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Adaptado a tierra firme: identifican en la Patagonia una nueva especie fósil de un superdepredador del Cretácico
Tenía el tamaño de un perro mediano; ese cocodrilo habitó el Desierto de Kokorkom hace más de 100.000.000 de años, en la región que ocupan hoy Río Negro y Neuquén
SAN CARLOS DE BARILOCHE.- En un hallazgo de relevancia internacional, un equipo de investigadores argentinos identificó una nueva especie de cocodrilo fósil denominada Antusuchus rionegrinus, que habitó el norte de la Patagonia durante el período Cretácico. El descubrimiento tuvo lugar en el Área Paleontológica La Buitrera, en la provincia de Río Negro, un sitio que se ha consolidado como uno de los yacimientos más importantes del país tras más de 25 años de investigaciones.A diferencia de los cocodrilos que conocemos actualmente, asociados a ambientes acuáticos, el Antusuchus rionegrinus estaba totalmente adaptado a la vida en tierra firme. Con un tamaño aproximado al de un perro mediano, este animal se desempeñaba como un depredador especializado en un ecosistema extremo.Hace más de 100.000.000 de años, la región que hoy ocupan Río Negro y Neuquén formaba parte del Desierto de Kokorkom, un vasto paisaje de dunas móviles, cálido y árido, donde este cocodrilo convivía con algunos de los dinosaurios más grandes de la historia. Su presencia revela que el ecosistema de La Buitrera era mucho más complejo de lo que se estimaba anteriormente, sumándose a otros cocodrilos ya conocidos en la zona como los uruguaysúquidos.La investigación fue liderada por la María Lucila Fernández Dumont, de la Fundación Azara, bajo la supervisión del paleontólogo Sebastián Apesteguía. El estudio de los dos ejemplares hallados cerca de La Piedra Sola se realizó mediante técnicas de vanguardia que permitieron analizar los fósiles sin dañarlos. Entre los métodos utilizados se destacan las tomografías computadas de alta resolución para observar estructuras internas, la microscopía electrónica, además de la preparación mecánica (utilizada para extraer y limpiar fósiles en rocas) realizada por especialistas de la Fundación Azara.El hallazgo, publicado en la revista científica Historical Biology, permite a los científicos comprender mejor la evolución de los peirosáuridos, un grupo de cocodrilos terrestres que se distribuyó ampliamente por los continentes del sur durante la era de los dinosaurios.Los peirosáuridos son una familia de cocodrilomorfos terrestres (notosuquios) que habitaron en América del Sur y África durante el período Cretácico. A diferencia de los cocodrilos acuáticos actuales, desarrollaron cráneos altos, hocicos robustos y hocicos adaptados para la caza terrestre, convirtiéndose en superdepredadores de los ecosistemas patagónicos previos a la extinción de los dinosaurios.En tanto, desde la Secretaría de Cultura de Río Negro se destacó la importancia del descubrimiento para la protección y puesta en valor del patrimonio provincial. Tal como señalan los expertos, este nuevo integrante del registro fósil argentino confirma que la Patagonia sigue siendo un territorio clave para descifrar los misterios de la evolución de los antiguos depredadores terrestres.Otro hallazgo claveA fines de abril pasado, se reveló el descubrimiento de restos de un pariente de los cocodrilos actuales que vivió hace unos 85.000.000 de años en la Patagonia. El hallazgo, realizado en el Área Natural Protegida Paso Córdoba, situada en la ciudad de General Roca, permite entender mejor la diversidad y la evolución de estos reptiles en Sudamérica.Si bien todavía no saben a qué especie pertenecen los restos, por las características observadas en los materiales recuperados, los científicos infieren que podría tratarse de Notosuchus terrestris, una de las especies más abundantes de la Patagonia.Tal como explicó a LA NACION Agustina Lecuona, investigadora del Conicet en el Instituto de Investigación en Paleobiología y Geología (IIPG), estos animales, que vivieron durante el Cretácico Superior, eran muy distintos de sus descendientes: lejos de ser grandes depredadores semiacuáticos, se trataba de ejemplares más pequeños y adaptados a la vida completamente terrestre. “Su postura también era distinta: caminaban con las patas erguidas, ubicadas por debajo del cuerpo, lo que les daba un andar más ágil y elevado, similar al de un mamífero actual, en contraste con la marcha más esparrancada, con las patas abiertas, y cercana al suelo de los cocodrilos modernos”, afirmó Lecuona.