Diego Santilli y el mapa electoral de 2027

A veces se reconfigura todo un tablero con solo mover una pieza. Ocurre tanto en el ajedrez como en el juego del poder. La Argentina ve con un ojo el Mundial de fútbol y con el otro un nuevo organigrama que se gesta dentro del oficialismo. La designación de Diego Santilli como jefe de Gabinete entraña muchos significados. Uno de ellos, muy importante: su proyección sobre el formato electoral para las elecciones de 2027. Se puede intuir cuál es la demanda electoral, lo que la gente espera de la política para el año que viene, pero no tanto la oferta, es decir, lo que la política le presentará al electorado. La elección de Santilli para la Jefatura de Gabinete anticipa una posible respuesta a ciertos interrogantes: ¿cuál será el formato del no peronismo? ¿Irá dividido? ¿Irá unificado? De estas preguntas depende la reelección de Milei.Santilli y el mapa electoral de 27’; el editorial de Carlos Pagni en Odisea ArgentinaEl Presidente quedó arrinconado por lo que él llamaría “la vieja política”. Quien llegó al poder con un discurso contra la casta, quedó enredado en los últimos días, por la crisis encarnada por Manuel Adorni, en movimientos clásicos del poder convencional. Estuvo también condicionado por dos Bullrich. Por un lado, la jefa del bloque de La Libertad Avanza (LLA) en el Senado, quién reveló algo que no era tampoco un secreto: es una profesional, que conoce perfectamente la dinámica del juego, los pasos que hay que dar y tiene capacidad de previsión. La exministra de Seguridad le advirtió de antemano a la Casa Rosada que en Adorni había un problema difícil de superar. Al final, el Gobierno, que hizo caso omiso a las observaciones de Bullrich, se encontró con la muralla del Senado. O de Bullrich.La razón principal por la que Milei debió entregar una pieza tan preciada para él como lo era Adorni reside en que la Cámara alta había resuelto voltear al exfuncionario si aparecía por el Congreso. Planeaban una moción de censura, que terminaría con el Jefe de Gabinete. Para el Presidente y LLA, el precio a pagar era muy alto. Desde la visión economicista del Ejecutivo, la remoción de Adorni hubiera sido una señal que los mercados recibirían como la prueba de una incapacidad del Gobierno para controlar el Parlamento. El Milei de hoy es distinto al de 2024. Cuando su movimiento era novedad, los líderes de La Libertad Avanza planteaban una idea bastante heterodoxa en términos políticos: hablaban del “principio de revelación”. Si perdían, también ganaban. En su derrota ponían en evidencia a una casta que pretendía obstruirlos. Este concepto, entre romántico y disparatado, fue sustituido por una noción mucho más clásica: hay que ganar, sancionar leyes y garantizar el funcionamiento del Senado, principalmente para la cobertura de una cantidad inusual de vacantes judiciales.El segundo Bullrich en escena es Esteban, exsenador y exministro de Educación de Macri. La semana pasada escribió una carta dirigida al expresidente y líder de Pro. En ella, renunció a su afiliación al partido, del que fue uno de los fundadores. Arguyó que, en la medida en que Pro no fue todo lo severo que tenía que ser en Diputados para avalar la interpelación a Adorni, se dejaron de lado los principios básicos de su existencia como partido. La carta fue un cañonazo que limitó el poder de negociación de Pro con el oficialismo. Hubo una contestación débil e insuficiente para Bullrich: no era posible sancionar al entonces jefe de Gabinete porque hubiesen coincidido con el kirchnerismo. Nunca es una buena justificación que se desiste de defender determinado valor porque se quedaría junto a tal o cual.Adorni queda como una suerte de unidad de medida de la derrota de la Casa Rosada, con Karina Milei como la principal perdedora. El exfuncionario deberá ahora rendir cuentas ante la Justicia. Su destino están en manos del fiscal federal Gerardo Pollicita y el juez Ariel Lijo. Para entender por qué Adorni fue sostenido con tal tozudez, hay que recurrir a su carta de renuncia. El documento es revelador respecto de la percepción del Poder Ejecutivo sobre su situación. Da incluso la sensación de que no fue escrita por él. En el escrito, Adorni explica que su salida se corresponde con una especie de “cansancio moral” consecuencia del nivel de exposición pública que tuvo por los escándalos que protagonizó.Quizás la obsecuencia sea la clave por la que los Milei lo arroparon inclusive más allá de lo razonable. Porque a lo largo de todo el documento, hay una obsesión por halagar al Presidente, exaltar su figura y lamentar que su renuncia vaya en contradicción con su voluntad. Esta propensión de echar incienso sobre Milei hace juego con los planteos de otros protagonistas del microclima del palacio. Entre ellos, Santiago Caputo, el mago del Kremlin, quien suele caracterizar a Milei como un emperador y a la Argentina como el Imperio Romano. La tendencia rememora una afirmación del filósofo español Julián Marías quien, refiriéndose al franquismo, dijo: “El grado de autoritarismo de un régimen se mide por el nivel de obsecuencia que demanda”. En una respuesta simplificada, tal vez al Presidente le resultaba difícil deshacerse de un funcionario que lo trataba como Adorni en esa carta.Un segundo rasgo a destacar en el escrito que compartió Adorni recae en la explicación que ofrece sobre por qué da un paso al costado. Enumera una cantidad de delitos que se le atribuían, muchos de los cuales nunca nadie mencionó. Pero, sobre todo, hizo mención a una motivación que sabía que el principal destinatario de la misiva, Milei, iba a considerar razonable, comprensible y natural: el acoso de la prensa, la conspiración mediática. “Usted sabe todo lo que he sufrido durante todo este tiempo. Los interminables ataques mediáticos que he soportado me han llevado a tener que pedirle que esta vez me acompañe, para poder cerrar este ciclo en pos de protegerme a mí y a mi familia. Las operaciones mediáticas han ido al extremo, no sólo contra mí, sino contra mi mujer, mis pequeños hijos, mis amigos, mi familia y hasta mis vecinos y allegados”, escribió el exjefe de Gabinete.Es destacable que todo lo dicho por la prensa sobre Adorni, detalles que el exfuncionario intentó desmentir en sucesivas y cada vez más torpes conferencias de prensa, terminó siendo ratificado. El mismo Adorni llegó a incriminarse al mencionar que ahorró una cantidad de dinero en misteriosas criptomonedas sustraída a la recaudación del Estado. El escrito es prueba también de una desconexión de la realidad por parte del exvocero presidencial y de los destinatarios principales de su texto. “Lamento que el hostigamiento, la mentira y el constante intento de los medios de arruinar mi honorabilidad nos hayan querido hacer tanto daño, pero no puedo seguir exponiendo a gran parte de la gente que quiero en esta carnicería mediática”, dice la renuncia. De esta manera, reduce los descubrimientos de los últimos meses a una patraña que el periodismo instaló en la cabeza de la ciudadanía.Hay una ironía en la sustitución de Adorni por Santilli. No es más que una demostración de que el Gobierno no cree que la crisis del exjefe de Gabinete haya estado relacionada con cuestiones éticas o vinculadas con la corrupción. De lo contrario, no hubieran elegido al ministro del Interior, de quien uno pueda esperar muchas cosas, por ser un político extremadamente hábil, menos una purificación de la gestión pública. Santilli tiene más problemas que Adorni con sus declaraciones juradas. Como publicó el sitio El Disenso, en la presentada en 2015 consignó una deuda con el señor Marcos Podestá por US$500.000, compromiso que desaparece al año siguiente. Mientras tanto, registra haber cobrado en aquel entonces el sueldo de un vicejefe de Gobierno de la Legislatura de la Ciudad, lo que plantea dudas sobre cómo hizo para afrontar el pago. Podestá es concuñado de la mano derecha e izquierda del propio Santilli, Bruno Screnci. Ambos están muy involucrados en la provisión de medicamentos al sistema de hospitales de la ciudad de Buenos Aires. Detrás de todos ellos está Edgardo Cenzón, clásico recaudador de las campañas de Pro. Es solo un detalle de los tantos que podrían mencionarse sobre el despliegue económico de Santilli.Si algo no se le puede endilgar al flamante Jefe de Gabinete son consumos postergados. Consume mucho y desde hace mucho tiempo. Probablemente tenga organizada la papelería de aquellos gastos, más allá de las sociedades off shore que le fueron descubiertas tanto a él como a su familia hace muchos años, creadas para, posiblemente, evitar algún pago impositivo.Adorni tiene derecho a sentirse hostigado o discriminado por la vida institucional del país. Es juzgado por Lijo, quien no necesita adjetivos. Lo iba a interpelar Cristian Ritondo, investigado por 17 propiedades no declaradas en Miami. Ahora lo sustituye Santilli. Pero dicen que el corrupto es él, por un departamento en el barrio de Caballito y una casa en un country humilde en Exaltación de la Cruz. Casi dan ganas de defender a Adorni.La llegada de Santilli se traduce como el desembarco de una persona extremadamente hábil. Conoce como pocos el poder. Tiene una larguísima experiencia. Su padre había sido parte del gobierno de Carlos Saúl Menem como presidente del Banco Nación. Y él mismo ya ejercía la función pública en los años ‘90 bajo las órdenes de Hugo Franco en Migraciones. Es un típico dirigente político de un mundo sin partidos, que se va ploteando, como tantos otros. Cambia de identidad: del peronismo al pro y ahora en una migración hacia La Libertad Avanza. Esto tiene todo un significado electoral en el juego de la política hacia el año 2027.Santilli no está solo, no es Federico Sturzenegger, por nombrar a otro dirigente del Pro que pertenece a este gobierno. No es Pablo Quirno. No es Santiago Bausili, que son, como Luis Caputo, exfuncionarios de Macri y que hoy están integrados al de Milei. Santilli forma parte de una liga de dirigentes. Ahí está el mencionado Screnci. También
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