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Carlos III revela sus impuestos y renuncia a vivir en el Palacio de Buckingham
El monarca británico busca dar una señal de austeridad y transparencia en medio del creciente escrutinio público sobre las finanzas de la Corona y otros escándalos
PARÍS.- En una sola semana, el rey Carlos III marcó la historia de la monarquía británica a través de dos decisiones inéditas. Rompiendo con una larga tradición de opacidad financiera, la Casa Real reveló que el soberano pagó más de 30 millones de libras esterlinas (35 millones de euros) en impuestos sobre sus ingresos privados desde su ascenso al trono en 2022, un hecho sin precedentes para un monarca británico, y anunció al mismo tiempo que no se instalará en el Palacio de Buckingham una vez finalizadas las obras de renovación.Se trata de dos decisiones simbólicas que responden a su voluntad manifiesta de modernizar la institución real y de responder a las expectativas de una opinión pública cada vez más exigente en materia de transparencia.El pasado 25 de junio, el palacio confirmó que Carlos III y la reina Camila no se instalarán en la residencia histórica una vez finalizado el programa de renovación de 369 millones de libras (428 millones de euros), iniciado en 2017 y cuya conclusión está prevista para 2027. Se trata de un hecho inédito en casi dos siglos: desde la reina Victoria, cada monarca británico había convertido Buckingham en su residencia en Londres.En su lugar, los reyes permanecerán en Clarence House, su residencia actual ubicada no lejos del palacio, manteniendo Buckingham como el “centro ceremonial de la vida real”, según los términos oficiales. De este modo, este último pasará a ser un espacio dedicado íntegramente a funciones simbólicas —recepciones de Estado, actos oficiales— y abrirá más sus puertas al público. Esta decisión responde a una estrategia de reducción de costos y de optimización del uso de los edificios reales, en un momento en que la monarquía se encuentra bajo presión para justificar sus gastos.Construido en la década de 1820, el palacio de Buckingham ha sido la residencia londinense de todos los monarcas británicos desde la reina Victoria. El inmenso edificio cuenta con 775 habitaciones, alberga las oficinas de la administración real y es escenario de suntuosos banquetes de Estado para presidentes y dignatarios de visita.Pero la verdad es que a Carlos III nunca le gustó ese lugar. Y lo mismo sucedía con su madre que, joven reina que, considerándolo “demasiado lúgubre”, habría intentado no instalarse allí después de ascender al trono. Un intento desbaratado por Winston Churchill, entonces primer ministro y su principal mentor, que se lo impuso. A su juicio, la corona, para ser respetada, debía mostrar toda su magnificencia.“Espero un segundo acto para Buckingham”, declaró Carlos III a la agencia de noticias Associated Press (AP), aludiendo a “propuestas más radicales” para el futuro del palacio. Unas palabras que dejan entrever cambios estructurales, o incluso una reconversión parcial del recinto, aunque sin precisar de qué tipo.Otro hito fundamental: por primera vez, un monarca británico ha hecho pública su declaración de impuestos. El jueves 25 de junio, el Palacio de Buckingham reveló que Carlos III pagó 12,9 millones de libras (15 millones de euros) correspondientes al ejercicio 2024-2025, lo que eleva el total a más de 30 millones de libras desde 2022. Esa cifra incluye el impuesto sobre la renta y el de las plusvalías, aplicados a sus ingresos privados, procedentes principalmente de sus propiedades personales de Balmoral, en Escocia, y Sandringham, en Inglaterra.Esta iniciativa, que según sus voceros responde a una “petición expresa del rey”, forma parte de una estrategia de modernización emprendida desde su ascenso al trono.“Aunque es una primicia para un soberano, Su Majestad ya publicaba su información fiscal cuando era príncipe de Gales”, recordó Buckingham. Se trata de una práctica que ya había adoptado mucho antes de su coronación, pero que adquiere una dimensión política inédita al frente del Estado.Escrutinio públicoPero las razones esta vez son mucho más profundas que la simple transparencia. La monarquía británica atraviesa un periodo de crisis de su imagen. El caso de Andrés sigue empañando todo. Estos anuncios se producen mientras la familia real intenta cambiar la narrativa tras meses de titulares vergonzosos sobre los vínculos entre el delincuente sexual Jeffrey Epstein y el expríncipe Andrés, hermano del rey, cuya atención pública ha eclipsado los esfuerzos Carlos III por modernizar la monarquía.Los especialistas llaman a esto “estrategia del contraste”. Según Craig Prescott, experto en derecho constitucional de la Universidad de Londres, al mostrar una transparencia máxima, el contraste con Andrés será aún mayor. Carlos no tiene ninguna obligación legal de hacerlo: la situación fiscal del rey es estrictamente confidencial, pero ha decidido renunciar a ese derecho a la privacidad. De este modo, envía un mensaje a sus súbditos: yo no tengo nada que ocultar.Ese es uno de los principales motivos —sumado a la profunda crisis social, política y económica que atraviesa el país desde el Brexit, hace diez años— por los cuales la Casa Real se enfrenta a una presión cada vez mayor en favor de la transparencia de sus cuentas, y el Sovereign Grant —la dotación financiada por los contribuyentes— alcanzará 132,1 millones de libras (153 millones de euros) en el periodo 2025-2026. En una época en la que cada libra gastada en la Corona es objeto de escrutinio, era necesario demostrar que el rey también contribuye. La decisión de no trasladarse a Buckingham Palace permitirá limitar los gastos y evitar una nueva polémica sobre el estilo de vida de la familia real.“El palacio reconoce que necesita una mayor transparencia”, señala el especialista en monarquías Stephan Bern, subrayando que este enfoque busca demostrar que “una institución milenaria puede evolucionar”.A diferencia de su hijo, el príncipe Guillermo, que optó por no publicar su información fiscal, Carlos III siempre ha defendido una monarquía más abierta.“Ya cuando era príncipe de Gales, hacía pública su declaración de la renta”. Por esa razón, su reinado parece estar marcado por la voluntad de romper con las tradiciones más opacas de la corona”, precisa Bern.“La decisión de hacerlo en su calidad de monarca es una petición expresa del propio rey”, confirmó un vocero de palacio, insistiendo en que esta medida forma parte de “las adaptaciones implementadas desde su ascenso al trono”.Sin embargo, si bien estos anuncios podrían calmar en parte las tensiones con la opinión pública, no cuentan con el consenso de todos.“Esta cifra global no dice mucho si no se detallan los ingresos del rey”, criticó Graham Smith, del movimiento antimonárquico Republic, quien acusa al Palacio de Buckingham de “presentar a Carlos III como un generoso contribuyente a las finanzas públicas mientras elude las cuestiones de fondo”.“En todo caso, el mensaje que pretende enviar el rey es claro: la monarquía británica entra en una nueva era. Entre la reducción de símbolos costosos (como un palacio de Buckingham con menos residentes) y una mayor transparencia, Carlos III parece haber decidido adaptar la institución a las realidades del siglo XXI. Se trata de demostrar que la monarquía puede ser, a la vez, tradicional y moderna”, resume Stephan Bern.Al abrirse —aunque sea parcialmente—, Carlos III opta por escribir su propio relato de reinado, en lugar de dejarlo en manos de los tabloides y los escándalos familiares. Queda por ver si estas medidas bastarán para reconciliar a los británicos con su rey, en un país donde los debates sobre la utilidad —y el costo— de la monarquía nunca han sido tan intensos.