Economía
Nueve de cada diez empresas ya exploran la IA, pero solo el 10% logra generar valor
Esta tecnología irrumpió en la vida cotidiana y laboral de las personas, aunque usarla sin pensamiento crítico es un problema
La inteligencia artificial dejó de ser una promesa para convertirse en una tecnología que transformó —y sigue transformando— la vida laboral y cotidiana de las personas. Esta irrupción se da en un mundo cada vez más digitalizado, donde el 70% de las personas cuenta con suscripción móvil, casi el 75% utiliza internet todos los días y cerca del 70% participa en redes sociales.Sin embargo, con saber estos datos ya no alcanza. “Debemos conocer el mundo de la inteligencia artificial generativa, que se metió en el teléfono y en la computadora casi sin que nos diéramos cuenta”, señaló Martina Rua, columnista de LA NACION y periodista especializada en innovación, durante la duodécima edición del Summit de Innovación organizado por LA NACION. A partir de este diagnóstico, la especialista planteó cuatro claves para protagonizar la era de la IA.1. Tendencias que marcan al 2026En este contexto, la especialista resaltó la liquidez con la que se maneja la tecnología: “A principio de año, ChatGPT era un líder indiscutible. Hoy el liderazgo está en disputa y hay una batalla por ver quién encabeza la carrera”.Las cifras reflejan la magnitud del fenómeno: “Hace menos de cuatro años no sabíamos que existía esta tecnología, y hoy la utilizan 2000 millones de personas”, indicó Rua. Sin embargo, solo 50 millones pagan una suscripción y apenas entre cinco y diez millones desarrollan sistemas basados en IA.“Es algo que no crece de manera incremental, sino exponencial”, sostuvo la periodista, quien remarcó la importancia de poder leer los datos y convertirlos en información útil para la toma de decisiones.En ese sentido, explicó que actualmente existen 175 zettabytes de información —175 millones de veces la información disponible en la web en los 2000— y advirtió que para 2030 habrá 12 veces más datos que hoy. Frente a este escenario, planteó una pregunta clave: ¿están preparadas las organizaciones para gestionar semejante volumen de información? Para responderla, consideró necesario analizar si existe una verdadera cultura de datos, si la información disponible es confiable y útil para la toma de decisiones y si las distintas bases de datos pueden integrarse entre sí.Sin embargo, contar con más datos también implica mayores riesgos. “Estamos viviendo un renacer criminal digital, en la que hay que descreer por default”, resumió Rua, quien aseguró que los ataques informáticos hoy son hasta 5000 veces más rápidos, asertivos y personalizados de lo que eran hasta hace dos años.Teniendo estos puntos en cuenta, la especialista alentó a explorar con la IA. Según explicó, casi nueve de cada diez empresas exploran cómo la IA puede cambiar su matriz y la economía en general. Pero solo el 26% de ellas logró pasar de las pruebas piloto a la producción, y apenas el 10% obtiene un valor concreto de su implementación. En la Argentina, más del 95% de las empresas son pymes, y solo cuatro de cada diez utilizan inteligencia artificial.2. Promesas y desafíos de la IAUna de las grandes promesas de 2026, según la especialista, es el surgimiento de la empresa híbrida: talento humano y “talento agéntico”, es decir, agentes de inteligencia artificial capaces de ejecutar tareas de manera autónoma. En estos equipos, las personas pasan a convertirse en “arquitectos de contexto” y aparecen nuevos roles, como el de gerente de recursos de inteligencia.En este escenario, propuso que las organizaciones se hagan preguntas: ¿sabemos qué son los agentes?, ¿estamos cerca de trabajar con ellos?, ¿cómo podemos construirlos?, ¿qué permisos podemos otorgarles sin poner en riesgo a la compañía? y ¿confiamos plenamente en las IA que utilizamos?Rua también advirtió sobre las limitaciones actuales de los modelos. “No asuman que la IA tiene capacidades universales. ChatGPT puede alcanzar un rendimiento equivalente al de una medalla olímpica en matemática, pero falla en el 50% de las ocasiones cuando lee un reloj analógico”, ejemplificó.La especialista alertó, además, sobre el uso acrítico de estas herramientas. “Usamos sus respuestas sin aplicar nuestro pensamiento crítico y ahí puede haber un problema”, explicó.También señaló que estos modelos tienden a darle la razón al ser humano en un 50%, por lo que no deberían utilizarse para tomar decisiones estratégicas.Para nombrar este fenómeno, la profesional citó a la neurocientífica Anne-Laure Le Cunff: “Caemos en una delegación del pensamiento tan profunda que no nos damos cuenta del trabajo basura que replicamos con la IA”. 3. Necesidad de cambio“El cambio llegó, lo que no sabemos es cómo va a desplegar”, afirmó Rua, quien nombró cuatro escenarios que plantea el Foro Económico Mundial:Una era de progreso acelerado.Una era de desplazamiento, en la que la automatización reemplaza a los trabajadores.Una economía del copiloto, en la que la IA amplifica las capacidades del equipo. Un progreso estancado, donde los beneficios alcanzan solo a una parte de la sociedad.“Estamos transitando un gris que mezcla las cuatro”, resumió Rua, pero advirtió que las predicciones no son realidades y que depende de las personas moldear el rumbo que adopte la tecnología.Sin embargo, la incertidumbre atraviesa también al mundo empresario: nueve de cada diez lideres esperan un horizonte inestable o turbulento en los próximos dos años. Por eso, la periodista aconsejó no enamorarse de las predicciones, sino comprenderlas, analizarlas en conjunto y adaptarlas a la realidad económica y social argentina.“Para saber si viene una tormenta no alcanza con saber por separado la presión atmosférica, la temperatura y la humedad; sino que hay que entender cómo convergen todas esas variables”, explicó. En esta línea, citó a la autora estadounidense Amy Webb, quien predijo que el 2026 es el año de la destrucción creativa, un concepto acuñado por primera vez en 1950, que hoy vuelve a cobrar vigencia.Con este concepto en mente, la profesional invita a preguntarse: ¿Qué capacidades nuevas necesitamos construir y todavía no tenemos? ¿Y qué debemos dejar atrás para liberar energía estratégica?En una época marcada por el temor a quedar obsoletos, Rua sostuvo que es necesario volver a poner a las personas en el centro. Según explicó, siete de cada diez trabajadores se sienten más productivos gracias a la IA, pero solo uno de cada diez se anima a replantear la manera en que trabaja y utiliza la tecnología para resolver problemas.“Estamos desesperados por aprender la nueva versión de ChatGPT, pero no hay que olvidarse de que el diferencial va a venir de las capacidades humanas”, afirmó y destacó el pensamiento analítico, la influencia social, el manejo de talento y la oratoria.4. Un nuevo profesional“Estamos por protagonizar un nuevo tiempo y por eso debemos ser un nuevo profesional, que lidera con lo que emerge”, indicó Rua y citó al especialista en liderazgo Otto Scharmer: “La IA tiene su punto ciego justo ahí donde hay que liderar el presente”. En este sentido, planteó la necesidad de salir del downloading, en donde se baja y replica lo que se conoce, y pasar al sensing, en el que se censa lo que se necesita hoy.“Hay que sembrar nuevas preguntas y para eso se debe innovar”, declaró. Aunque advirtió que hoy los directorios destinan el 85% de su tiempo a cuestiones operativas y menos del 15% a la innovación. “Hay que cambiar esa ecuación”, sostuvo.Finalmente, comparó el momento actual con el Renacimiento. “En esa época el hombre se puso en el centro, corrió un poco a Dios de la escena, abrazó la ciencia, la tecnología, el crear, el pensar y el aprender haciendo”, señaló. Para Rua, hoy vuelve a ser necesario que la persona ocupe el centro y que la inteligencia artificial orbite a su alrededor.En este contexto, Rua dejó cuatro propuestas para afrontar la nueva etapa:Volverse curioso y aprender haciendo.Convertirse en un políglota del conocimiento con una identidad más flexibleEjercer autonomía y responsabilidad intelectual frente a la IA.No subestimar la importancia del lenguaje al contar historias, porque de eso también depende que las personas se animen a impulsar el cambio.“¿Quién quiere ser hoy un profesional renacentista?”, concluyó, invitando a reflexionar.