Economía
Desarrollan para la construcción aislantes termoacústicos con residuos de poda de vid
Investigadores llevan adelante un proyecto que se centra en el cultivo de micelio de hongos sobre biomasa proveniente de las podas de vid; se genera un material compacto con propiedades antitérmicas
En una provincia donde la vitivinicultura forma parte de la identidad productiva, un grupo de investigadores encontró una nueva forma de darle valor a uno de los residuos más abundantes de la actividad. A partir de desechos provenientes de las podas de vid y del cultivo de micelio de hongos, especialistas del Conicet trabajan en el desarrollo de biomateriales destinados a la industria de la construcción que podrían reemplazar aislantes térmicos y acústicos convencionales elaborados con materiales contaminantes.La iniciativa se desarrolla en Mendoza y busca transformar residuos de la actividad vitivinícola en soluciones constructivas con menor impacto ambiental, en línea con los desafíos que plantea la transición energética y la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero.Marcha atrás: La Libertad Avanza retiró las firmas de un polémico proyecto de ecocidio que preveía penas de hasta 25 años de prisiónEl proyecto cuenta con la participación de investigadores del Instituto de Ambiente, Hábitat y Energía (INAHE-Conicet) y con la colaboración de una bodega mendocina que aporta la biomasa utilizada para fabricar los nuevos materiales.La propuesta se basa en un proceso conocido como biofabricación, una técnica que utiliza organismos vivos para producir materiales con aplicaciones industriales. En este caso, el desarrollo se centra en el cultivo de micelio de hongos sobre biomasa proveniente de las podas de vid, generando un material compacto con propiedades aislantes.Biocombustibles: un fundamento ambiental y de salud públicaLa búsqueda responde a una preocupación creciente dentro del sector de la construcción: el impacto ambiental asociado a la fabricación de materiales tradicionalmente utilizados para aislamiento térmico y acústico. Productos ampliamente difundidos como el poliestireno expandido, el poliuretano, la lana de vidrio o la lana de roca demandan grandes cantidades de energía para su elaboración y dependen de recursos no renovables.“La construcción de los materiales aislantes tradicionales supone una importante fuente de contaminación a la atmósfera. En contraste, la tendencia actual se orienta al desarrollo de propuestas de aislamiento térmico y acústico con enfoque sustentable”, explicó Ayelén Villalba, investigadora del Conicet en el INAHE y una de las responsables del proyecto. La especialista indicó que la investigación se inserta dentro de una corriente internacional que apunta a reducir la huella ambiental de los edificios desde el origen mismo de los materiales utilizados.“Nuestra investigación se alinea con estas tendencias internacionales que priorizan materiales con baja energía incorporada y una reducida huella de carbono, optimizando la eficiencia energética no solo en la etapa de uso, sino desde la producción”, señaló.Además del desarrollo del biomaterial, el equipo analiza sus propiedades físicas, químicas y mecánicas para evaluar su potencial aplicación en distintos sistemas constructivos. El objetivo final es diseñar prototipos que puedan incorporarse de manera efectiva a futuras soluciones edilicias.Para Noelia Alchapar, también investigadora del Conicet en el INAHE, la propuesta combina innovación tecnológica con aprovechamiento de recursos locales. “Los biomateriales elaborados a partir de residuos agroindustriales bioligados con micelio de hongos representan una alternativa innovadora y sostenible que permite valorizar recursos locales, disminuir el uso de energía y promover estrategias de economía circular en la construcción”, afirmó.Uno de los aspectos más novedosos del trabajo radica en el uso específico de residuos de poda de vid, una materia prima que hasta ahora no había sido empleada en desarrollos similares destinados a la construcción.Según los investigadores, las características propias de este material aportan ventajas adicionales al producto final. “Las particularidades del uso de residuos vitivinícolas como sustrato, por su característica heterogénea y su composición alta en lignina, hacen que tengamos un material con una mayor integridad estructural que otros compuestos de micelio”, explicó Maira Terraza, becaria doctoral del Conicet e integrante del proyecto.La investigadora detalló que el crecimiento del micelio genera una estructura biológica que une naturalmente las partículas de biomasa: “El micelio crea una red de hifas (filamentos microscópicos) en la biomasa que se ramifican y fusionan entre sí y con el sustrato, integrándose químicamente con él. Esta red consolida las partículas del sustrato generando un solo bloque de material”.Los avances obtenidos hasta el momento son alentadores. El equipo ya desarrolló prototipos experimentales que fueron sometidos a ensayos de laboratorio. Las pruebas realizadas mostraron un buen comportamiento tanto en aislamiento térmico como en absorción acústica, dos características fundamentales para su utilización en edificios.Los investigadores también analizan la durabilidad del material, un aspecto central teniendo en cuenta su origen orgánico y biodegradable. “Estamos avanzando en la optimización de los protocolos de producción para obtener un material que perdure en el tiempo y alcance los estándares requeridos en la industria de la construcción”, sostuvo Terraza.Las posibilidades de aplicación son amplias. Según los especialistas, estos biomateriales podrían utilizarse tanto en nuevas edificaciones como en obras de rehabilitación y mejora energética de construcciones existentes.De esta manera, tendrían la capacidad de sustituir aislantes convencionales de mayor impacto ambiental y contribuir a reducir el consumo energético de los edificios. Más allá del aporte ambiental, el proyecto abre una nueva oportunidad para la cadena vitivinícola mendocina, al convertir un residuo agrícola en un insumo tecnológico con potencial valor comercial. “El gran potencial de los biomateriales es que nos permiten reimaginar los residuos como recursos estratégicos y utilizar los procesos y recursos naturales a nuestro favor”, destacó Terraza.La investigadora subrayó, además, el impacto económico que podría generar este tipo de desarrollos para las economías regionales. “Este enfoque fortalece directamente la economía regional, al darle un nuevo valor a la biomasa de la industria vitivinícola, transformamos un residuo local en un insumo tecnológico de alto nivel”, afirmó. Y concluyó: “Así, no solo reducimos el impacto ambiental, sino que generamos nuevas cadenas de valor que impulsan el desarrollo productivo de nuestra región“.