“El sol ilumina y la lluvia bendice”: La familia Pawluk lleva cuatro generaciones produciendo yerba mate al estilo barbacuá en el sur de Misiones

 Desde Tres Capones, en el sur misionero, la familia Pawluk sostiene una tradición yerbatera que comenzó con la llegada de inmigrantes ucranianos y que hoy se proyecta hacia una cuarta generación. A través de la empresa Felisa S.R.L. elaboran y comercializan la yerba mate Sol y Lluvia, una marca que nació en tiempos difíciles y que logró consolidarse gracias a una propuesta basada en la calidad, el trabajo familiar y un sabor característico.
 “Mis abuelos, cuando vinieron de Ucrania, empezaron a cultivar el suelo haciendo distintas actividades: arroz, huerta, uva para vino y sumaron la yerba mate”, cuenta Fabián Pawluk, productor yerbatero y socio gerente de la empresa en diálogo con Bichos de Campo.

 Con el paso de los años, la familia incorporó un secadero que fue evolucionando tecnológicamente, aunque sin perder la esencia del sistema barbacuá. Más adelante, sus padres, Felipe Pawluk y María Isabel, comenzaron a procesar yerba canchada para vender a otras industrias.
 Sin embargo, hacia fines de la década de los ochenta, en un escenario marcado por los bajos precios, decidieron dar un paso decisivo, lanzando su propia marca al mercado. “A nosotros nos tocó empezar en una época muy dura y pasamos muchos obstáculos para poder posicionar la marca y mantenerla en el tiempo”, recuerda.
 Así nació Sol y Lluvia. “Es lo que la planta necesita para crecer. Como decimos siempre, el sol iluminó y la lluvia bendijo”, explica Pawluk sobre el origen del nombre. Hoy la empresa está en manos de Fabián y su hermano, mientras hijos y sobrinos comienzan a incorporarse al proyecto familiar. “Tenemos la perspectiva de que la empresa quede en la familia y por eso es clave que se vayan preparando para lo que viene”, remarca.

 Uno de los rasgos distintivos de Sol y Lluvia es su perfil de sabor. Según Pawluk, durante años trabajaron para conservar las características del secado tipo barbacuá, pero adaptándolo a las preferencias actuales de los consumidores. “Mantenemos la esencia del barbacuá. Ajustamos el sabor para que no sea agresivo sino que tenga un toque de ahumado suave, que es lo que caracteriza a Sol y Lluvia”, explica.
 Barbacuá, que significa tostado en guaraní, es un método tradicional de elaboración donde la yerba se seca lentamente con fuego a leña durante más de 12 horas en una cinta continua. Como resultado, se realza el sabor aportando un dejo ahumado y conservando las propiedades naturales del producto. “No produce acidez porque tiene un proceso de muchas horas secado y luego un estacionamiento natural de entre 12 a 18 meses en depósito. Siempre procuramos lograr una calidad homogénea que se sostenga en el tiempo”, agrega.

 La materia prima proviene de yerbales propios y también de colonos vecinos de Tres Capones, Apóstoles y Concepción de la Sierra. Para Pawluk, esta región del sur provincial ofrece condiciones privilegiadas para obtener una infusión suave y equilibrada. “Estamos en la mejor zona para la yerba”, afirma sin lugar a dudas.
 Desde su planta industrial en Tres Capones, la empresa envasa entre 50 y 60 mil kilos mensuales. Actualmente, sus productos llegan a distintos puntos del país gracias al crecimiento de la distribución directa, con un modelo puerta a puerta, y al reconocimiento de los consumidores.
 “Nuestro producto siempre fue de nicho. Con el tiempo, en algunos lugares ya hay ventas masivas, como en Corrientes, que nos abrió los brazos de la mano de muchos estudiantes universitarios que se convirtieron en embajadores de la marca”, destaca.

 Al analizar la situación actual de la actividad yerbatera, Pawluk considera que el sector atraviesa una etapa de profundos cambios vinculados al esquema de libre mercado producto de la desregulación de la actividad. “Cambió el panorama, no solamente en la yerba sino en casi todas las economías regionales. Estamos ante una nueva etapa donde no vemos, al menos en el corto plazo, que vuelva la fijación de precios”, sostiene.
 Según explica, los bajos valores que hoy se observan en las góndolas afectan a todos los eslabones de la cadena. “Tener paquetes de yerba a dos mil pesos el kilo es inviable para toda la cadena. No sólo para el productor sino también para la pequeña industria y la logística”, advierte.

 Frente a este escenario, Pawluk señala que “no queda otra que vender más y cuidar la calidad del producto final. Nuestro trabajo tiene que estar orientado a sumar nuevos consumidores y ampliar mercados a nivel país y exportación”. 
 Mientras tanto, la empresa continúa fortaleciendo el vínculo con sus clientes a través de las redes sociales. “Tenemos un contacto mucho más asiduo con los consumidores. Así como llegan elogios, también llegan críticas que nos ayudan a interpretar hacia dónde va el consumo y qué buscan nuestros consumidores”, concluyó.
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