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Qué es la fobia a manejar y cómo se puede superar en tres meses, según una psicóloga especializada
Existe una fobia a manejar que actúa como una barrera para la independencia y la autoconfianza de quienes la padecen
Detrás de cada fobia o miedo a manejar hay una historia de vida y, muchas veces, un sueño postergado; algunas personas conviven con ese temor durante años, e incluso décadas.Superarlo no es fácil y enfrentarlo, menos. Según le explicó a este medio Amorina Díaz, psicóloga especializada en amaxofobia (miedo a manejar), la espera y el proceso de superación puede demorar hasta 30 años.Este SUV con diseño rupturista costará más barato que en EuropaEl miedo a manejar, según la especialista, no se limita únicamente al hecho de no poder manejar un auto, sino que implica una pérdida de independencia y de autoconfianza que termina trasladándose a otros aspectos de la vida cotidiana. “La persona que tiene miedo a manejar pierde independencia y confianza en sí misma; luego, no se anima, por ejemplo, a cambiar de trabajo o a pedir un aumento salarial cuando lo necesita”, explicó.Detrás de cada persona con miedo a manejar hay un sueño por cumplir, ya sea el de visitar a un ser querido al que sólo puede llegar en auto, llevar a sus hijos al colegio, conseguir un trabajo mejor o simplemente recuperar su autonomía. Detrás de cada caso de amaxofobia hay una necesidad concreta y un objetivo pendiente que ese temor impide alcanzar.Si bien la pandemia suele ser recordada como un acontecimiento negativo, para Diaz también dejó un aprendizaje. “Nos ayudó, como sociedad, a entender que somos seres finitos”, sostuvo, y agregó que esa toma de conciencia hizo que “muchos sueños que antes se postergaban comenzaran a convertirse en una prioridad”, sostuvo la psicóloga en diálogo con este medio.La raíz de la fobia a manejarSegún la especialista, el miedo a manejar suele originarse por tres motivos principales. El primero está relacionado con personas más inhibidas, que suelen preocuparse por el qué dirán y tienen una personalidad más reservada. El segundo responde al estilo de crianza: personas que crecieron en entornos de sobreprotección, acostumbradas a ser cuidadas en todo momento. El tercero, en tanto, puede surgir a partir de un evento estresante o traumático vinculado con la conducción, como un siniestro vial o una situación de alto impacto emocional (el factor más común en los hombres).También influye un componente sociocultural, ya que existen historias familiares en las que las mujeres nunca manejaron o crecieron en entornos donde los adultos transmitían miedo al volante o estaban expuestos de manera constante a noticias negativas sobre siniestros viales, factores que pueden contribuir al desarrollo de ese temor.La psicóloga, que argumenta tener más de 1500 casos de éxito en los que se superó la fobia, la mayoría de sus casos tratados son de mujeres de entre 30 y 50 años.“Si bien hay casos también de personas más jóvenes, a ellos no les influye tanto porque pueden usar el transporte público por ejemplo. En cambio, una mujer que es madre y tiene que llevar los chicos al colegio o que se mudó lejos de su trabajo, les influye más el hecho de manejar”, detalló. Cómo detectar la amaxofobia y su tratamiento El primer indicador es la evitación; la persona busca constantemente excusas para no hacerlo. A eso se suma un miedo intenso al momento de ponerse al volante y la creencia permanente de que algo malo va a suceder mientras conduce. Quienes padecen esta fobia suelen anticipar escenarios negativos y les resulta muy difícil reconocer que tienen la capacidad de manejar de forma segura.Otro aspecto importante es que muchas personas que padecen esta fobia no logran identificar que la tienen o, directamente, desconocen que existe un trastorno como la amaxofobia y que cuenta con un tratamiento que, en la mayoría de los casos, resulta exitoso.A su vez, es importante distinguir que existen dos tipos de amaxofobia. La parcial se presenta en personas que conducen únicamente por zonas que conocen o en determinadas condiciones, pero evitan situaciones que les generan mayor ansiedad, como manejar por autopistas, de noche o con mucho tránsito. La amaxofobia total, en cambio, afecta a quienes, tengan o no licencia de conducir, directamente no manejan bajo ninguna circunstancia.Un testimonio recogido por este medio refleja que esta problemática no afecta únicamente a personas que nunca obtuvieron la licencia de conducir o que no tuvieron contacto con el volante. “Saqué la licencia a los 18 años porque vivía en Pilar [provincia de Buenos Aires] y se me dificultaba la movilidad. En la autoescuela me iba bien, pero cuando me tocó salir sola directamente soltaba el volante porque me imaginaba los peores escenarios”, relató Manuela, de 26 años, quien hace cinco años que no maneja, a pesar de tener auto propio.Una vez identificada la amaxofobia y con el acompañamiento de un profesional de la salud mental, ya que se trata de un trastorno vinculado con la ansiedad, el tratamiento suele extenderse durante aproximadamente tres meses. En una primera etapa, el objetivo es “reestructurar” la forma de pensar de la persona para que deje de asociar automáticamente el hecho de manejar con una situación de peligro. Cuando ese cambio de percepción comienza a consolidarse, según Díaz, los pacientes suelen entusiasmarse y quieren volver a conducir. Sin embargo, la especialista recomienda que las primeras prácticas se realicen acompañados y, de ser posible, un domingo por la mañana, cuando el tránsito es más liviano. A medida que el miedo disminuye (algo que aconseja medir asignándole un puntaje) y los niveles de estrés bajan, el siguiente paso es comenzar a conducir sin acompañante en recorridos cortos, como dar una vuelta a la manzana.Además de impulsar a las personas que padecen esta fobia a buscar tratamiento psicológico, Díaz hizo un llamado a construir una convivencia vial más amable. Sostuvo que es fundamental conducir con empatía, cuidar tanto la propia seguridad como la de los demás y comprender que, incluso ante un choque, reaccionar con enojo no contribuye a resolver la situación y sólo empeora el clima en la vía pública.