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El deporte eleva, la adicción degrada
La promoción sistemática del juego en un espacio de tanta difusión como el Mundial, especialmente dirigida a públicos vulnerables, no es una acción privada indiferente al daño de terceros
Para los amantes del deporte y el fútbol, el Mundial es una fiesta. Para los argentinos, además, tiene la fuerza de una historia compartida: tres campeonatos y la fortuna de haber visto jugar con los colores nacionales al mejor de todos, rara combinación de genio y humildad. Pero toda gran fiesta atrae a los que no están invitados y entran por la puerta de atrás.Ahí están las empresas de apuestas on line en todos los espacios de publicidad disponibles promoviendo el juego. Así, como si nada y sin que nadie haga nada. En la Argentina no es novedad, ya desde algunos años, en camisetas y espacios públicos. Pero ahora, con jóvenes y menores pegados a las pantallas por el Mundial, lo hacen amparados en una curiosa forma de publicidad invertida: exhiben la prohibición para aumentar la oferta; la caradurez del incentivo a partir de la prohibición.Y hay que decirlo con todas las letras: está mal. La ludopatía es una adicción y registra entre los menores índices que han pasado de preocupantes a alarmantes. Y ahí van los argumentos banales de siempre: jugarían de todas maneras, pero de forma clandestina. La libertad de elegir, aun una adicción. Es un fenómeno mundial, con plataformas como Kelshi y Polimarket en su apogeo. Patrañas.Vayan dos argumentos, pero los de en serio; uno jurídico y el otro filosófico. Empecemos por la Constitución Nacional, tan sabia: “Las acciones privadas de los hombres que de ningún modo ofendan al orden y a la moral pública, ni perjudiquen a un tercero, están sólo reservadas a Dios, y exentas de la autoridad de los magistrados.” La promoción sistemática del juego en un espacio de tanta difusión como el Mundial, especialmente dirigida a públicos vulnerables, no es una acción privada indiferente al daño de terceros. Más, viola cada letra del artículo 19.El impulso lúdico, competitivo y heroico que el ser humano expresó desde el origen en el deporte, es antecesor de las instituciones políticas y contribuye decisivamente a crearlasAhora Ortega y Gasset. En su ensayo “El origen deportivo del Estado” sostiene que el impulso lúdico, competitivo y heroico que el ser humano expresó desde el origen en el deporte, es antecesor de las instituciones políticas y contribuye decisivamente a crearlas. Sostiene que el deporte precede y funda el Estado, que no nace de una necesidad económica ni de lucha por la supervivencia. Tal es el valor que tiene para el tejido social de una nación. El deporte es una escuela de virtudes cívicas: disciplina, esfuerzo, competencia leal y respeto por las reglas compartidas; por eso es tan grave su colonización por industrias cuyo negocio depende de la compulsión y no del mérito.Incluso para aquellos que desconfían profundamente del fútbol como fenómeno de masas, hay un motivo distinto para la crítica: el deporte más bello del mundo, en un país en el que la selección nacional representa todo lo que está bien en términos de valores y espíritu de equipo, como vehículo de una industria que lucra con una de las peores debilidades humanas.Se debe restringir severamente la publicidad de las plataformas de apuestas, especialmente dirigida a jóvenes y menores. No es limitar una libertad; es proteger un bien social superior: el deporte eleva, la adicción degrada. Confundir esos conceptos es una renuncia a construir un país en serio.