de su carismática protagonista, pero es recién en este tercer film que Brown a todo eso le suma al personaje una madurez que refleja la suya. Lo mejorUna mujer modernaMás allá de las muchas licencias históricas y culturales que se toma el guion para retratar a la Inglaterra victoriana, la premisa de esta película propone un conflicto muy real: Enola está enamorada de Lord Tewkesbury (Louis Partridge), su interés romántico desde la primera entrega, pero casarse con él implicaría unos sacrificios que no está convencida de querer afrontar. La vida de la aristocracia británica no parece ser el escenario más fértil para desarrollar sus ambiciones profesionales y esa duda transforma a la adolescente de siempre en la joven mujer que es más de la suma de sus talentos detectivescos. En este tipo de saga de entretenimiento suelen demorarse hasta lo ridículo los cambios vitales que atraviesan sus protagonistas juveniles, pero aquí Brown en su rol de productora, desafía esas convenciones. Tal vez porque sabe que sus espectadores crecieron a la par de ella. Así como las primeras dos entregas de la saga estaban dirigidas al público infantil, esta vez la trama apunta a un segmento algo mayor. Los chicos crecen y los personajes también. Mamá hay una solaA pesar de que no conviene adelantar detalles de su participación, sí se puede decir que tras convertirse en fugitiva de la justicia en el segundo film, Eudoria Holmes, la peculiar matriarca del clan, vuelve a escena. Tan independiente como indolente ante las preocupaciones de su hija, el personaje brilla gracias a la interpretación de Helena Bonham Carter, posiblemente la única actriz capaz de encarnar las excentricidades de Eudoria sin volverla una caricatura. En la dirección correcta Aunque en este tipo de franquicia no se destacan las marcas autorales de sus directores, en este caso la influencia de los realizadores se nota en pantalla. Detrás de la cámara en las dos primeras películas estuvo el realizador británico Harry Bradbeer, reconocido por haber dirigido la extraordinaria Fleabag. Más que versado en la ruptura de la cuarta pared, el recurso que utilizó con maestría la serie de Phoebe Waller-Bridge, Bradbeer era el realizador ideal para poner esa herramienta narrativa en uso en Enola Holmes. Y ahora, ya aceptada esa convención, la tercera parte necesitaba un director que le sumara vértigo y un tipo de edición que encajara todas las piezas del cuento como un rompecabezas. Para eso se sumó al equipo Philip Barantini, el celebrado director de la miniserie Adolescencia, que aportó al film algunas de esas trepidantes secuencias desplegadas en el fenómeno de Netflix. Se trata, además, de una reunión entre el realizador y Jack Thorne, guionista de toda la saga Enola Holmes y que también formó parte del equipo de escritores de Adolescencia. Thorne volverá a hacer equipo con Brown en la recientemente anunciada miniserie de Netflix que la actriz protagonizará junto a David Harbour, su “papá” en Stranger Things. Los escenarios en MaltaLa decisión de situar la trama fuera de Londres y en su lugar desarrollar el cuento en la isla de Malta le da a la nueva película el aspecto distintivo que necesitaba. Las persecuciones, las peleas cuerpo a cuerpo, los misterios a resolver y los pasajes románticos adquieren una textura que de alguna manera encaja con la etapa que atraviesa su personaje central y con el recorrido que emprenderá en adelante. Lo peorNo tan Super SherlockEl personaje creado por Arthur Conan Doyle ya tuvo numerosas adaptaciones, versiones y encarnaciones. Las historias del detective preferido de Hollywood parecen tener una inagotable capacidad para contarse una y otra vez desde diferentes puntos de vista y ambientaciones, aunque el éxito de esos relatos siempre depende de la interpretación que el actor en cuestión haga del maniático Sherlock. En el caso de la trilogía de Enola Holmes, esa responsabilidad recayó en Henry Cavill, un intérprete al que no suele identificarse con el tipo de héroe cerebral y racional creado por Doyle. Aunque aquí Sherlock es un personaje secundario que funciona como el catalizador del espíritu aventurero de Enola también es cierto que el guion lo presenta como su mayor enemigo interno, el que le pone voz a las dudas de la protagonista, un rol en el que Cavill, el ex Superman de DC, no alcanza a convencer. Demasiados enredos Una parte fundamental del atractivo de las historias de detectives es contar con un misterio lo suficientemente interesante para atrapar la atención de los espectadores y desafiarlos a que intenten resolverlo del otro lado de la pantalla. En este caso, la intriga que combina un par de asesinatos y un par de secuestros, un incendio y una subtrama antiimperialista, tiene muchos puntos ciegos y unas cuantas incongruencias que llegan a confundir. El relato demasiado recargado de giros y escaso en deducciones brillantes no le hace justicia a la tradición del detective británico. Aunque tal vez ese sea el punto: en Enola Holmes las tradiciones incomodan más de lo que ayudan.
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