Inglaterra le ganó a Panamá, terminó líder del grupo L y nadie puede dudar de su condición de candidato

La clasificación estaba asegurada. El único resultado lógico que el encuentro proyectaba en la previa (un triunfo) le daba a Inglaterra el primer puesto del Grupo L. Todo parecía estar perfecto... pero por algún motivo, una buena porción de la prensa inglesa presentó el duelo con Panamá como un compromiso de una dificultad superior. Tal vez fue el desencanto por el empate sin goles contra Ghana en la fecha anterior. Lo cierto es que el 2-0 en el cierre de la zona volvió a colocar las cosas en su lugar y nadie puede dudar de su condición de candidato.Los argumentos pesimistas señalaban como un obstáculo la seguidilla de cuatro partidos en 14 días. Debutaron el 17 de junio y el 1° de julio tendrán su duelo de 16avos de final, en Atlanta, contra uno de los mejores terceros. Según esa estimación, hubiera sido primordial que los titulares no jugaran en la tercera fecha. Lo curioso es que el promedio de edad del equipo inglés es muy bajo (26,5). Tampoco debería haber allí un conflicto. No es un desgaste muy grande. Es posible que las dudas, en realidad, pasen por lo futbolístico. Inglaterra todavía no desplegó una línea de juego definida, que convenza o enamore. Pero eso no significa que sea un equipo poco confiable o serio.Se señalaba, también, que le cuesta mucho destrabar trámites de equipos que se defienden con mucha gente atrás... pero, ¿a quién no? El planteo de Thomas Christiansen de Panamá fue muy cerrado (al menos en la primera mitad). Un 5-4-1 que con naturalidad se volvía 5-5-0 o 7-3-0. Sin complejos por defenderse, los panameños le cerraron las esclusas a la renombrada flota británica. Y hasta se permitieron soltar contraataques muy peligrosos en los que José Luis Rodríguez tuvo dos remates que apremiaron a Jordan Pickford.Eso pasó contra Ghana, cuando un viejo zorro de la Copa del Mundo como el portugués Carlos Queiroz, entrenador del conjunto africano, les cerró todos los caminos a Thomas Tuchel y lo dejó en cero. Entre el respeto y el fastidio, el técnico alemán de Inglaterra se descargó: “Celebran los duelos ganados, celebran si hacen un contrataque y hasta si cruzan la mitad de la cancha. Celebran un 0 a 0”.Pero nada de esto debería ser imposible de resolver para un coach de la categoría de Tuchel. Mucho menos tomarlo por sorpresa. “No pudimos generar superioridad numérica en ataque contra Ghana. Y probablemente tampoco podamos tenerla contra Panamá”, se anticipó un día antes del partido. Sabía que debía buscar otros caminos. ¿Cómo intentó solucionarlo? Sacó a Anthony Gordon y puso a Marcus Rashford por la izquierda. Del otro lado, Bukayo Saka. Cancha bien abierta para intentar abrir el fuelle del apretado acordeón rival. No funcionó en los 45 minutos iniciales, pero otra historia fue en la segunda mitad. Eso no fue lo único. Otra crítica que le hicieron al DT de Inglaterra fue que no llevó a Trent Alexander Arnold, un lateral que puede sumarse al medio campo con buena asociación de juego. Y como se lesionó Reece James, no le quedaron laterales derechos naturales. Puso al central Jarell Quansah (Bayer Leverkusen), que si cruzó la mitad de la cancha fue nada más que para hacer saques laterales, pero nunca se sumó a posiciones de ataque. Encima, también se lesionó. Entró entonces Djed Spence, que es lateral izquierdo, pero jugó a perfil cambiado.Es cierto que falta algo de creación. Todos los movimientos resultan científicamente diseñados. Lineales y con muy poca improvisación. Si Jude Bellingham no se activa, nadie cambia el ritmo o genera sorpresa. Y ahí es cuando algunos empezaron a recordar que también se quedó en el Reino Unido el mediocampista de Chelsea, Cole Palmer...Pero cuando el sobreanálisis empezaba a avalar aquella incertidumbre inicial, se solucionó todo por una acción de pelota parada. Aunque dominaba, Inglaterra no merecía ganar. Sin embargo Bellingham alcanzó a sacar la punta del botín izquierdo en medio de un duelo de abrazos con Jorge Gutiérrez y puso el 1-0 a los 15 del segundo tiempo. Al ratito cayó el segundo, otra vez gracias a un desmarque del hombre de Real Madrid que asistió con un preciso centro a Harry Kane para el cabezazo del 2-0. Tercer gol del torneo para el atacante de Bayern Munich.Es posible que de tan acostumbrados que están a la frustración mundialista, que lleva 60 años desde su único (y polémico) título en casa, tengan esa postura de descreimiento. El poderío de sus individualidades es más que evidente. Y aunque tiene mucho para mejorar en las formas, las dudas no parecen estar justificadas. El equipo en la cancha, mayormente, da señales positivas.
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