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Argelia dio vuelta un partido que había empezado torcido, eliminó a Jordania y le dio el primer puesto a la Argentina
El equipo africano sudó para mantenerse en carrera y llegar con chances a la última fecha
Generoso como pocos, el fútbol brinda razones a todo tipo de razonamiento. Les entrega argumentos a quienes sostienen que ya casi no existen distancias entre los poderosos y los que surgiendo casi de la nada pueden con orden y buena preparación tratarlos de igual a igual. Son los que ponen de ejemplo a Cabo Verde, a Curazao o a RD Congo. Y al mismo tiempo, les regala motivos a los que insisten que, al final del camino, serán los más expertos, los que llevan en la sangre la marca de varias generaciones de grandes jugadores y equipos los que siempre acaban ganando.Argelia y Jordania representan ese cruce de caminos. Si allá por los años 80, cuando todavía las miradas peyorativas prejuzgaban el valor del fútbol africano, Argelia tuvo el honor de ser junto a Camerún una de las primeras selecciones del continente en avisar que había nuevos puntos en el mapa donde empezar a fijar la vista; Jordania es uno de los países que hoy alzan la bandera de los tiempos modernos. El destino los enfrentó en San Francisco, los dos con la misma necesidad de ganar para seguir en carrera, y aunque la moneda bailó en el aire hasta muy cerca del cierre, al final acabó cayendo del lado de la historia.Los Zorros del Desierto dieron vuelta un partido que se les puso muy cuesta arriba, más por defectos propios que por virtudes ajenas. Los rescató el talento de Ibrahim Maza, un pibe de 20 años nacido en Alemania, que a pura gambeta y rebeldía sacudió el amor propio de los suyos y les indicó la ruta para evitar una caída que hubiera sido humillante. Jordania hizo todo lo posible por llegar con posibilidades a la última jornada de la primera fase, luchó hasta la extenuación contra sus propias limitaciones, pero como en el estreno ante Austria, se agotó antes de alcanzar la meta y acabó con las manos vacías. Fue 2-1 a favor del elenco magrebí en un encuentro más emotivo que bien jugado, que pone a los argelinos cerca del pase a 16avos de final, elimina a los jordanos y, de paso, le asegura a Argentina el primer puesto del grupo.La Argelia que durante más de una hora deambuló sobre el césped como alma en pena, confundiendo el control de la pelota con dominio del juego, fue un conjunto aun más timorato del que se enfrentó al de Lionel Messi y compañía hace una semana. Los dirigidos por el bosnio-suizo Vladimir Petkovic demoraron todo ese tiempo para recordar que en el fondo del campo rival había un arco y que la tenencia de la pelota no sirve de mucho si se la mueve sin alterar nunca el ritmo cansino, ni intentar alguna variante que desordene a una defensa bien plantada.El pibe Maza, prometedor volante ofensivo del Bayer Leverkusen los sacó de la modorra. Liberado para moverse por todo el ancho de la cancha, se convirtió en imán para los pases de sus compañeros y comenzó a tejer sociedades con Nabil Bentaleb (un acertado cambio del técnico tras el descanso), las migajas de calidad que conserva la zurda de Riyad Mahrez, y la movilidad de Amine Gouiri. Maza fue el primero en advertir que hacía falta más decisión para encerrar a un rival que se había fortalecido después de conseguir el 1 a 0 (derechazo tres dedos de Al-Rashdan a los 35 del período inicial) y amenazaba con ampliar la ventaja.De a poco, el empuje se convirtió en dominio, y este pasó a ser arrinconamiento. Los centros y la pelota parada completaron la tarea. Sendos córners desde la derecha, a los 23 y los 37 de la segunda parte sirvieron para disimular las dificultades de los de Petkovic para generar ocasiones de peligro jugando por abajo. En la primera, las dudas del arquero Abulaila para salir o quedarse en la raya facilitaron que el cabezazo de Nadir Benbouali pusiera el 1 a 1 (la debacle contra Austria se había iniciado del mismo modo). En el segundo, ganó por arriba Ramy Bensebaini, hubo un rebote, Gouiri reaccionó antes que Abulaila e infló la red con un toque corto.Antes de todo esto, el que será rival de Argentina en la última jornada de la fase de grupos había enseñado todo el muestrario de sus problemas y las escasas soluciones que hoy por hoy posee para solventarlos. Jordania quiso mirarse en el espejo de Curazao, Cabo Verde o Congo y ser una más de esas selecciones que llegaron a la gran cita del fútbol sin ningún cartel y con la ilusión y la fe en sí mismos como principales cartas. Estuvo cerca de conseguir éxitos semejantes a sus pares, pero le faltaron recursos futbolísticos y pulmones para conseguirlo.Cauteloso en exceso y corriendo riesgos mínimos, el equipo del marroquí Jamal Sellami se agrupó en un 5-4-1 cerrado y casi no despegó de su campo hasta la jugada del 1 a 0. Creció a partir de ese momento, demostrando que con algo más de valentía podría haberle complicado aún más la noche a un adversario que dudaba de su potencial, pero cuando sintió que Maza comenzaba a inclinar la cancha hacia su área renunció a cualquier aventura ofensiva y se resignó a resistir los centros de Argelia, hasta que dos de ellos acabaron cerrándoles las puertas de su primer Mundial. Puede seguir soñando Argelia, aunque tendrá que levantar mucho la puntería si pretende reverdecer viejos laureles. Se despedirá Jordania el sábado ante Argentina en un duelo que no modificará nada del futuro cercano. Puede irse con la cabeza alta. Su debut en un Mundial habrá sido efímero, pero tiene material para crecer. El tiempo dirá si sabe gestionarlo para volver a asomarse al fútbol grande.