Claudio Koremblit, el “loco del videotape” que preserva más de 800 grandes momentos de la música argentina

Si hoy es posible revivir recitales como aquel que dio Luis Alberto Spinetta en 1984, en el programa Badía & Compañía -sí, cuando cantó “Muchacha ojos de papel”, esa que no quería cantar jamás- es porque hubo un señor que se tomó el paciente trabajo de rescatar materiales audiovisuales de música popular, digitalizarlos y archivarlos de manera que puedan estar al alcance de todos. Así creó Armusa (que significa Archivo Musical Sudamericano), un canal que en YouTube tiene más de ochocientos videos que van desde registros simples hasta documentales que incluyó en colecciones dedicadas a diferentes músicas o a sus personajes.Ese señor que hoy tiene 65 y se llama Claudio Koremblit recorría los pasillos de los canales de televisión cuando todavía usaba pantalones cortos. Su padre Oscar, periodista y redactor del noticiero de Canal 11, fue el que le abrió las primeras puertas. Luego se hizo camino solo.Con poco más de 17 años consiguió trabajo en el programa Flecha Juventud, que Juan Alberto Badía conducía en Radio del Plata, a finales de los setenta. Y ya en la década del ochenta comenzó a trabajar como productor de Badía & Compañía. Antes de eso trabajó con Badía y varios de sus socios, en Recordvision, la empresa que introdujo las cámaras de videocasete en la Argentina. Esta tecnología impuso una nueva manera de producir y distribuir contenidos audiovisuales en nuestro país.“Ese fue mi primer archivo”, recuerda Claudio, mientras prepara nuevas producciones documentales. Acaba de subir a su canal de YouTube una producción dedicada a Egle Martin y ya tiene programado un ciclo presencial, en el Centro Cultural Rojas, que seguirá hasta octubre, con el estreno de documentales sobre Enrique “Mono” Villegas, Sergio Mihanovich, Gustavo “Cuchi” Leguizamón y Tommy Gubitsch. Además, en su canal hay disponibles series dedicadas a Ástor Piazzolla o a grandes del jazz en una serie llamada Legado pionero. Por momentos, Armusa se convierte en un archivo musical insondable, resultado de varias décadas de trabajo. “El de editor de videocasete fue mi primer oficio. Y me movía como pez en el agua. Los compaginadores de Auricon [formato más antiguo, en película] veían lo que yo estaba haciendo. Y la gente del noticiero a mi viejo lo felicitaban porque yo era como un malabarista del video que solucionaba todos los problemas. Tuve que hacer la colimba y cuando salí me estaban esperando en Canal 13 porque ya habían comprado equipos de video y no tenían operador”.A su regreso se convirtió en productor de notas, que podían ir de entrevistas con músicos de Brasil que llegaban a Buenos Aires, a especiales sobre el día de la Primavera, Día de la Madre o del Maestro, muy típicos de la televisión de esos años. “Creo que lo que se destacaba de mis notas era la música que les ponía”.“Un día hicimos un programa sobre la censura que fue muy célebre porque invitamos a actores y actrices, como Soledad Silveyra y Miguel Ángel Solá, y a Paulino Tato [director del Ente de Calificación Cinematográfica que prohibió o cortó escenas de más de setecientas películas durante la última dictadura militar]. También tuvimos el testimonio de Alfredo Alcón que directamente lo trató de censor, de imbécil. Cuando la cámara volvió al piso, Tato se levantó y se fue. Milagrosamente, Solita comenzó a hablar y así terminamos de hacer el programa y ponerle fecha de publicación. Era agosto de 1983, faltaban dos meses para las elecciones y no nos podían censurar”.-¿Después de eso llegó el programa de Badía?-Sí, cuando Badía llega al 13 yo dije: “Estoy disponible”. Comencé a producir las mesas políticas, los debates, la primera visita de Adolfo Pérez Esquivel a un estudio de televisión. Lo tengo, por supuesto, porque fue algo muy importante. -Pero terminaste haciendo producciones de música.-A los tres o cuatro meses ya me estaban por echar del canal porque los temas eran escandalosos. David Viñas, por ejemplo, dijo cosas que nadie decía por televisión. Por eso me corrí a la parte musical. No la que hacía Marisa Badía, sino una parte que Juan Alberto consideraba marginal para la televisión y que era una música popular importante. Me puse a trabajar con eso. La primera producción que hicimos fue con Chango Farías Gómez. Resultó un problema para la producción en general, para salir al aire. Para mí fue una cosa impresionante. Y después hubo otras que estoy mostrando en los documentales. Hubo cosas, grabadas por línea en la mejor calidad posible de VHS, que rescaté. Y guardé hasta poder tener otros materiales y completar documentales como Creando la Tierra, sobre Cuchi Leguizamón. Y ahora me espera el material de Mono Villegas, porque el 11 de julio se cumplen 40 años de su muerte. Lo vamos a estrenar en el Rojas.-¿Armusa nace porque sos una especie de “loco del videotape” o por un acto de justicia por la preservación?-Sin saberlo nace. Sin saber en qué iba a terminar. Yo iba guardando, como quien va dejando sus huellas digitales a cada paso. Hacía esos programas, con esos artistas, teniendo conciencia de que era la primera vez, en muchos casos, que los tipos llegaban a la televisión. Y, a lo mejor, para algunos era la primera y la última. Las notas de ese viaje eran esas grabaciones, incluso de cuando yo ni siquiera tenía una máquina VHS en mi casa.-¿Grabaste lo que todavía no veías en tu casa?-Había una sala de videotape. Compraba un casete virgen y me iba copiando 10 minutos de una cosa, 10 de otra. Además, tenía que buscarlos, lo cual no era fácil, en un backup que hacía el canal de las ocho horas en vivo que tenía el programa. Se guardaban U-matic [formato de video anterior, de uso profesional]. Yo iba con un cronómetro buscando y cotejando con el guión del programa, para ver a qué hora había salido cada cosa. Cada vez que encontraba algo era como un milagro. Todo eso lleva guardado cuarenta años. Y no te puedo explicar la emoción cuando empecé a digitalizar. Luego vino el ciclo Experimenta. -Eso es como una isla dentro de la trayectoria. Cuento con un archivo espectacular de música experimental porque tengo registrado conciertos de gente de acá y de la que venía de afuera, a varias cámaras. Todo eso lo tengo guardado y este año va a ver la luz porque acabo de recibir un mecenazgo para la digitalización. Esa es otra novedad. El año que viene se cumplen los 30 de Experimenta [festival de música experimental que se realizó a finales de la década del noventa].-Necesitaste el apoyo de Mecenazgo porque no cobrás por este trabajo. Tendrás que vivir haciendo otra cosa.-Así fue hasta la pandemia, cuando hice mi último trabajo. Después de eso no quise trabajar más porque me limitaba mucho los horarios y estaba cansado cuando después me dedicaba a los archivos. A partir de 2022 me banqué con la venta de mis discos. Vendí parte de mi discoteca. Algunos coleccionistas que conocen el material que tengo me ayudaron de esa manera, comprándome discos hasta diciembre de 2025, que salió mi jubilación. Aunque mínima, me permite trabajar exclusivamente para Armusa. -Hubo un momento muy recordado de Experimenta. Fue cuando se presentó Lee Ranaldo, antes de su primera visita a la Argentina con su grupo Sonic Youth. Hasta conseguiste que Ranaldo promocionara Experimenta y Armusa...-Sí, y ahora voy a digitalizar todo lo demás. No solo Experimenta, sino un poco de la historia previa de la música experimental en la Argentina. Se va a llamar Exploratorio sonoro y va a estar en un sitio web donde la gente pueda encontrar tanto lo de Experimenta como la historia de los precursores de la música experimental. Del Di Tella en adelante, digamos.-¿Todo eso es parte de tu proyecto de mecenazgo?-Sí y a la vez me va a permitir reforzar la parte técnica porque las máquinas se vuelven obsoletas y hay que hacer un mantenimiento. También uso un NAS (Network Attached Storage) de almacenamiento de backup. Además, los suscriptores del canal siempre están invitados a contribuir con el sostén del canal.-¿Recibís donaciones de material?-De todo el país me llegan cosas insólitas y de enorme valor artístico y patrimonial. O familias de artistas que ya no están y que han dejado un legado. Todo eso se incorpora.-¿La función sería de archivo y de curaduría?-Me parece interesante lo de la curaduría; quizá yo lo pienso en otros términos. Comencé haciendo entrevistas para un libro que finalmente no hice. Pero me sirvieron para vehiculizarlas en documentales audiovisuales. Legado Pionero, dedicado al jazz, son quince capítulos de una hora, que hice en 2001 y tienen como disparador esas entrevistas. Lo mismo todas las series que hago de folclore o de tango; ahora, la de Piazzolla. -¿Nunca te cansás de buscar material, digitalizar, editar?-La saturación está presente y cuando termino un documental necesito un par de días de cine, como cuando era adolescente y me iba al continuado del cine de San Juan y Matheu. Hoy no miro Netflix, pero tengo miles de películas en DVD. Por otro lado, es un trabajo muy solitario. Tengo amigos que me ayudan con alguna cosa, como la gráfica, la animación o limpieza de partes sonoras. Pero, básicamente, es un trabajo solitario. Estoy loco en el sentido de que voy contra la corriente y voy a contramano del mercado. Pero son elecciones que uno hace. A la vez, sé que no tengo 30 años por delante. Tengo una tengo fecha de vencimiento. Por eso estoy logrando mantener una continuidad con los estrenos y cerrando círculos.
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