General
Bernardo Stamateas: “No deberíamos catastrofizar el fracaso, ya que es un maestro que siempre viene a enseñarnos algo”
El psicólogo habla en esta nota sobre el autoboicot y ser uno mismo su peor enemigo
Hoy vamos a hablar del autoboicot: cuando los tóxicos somos nosotros mismos. Existen formas cotidianas de frenarnos, inhibirnos o hacer cosas que terminan impidiendo que nos vaya bien. En términos sencillos, a todos nos ha pasado alguna vez que damos tres pasos hacia adelante y cuatro hacia atrás.Entonces, ¿cómo podemos saber si nos hemos convertido en nuestro peor enemigo? Estas son algunas de las señales:Postergamos cosasPostergar es una forma de autoboicot. ¿Y por qué postergamos? No es por falta de capacidad, sino porque sentimos que necesitamos estar más preparados y buscamos evitar ser evaluados. En definitiva, el autoboicot siempre implica adoptar una actitud evitativa.Somos perfeccionistasEl perfeccionismo consiste en sentir que siempre nos falta algo: “Me saqué un 9 en el examen... ¡debería haberme sacado un 10!”. Perseguimos la perfección porque buscamos evitar la vergüenza y proteger nuestro “yo ideal”. Tememos que un error dañe la imagen que tenemos de nosotros mismos o la que los demás tienen de nosotros.Nos observamos constantementeCuando vivimos pensando y analizándonos todo el tiempo, en el fondo, estamos evitando tomar decisiones. Repetimos los mismos tipos de vínculosAlgunas personas tienden a relacionarse siempre con el mismo tipo de gente, generalmente con personas que presentan rasgos negativos. Es decir, “tropiezan con la misma piedra”. En realidad, están autoboicoteando sus relaciones interpersonales.Tenemos miedo de comenzar algoEn el fondo, todo se reduce al miedo a equivocarse. En algún momento, todos vamos a fallar; sin embargo, el error es parte del camino hacia el éxito. Por eso, no deberíamos catastrofizar el fracaso, ya que es un maestro que siempre viene a enseñarnos algo.¿Y por qué podemos convertirnos en nuestros peores enemigos?Porque no queremos desprendernos de nuestro viejo yo. El autoboicot protege esa vieja identidad, ese yo conocido: “Yo soy el que siempre llega tarde”, “Yo soy el invisible”, “Yo soy la loca de la casa”… Todos tenemos un “yo soy” oculto, a través del cual construimos el relato sobre quiénes somos. Ese “yo soy” es el que defendemos, porque es lo que conocemos y hemos naturalizado.El autoboicot no consiste en destruir lo nuevo, sino en proteger lo viejo. Porque, de manera inconsciente, procuramos no perder la imagen que tenemos de nosotros. De modo que, si soy empleado y me están por ascender a jefe, hago algo para que me vaya mal. Así mantengo mi “status quo”.Debemos entender que la persona que se autoboicotea le teme al éxito. Como decía Freud, cuando alcanza el triunfo, busca fracasar por todos los medios. Por ejemplo, forma una pareja y luego la engaña; o consigue un buen trabajo y comienza a llegar tarde.Lo cierto es que necesitamos ser valientes para permitirnos que nos vaya bien y alcanzar el éxito sin sentir culpa. Para salir del autoboicot, debemos darnos permiso para ser felices. Pero ese permiso no viene de afuera, sino de uno mismo.