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Fiesta de tocados y caballos. El regreso de la princesa Kate, un diamante famoso, un debut y una derrota para Carlos y Camilla
Entre elegancia y tradición, una jornada que combinó glamour, regresos esperados y momentos agridulces para la realeza
El 16 de junio arrancó uno de los grandes hitos del verano en Berkshire, Reino Unido: el icónico Royal Ascot. Fundado en 1711 por la reina Ana, el evento trasciende lo deportivo y se consolida como una de las citas sociales más relevantes de Reino Unido. Cada año, la localidad se convierte en el epicentro de las carreras de caballos purasangre, la moda y el desfile de figuras de la realeza y la escena internacional. Como dicta la tradición, la apertura estuvo marcada por la procesión real, liderada por los reyes Carlos III y Camilla. Con más de tres siglos de historia, el encuentro volvió a convertirse en una vidriera de estilo: sombreros impactantes, piezas de joyería histórica y looks de alta costura dominaron la escena. Pero, sin dudas, una de las grandes protagonistas fue Kate. La princesa de Gales regresó al evento tras dos años de ausencia, en medio de su tratamiento contra el cáncer, y firmó su sexta aparición en Ascot. Fiel a su impronta elegante, eligió un vestido amarillo de Roksanda y lo combinó con un tocado con velo de red que ya había lucido en otras ocasiones. Su reaparición no pasó desapercibida y volvió a posicionarla como referente de estilo. Entre los asistentes también se destacaron los recién casados Peter Phillips y Harriet Sperling en su primera aparición pública como matrimonio; Carole Middleton, madre de Kate, acompañada por su nuera, Alizée Thevenet; la princesa Ana y su hija Zara Tindall; David Armstrong-Jones, segundo conde de Snowdon, junto a Isabelle de la Bruyère; y Sophie, duquesa de Edimburgo, que asistió con su hijo James (debutó en el tradicional evento). Entre carruajes, apuestas, vestidos de ensueño y tocados escultóricos, Royal Ascot reafirmó su lugar como uno de los grandes escenarios de la alta sociedad británica.