Economía
“Largamos el corazón y agarramos la billetera”: el nuevo enfoque de la sustentabilidad en las empresas
La agenda de las compañías en materia de objetivos ESG atraviesa un proceso de redefinición marcado por la búsqueda de mayor eficiencia y competitividad, explicó María Rigou, directora ejecutiva de Cambio Climático y Servicios de Sostenibilidad de EY Argentina
En la décima edición del evento de Sustentabilidad de LA NACION, María Rigou, directora ejecutiva de Cambio Climático y Servicios de Sostenibilidad de EY Argentina, analizó cómo la agenda ESG (Environmental, Social and Governance) atraviesa un proceso de redefinición marcado por la búsqueda de mayor eficiencia y competitividad. Durante una entrevista con José Del Rio, director de Contenidos de LA NACION, sostuvo que la sustentabilidad dejó de ser una cuestión asociada al propósito o la filantropía para convertirse en una variable estratégica del negocio, vinculada a la gestión de riesgos, el impacto financiero y el acceso a mercados y capital.Sustentabilidad: mirá el evento completo y escuchá las principales voces del sectorLa búsqueda de eficiencia en la agenda globalAl evaluar los cambios recientes, Rigou -quien ocupa su cargo en EY desde 2023- señaló que, tras años de fuerte presencia discursiva y la aparición de regulaciones internacionales sumamente exigentes, desde el año pasado se observa una “calibración” o ajuste. Como ejemplo, citó la normativa de la Unión Europea: “El espíritu de la norma no cambió en Europa sino que hay una búsqueda de eficiencia y competitividad. Con esto decidieron que (la regulación) alcance a las empresas que mueven la aguja en los temas de cambio climático y sostenibilidad y no con la pequeña empresa que tiene que hacer un esfuerzo enorme y en términos de descarbonización no iba a aportar tanto”.La especialista -quien cuenta con más de 20 años de experiencia asesorando a empresas, gobiernos y directorios en estrategias de sustentabilidad y ESG- explicó que la agenda de sustentabilidad solía correr de forma paralela a la actividad empresarial, ligada al propósito o a actividades de las cuales las organizaciones se sentían orgullosas, pero que no estaban vinculadas al core del negocio. Hoy, el escenario es el opuesto.“Hoy se empieza a pensar no solo en los impactos hacia afuera de la empresa sino también en qué medida el cambio climático y la sostenibilidad está impactando el negocio, por ejemplo, financieramente”, afirmó Rigou y sintetizó este viraje con una frase contundente: “Largamos el corazón y agarramos la billetera. Las cosas empiezan a funcionar distinto”.En ese sentido, enfatizó la necesidad de priorizar y soltar proyectos con cuidado para no dañarlos, buscando el foco estratégico. Para ilustrar la maduración del sector, Rigou compartió datos de un estudio global realizado por EY en noviembre del año pasado a 930 empresas de diversos sectores, incluida la Argentina. El 90% de las empresas líderes mundiales tienen compromisos con el cambio climático. De ese grupo, solo el 67% posee planes de acción u hojas de ruta claras para la descarbonización, pero únicamente el 17% de las empresas tiene medidos financieramente los impactos del cambio climático.Respecto a este último indicador, Rigou advirtió que las compañías que sí miden concluyen que “la inacción es más cara que la acción”. Según detalló, para invertir en estos temas se requeriría el 8% de las inversiones a largo plazo, mientras que de no hacerlo, la pérdida ascendería al 17% de dichas inversiones.El costo real de los riesgos climáticosLa ejecutiva argumentó que las empresas empiezan a incorporar la sostenibilidad a sus mapas de riesgo porque “lo empiezan a sufrir” a través de eventos climáticos extremos. Al respecto, citó datos del Banco Mundial aplicados al contexto local: “Ves eventos climáticos extremos como las inundaciones en la Argentina, que según el banco fueron los más importantes. Nos hacen perder US$1,4 millones al año en activos. Hay un costo verdadero de estos temas”, dijo Rigou, quien también es doctora en Sociología, licenciada en Relaciones Públicas, docente de posgrado y MBA en la Escuela de Negocios de UADE.Para gestionar esto, la ejecutiva remarcó que las empresas deben medir y evaluar con precisión el lugar exacto donde se generan sus impactos más significativos, ya sea en la producción, en la cadena hacia abajo o en manos del consumidor.Asimismo, destacó el rol de la gobernanza para incorporar estas variables en la toma de decisiones. El estudio de EY refleja que un 80% de las empresas ha incorporado metas ambientales, sociales y de gobernanza a los bonos variables de sus ejecutivos, aunque aclaró que este componente suele pesar menos del 10% dentro del universo del incentivo.Regulaciones y el mercado localA nivel regional, Rigou describió un panorama de rápido avance en las comisiones de valores de países como Chile, México, Costa Rica, Colombia y Perú (mencionando que Brasil exhibió un retroceso). En este marco, la Comisión Nacional de Valores (CNV) en la Argentina ha comenzado a exigir reportes de sostenibilidad a las empresas públicas.“La CNV empieza con cierta timidez a poner sobre la mesa esta idea de que las empresas públicas tienen que reportar sostenibilidad porque es una información valiosa para los inversores y accionistas”, explicó, para añadir luego que el objetivo central de estas normas es proveer datos para que los inversores evalúen si la firma gestiona correctamente sus riesgos de sostenibilidad.La lección clave para el mercado local, según la especialista, es que las regulaciones deben ser viables y ajustadas a las posibilidades reales de las empresas, sin “exageraciones que estrangulen”. Afirmó que el cumplimiento de mejores estándares ESG puede abrir accesos a mercados y fuentes de capital internacionales, siempre bajo la premisa de medir qué es lo que le hace bien al negocio.Por último, Rigou analizó el liderazgo interno de esta agenda. Afirmó que la compañía no logra transformarse si la gestión queda restringida exclusivamente al área de sustentabilidad.“La sustentabilidad necesita de todas las áreas y de la dirección de la compañía”, dijo y señaló que el estudio de EY global mostró que el 47% de los directorios toman decisiones que tienen que ver con la sostenibilidad. “Tiene que ver con dónde invertimos, si sabemos si vamos a tener continuidad en operaciones, en suministros. Son decisiones muy fuertes que hacen al negocio”, concluyó.