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Cuando el hacker más famoso de los 90 le regaló un Porsche al hombre que lo mandó a la cárcel
Kevin Mitnick fue perseguido por el FBI y condenado por sus intrusiones informáticas, donde Shawn Nunley fue una de las piezas clave del caso; décadas después el vínculo entre ambos terminó con un 911 Carrera 4 GTS
Kevin Mitnick pasó a la historia como el hacker más famoso de los años 90. El FBI lo persiguió durante años, las empresas tecnológicas lo veían como una amenaza y la prensa lo convirtió en el rostro de una época en la que Internet y los delitos informáticos todavía estaban tomando forma. Shawn Nunley, en cambio, era un administrador de red que trabajaba en una compañía de software empresarial y terminó involucrado en el caso por una llamada recibida en su casa.En los años 90, muchas compañías empezaban a depender de redes internas cada vez más complejas. En ese mundo se movía Novell, la histórica empresa de tecnología que tenía participación en la infraestructura informática de empresas, gobiernos y universidades. Su producto central era NetWare, un sistema usado para administrar redes corporativas. Toyota confirmó cambios en el Corolla Cross, su SUV más vendidoPara un hacker interesado en descubrir cómo se autenticaban los usuarios y cómo podían abrirse accesos dentro de una organización, Novell y su software se convertían en un objetivo valioso. Mitnick conocía ese terreno desde joven. Nacido el 6 de agosto de 1963, creció fascinado por los teléfonos, las computadoras y los sistemas de comunicación. En su adolescencia se movió entre los llamados Phone Phreaks, grupos de jóvenes que exploraban redes telefónicas, compartían trucos y aprendían a manipular líneas y accesos. Con los años, esa fascinación lo llevó de los teléfonos a las redes corporativas. A fines de los 80 y comienzos de los 90, su nombre ya circulaba entre autoridades y compañías tecnológicas. En Novell, Shawn Nunley trabajaba en una posición sensible. Como administrador de red, tenía responsabilidad sobre los accesos remotos que permitían conectarse desde afuera a la red interna. Una noche, cuando Nunley ya estaba en su casa, sonó el teléfono y del otro lado habló un hombre que dijo ser Gabe Nault, un empleado de Novell. El supuesto compañero necesitaba acceso directo a las conexiones entrantes por módem para resolver una urgencia de código. El pedido era delicado, porque ese acceso podía abrir una entrada remota a la red interna de la compañía y a toda su información.El hombre dijo que trabajaba en un proyecto secreto llamado Snowbird, que efectivamente existía, y explicó que estaba de vacaciones en un hotel de Vail. Ese dato coincidía con el aviso del buzón de voz del verdadero Gabe Nault, pero era Mitnick quien estaba al teléfono. La historia estaba cuidadosamente armada.La reconstrucción publicada por Wired permite entender el método. Mitnick ya había conseguido acceso al sistema de correo de voz de Novell tras convencer a alguien del área de telecomunicaciones para entregarle una contraseña. Con esa llave, modificó el mensaje del empleado al que iba a suplantar. También había persuadido a otro ingeniero para mover una copia comprimida de código fuente a otro servidor dentro de la red.La maniobra dependía de varias capas. Primero reunía información real, luego construía una identidad creíble y después generaba urgencia. Por último, empujaba a otra persona a completar la tarea que él necesitaba. Esa técnica, conocida como ingeniería social, fue una de sus marcas personales.Nunley escuchó el pedido y percibió algo extraño. El relato tenía datos correctos, aunque la solicitud salía de los procedimientos habituales. Entonces respondió que resolvería el asunto a la mañana siguiente, cuando llegara a la oficina. Antes de cortar, le pidió que dejara un mensaje de voz como respaldo del pedido, para tener una constancia ante sus superiores.El hacker aceptó y dejó registrada su voz. A la mañana siguiente, la víctima encontró el mensaje en su buzón, lo grabó en una cinta de casete y lo guardó. Esa grabación se convirtió en una prueba clave contra Mitnick, ya que según contaría el propio Nunley, ese mensaje era la evidencia más relevante que el Departamento de Justicia tenía para sostener el caso.A su vez, Wired reconstruyó que Mitnick entró a la red y comenzó a transferir código fuente hacia una computadora externa. Aunque el empleado advirtió pronto el engaño, la intrusión ya estaba en marcha.La persecución federal llegó a su punto máximo en febrero de 1995, cuando Mitnick fue arrestado después de varios años prófugo. Durante ese tiempo había usado identidades falsas y se había movido de ciudad en ciudad para eludir a las autoridades. Su figura creció con cada nuevo relato sobre sus intrusiones y el caso terminó convertido en un símbolo de los primeros grandes conflictos entre hackers, empresas tecnológicas y la Justicia.Nunley había apoyado la acusación al comienzo. Con el paso del tiempo, empezó a creer que los fiscales exageraban los daños y que el caso buscaba convertir a Mitnick en un ejemplo público. Ese cambio lo llevó a llamar al abogado del hacker y ofrecer ayuda. La persona que había aportado una prueba central en la causa de robo de información empezó a acercarse al acusado desde otro lugar.Después de salir de prisión, Mitnick contactó a Nunley para disculparse. Años más tarde, se encontraron cara a cara en una conferencia de seguridad informática donde se dieron la mano, se rieron y repasaron los días en que habían estado unidos por una llamada falsa, una cuenta de acceso remoto y una investigación federal.La relación entre ambos siguió durante más de dos décadas. El hacker que había engañado a Novell y el administrador de red cuya prueba ayudó a sostener la causa judicial terminaron unidos por una amistad nacida en circunstancias inusuales. Mitnick murió en 2023, pero después de su muerte, Nunley contó que su antiguo adversario le había dejado un regalo suficiente para comprar el auto de sus sueños: un Porsche 911 Carrera 4 GTS.