Ni Menem lo hizo: El gobierno libertario destacó que el peso de faena de los bovinos es el mayor desde los años 90

Tal como venían anticipado diversos medios, entre ellos Bichos de Campo, en un contexto de fuerte caída de la faena de bovinos, un dato alentador es que el peso medio de faena estaba subiendo fuerte y había marcado récords en mayor pasado. Ahora se percató del asunto la propia Secretaría de Agricultura, que en búsqueda de buenas noticias lo celebró en un comunicado.
“El peso promedio de faena de la ganadería argentina alcanzó en mayo un récord mensual en más de 30 años”, dice la gacetilla oficial, que asegura que “el sector comienza a capitalizar un contexto más favorable para la planificación y la inversión, generando más carne por animal y fortaleciendo las bases para un mayor crecimiento de la actividad”. Pum pum, suenan los bombos, aunque falten los platillos.
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Lo cierto es que el indicador de que los animales se sacrifiquen con un peso más elevado es auspicioso porque implica producir más carne por cabeza, sin afectar todavía más el stock bovino, que parece haber comenzado un ciclo de recuperación después de varios años de caída. De todos modos, mucha de esta mejora en el peso de faena puede estar influenciada por la gran oferta forrajera que generó un año de muy buenas lluvias, por lo que habrá que ver si esta es una tendencia que se pueda mantener en el tiempo.
Por lo pronto, el indicador promete. Y eso es lo que celebró el gobierno. “Durante mayo el peso promedio de faena alcanzó los 240 kilogramos, el registro mensual más elevado de las últimas décadas, resultado que refleja un avance significativo en términos de eficiencia productiva y aprovechamiento del potencial de crecimiento de los animales”, destacó el comunicado de Agricultura.
No es el mejor indicador de la historia, porque décadas atrás la Argentina, como en otros países del mundo, faenaba animales mucho más pesados. Por cierto, el peso promedio de faena comenzó a reducirse a raíz de cambios en el consumo de los propios argentinos (que preferían cortes más pequeños) y por la aparición -justamente desde los años 90- del feedlot como herramienta tecnológica que permitió apurar los tiempos de producción, aunque con pesos mas moderados.

Mirando el asunto con mayor distancia, Agricultura destacó que “en los primeros cinco meses de 2026, el peso promedio de la res bovina se ubicó en 236 kilos (6 más por encima del promedio registrado en igual período de 2025). Y al comparar mayo de este año con el mismo mes del año anterior, el incremento alcanzó a 8 kilogramos por res, lo que consolida una tendencia que se observa desde fines del año pasado”.
“Detrás de esta mejora aparecen varios factores. Por un lado, la favorable relación entre el costo de la alimentación y el valor del kilogramo en pie generó incentivos para prolongar los ciclos productivos. A ello se suma un mayor alargamiento de la recría, etapa que permite incorporar kilos de manera más eficiente antes del ingreso a terminación”, es la explicación oficial más técnica.
Luego llegó el párrafo más político: “Más allá de las variables estrictamente productivas, estos resultados comienzan a desarrollarse en un contexto macroeconómico caracterizado por una mayor previsibilidad relativa, una condición largamente demandada por el negocio ganadero. La estabilidad de las variables económicas y una mejor capacidad para proyectar inversiones y ciclos productivos favorecen decisiones de largo plazo, fundamentales en una actividad donde los resultados se construyen a lo largo de varios años”.
¡Ni Menem lo hizo!
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