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Día del Padre: la generación que se anima a expresar sus emociones
Criados por hombres que amaban en voz baja, ahora cortan con el antiguo patrón, eligen abrir su corazón, mostrar su vulnerabilidad y dejar una herencia intangible y duradera
Mufasa avanza junto a Simba en El rey león. Con el cielo africano como telón, baja la cabeza hasta quedar a la altura de Simba y le explica que el valor jamás consiste en ausencia de miedo. La escena dura apenas unos segundos, aunque encierra una idea entera sobre la paternidad: un padre dejando algo de sí en la intimidad de una conversación.Ese legado sigue viajando entre generaciones. El amor ahora también encuentra lugar en una charla antes de dormir, en un pedido de perdón, en un abrazo inesperado. Allí, en esos gestos mínimos, estos padres empiezan a escribir otra herencia emocional para sus hijos. La transformación atraviesa sobremesas, chats familiares, canchas de fútbol infantil, viajes escolares y rutinas mínimas. Late en frases simples, impensadas tiempo atrás. “Les digo que los amo todo el tiempo. Trato de hacerlos reír, de siempre estar de buen humor”, comparte Juan Cruz Gioia, padre de Santi (13) y Francesco (5 meses). Cerca suyo, Guillermo Busquiazo, chef, padre de Celina (22) y, según dice “del corazón” de Rosario (10) y de Catalina (8), suma otra escena cotidiana: “Aprendí que mostrar lo que sentimos también educa. Mis hijos necesitan ver que uno puede emocionarse, sentirse sensible, cansado o atravesar momentos difíciles y aun así seguir adelante”.Durante gran parte del siglo pasado, el modelo masculino argentino encontró prestigio alrededor del esfuerzo, la provisión económica y cierta firmeza emocional. El cariño paterno aparecía cifrado en actos concretos: largas jornadas laborales, cuentas pagadas, vacaciones familiares, comida sobre la mesa. Palabras afectivas, abrazos frecuentes o conversaciones íntimas quedaban relegados a un segundo plano. “Tuve un padre muy dedicado a su trabajo, sometido a los vaivenes económicos de la Argentina. Hoy entiendo aquellos esfuerzos como actos de amor silenciosos”, recuerda el psicólogo Matías Muñoz, autor de Tras las huellas del amor, papá de Lola (23) y Jerónimo (20).La ciencia social empezó a registrar este viraje. Un estudio a cargo del investigador Daniel Singley y su equipo de la Universidad de California reveló que los padres que expresan emociones con regularidad delante de sus hijos tienen vínculos significativamente más seguros con ellos. La diferencia no es marginal: los hijos mostraban un 34% más de capacidad para regular sus propias emociones en contextos de estrés. “La figura paterna tiene un peso específico en la construcción del vocabulario emocional de los hijos –explica Singley–. Cuando un padre nombra lo que siente, le está dando a su hijo un mapa para entender el mundo interior”.Su mirada encuentra eco en Sebastián Valles, empresario, padre de Luisa (20), Margarita (18) y Carmen (14), que describe esa transición desde la intimidad de su casa: “La diferencia aparece en el contacto físico, en transmitir sentimientos y en la naturalidad de la relación. Hoy el ‘te quiero’ y el ‘te amo’ circulan como moneda corriente”.Ningún padre despertó una mañana convertido en experto emocional. La transformación empezó, en muchos casos, desde pequeñas grietas: un hijo que pregunta, una separación, una terapia, una muerte cercana, una conversación incómoda en medio del cansancio cotidiano. Algo empezó a resquebrajar el viejo mandato masculino que asociaba sensibilidad con debilidad y fortaleza con silencio. “Quizás la mayor diferencia sea buscar que circulen más palabras entre mis hijos y yo. Poder tener conversaciones emocionales –afirma Muñoz–. Para quienes crecimos en familias silenciosas emocionalmente, resulta un esfuerzo. El amor venía en formato de hechos, de acciones cotidianas”.Anselmo Sosa, padre de las mellizas Antonia y Juana (4), recuerda el momento que lo dice todo. Atravesaba una época de presión laboral intensa, un proyecto que no cerraba, noches largas frente a planos que no respondían. En casa estaba físicamente, pero ausente en todo lo demás. “Un día Juana me preguntó directamente: ‘Papá, ¿estás enojado con nosotras?’ –recuerda–. Me cayó como un balde de agua fría. Ahí entendí que mi silencio lo estaban leyendo mal, que lo estaban haciendo propio. Les expliqué lo que me estaba pasando con las palabras justas para su edad y algo cambió. Antonia me abrazó sin decir nada y Juana me dijo: ‘Bueno, pero después jugás con nosotras’. Fue una lección enorme”.El psicólogo Fabián Jalife analiza cómo es la personalidad de Scaloni para construir un éxitoDiferentes lecturasLa psicóloga de Harvard Katie A. McLaughlin, especializada en el vínculo temprano, sostiene que los hijos interpretan el estado emocional de sus padres como información sobre sí mismos. “Un padre triste que no explica su tristeza –indica– puede ser leído por un niño como ‘algo que yo hice está mal’. La transparencia emocional del adulto, en cambio, libera al niño de esa carga y le enseña que los estados interiores tienen causas externas, que las emociones difíciles no son permanentes y que nombrarlas es el primer paso para atravesarlas”.El mandato de la fortaleza masculina opera de manera particular en la paternidad. La investigadora Brené Brown, cuya conferencia sobre la vulnerabilidad se convirtió en una de las charlas TED más vistas de la historia con más de 60 millones de reproducciones, documentó en su investigación que la vergüenza asociada a mostrar debilidad es significativamente más intensa en padres que en no padres. “Los hombres sienten que pueden fallar en muchas áreas de la vida –añade Brown–, pero ser percibidos como débiles frente a sus hijos activa un nivel de vergüenza que es cualitativamente distinto. El trabajo de desmantelar ese mandato requiere práctica deliberada y, frecuentemente, el impulso externo de una crisis”.Roque Ruiz, antropólogo y padre de Oscar (7) y Anastasia (5), lo vivió cuando perdió a un colega muy querido. Intentaba gestionar el duelo solo, en silencio, como le habían enseñado que se hacían esas cosas. Oscar lo notó. “Una tarde me preguntó por qué estaba ‘con la cara triste’ y, en lugar de decirle que no pasaba nada, le expliqué que había perdido a un amigo y que eso me ponía muy triste. Me escuchó con una seriedad que no esperaba en un chico de su edad. Después me dijo: ‘¿Y te acordás cosas lindas de él?’ Le dije que sí, muchas. ‘Entonces está bien’, me respondió. Esa noche entendí que los chicos no necesitan que les ocultemos el dolor, necesitan ver que el dolor también tiene salida.”Su formación académica le permitió entender desde dónde venía el obstáculo. “Estudiar la construcción cultural del género me dio las herramientas para entender de dónde venía ese mandato, pero entenderlo no alcanza para transformarlo en la práctica –analiza–. Eso requiere otro trabajo, más cotidiano, más humilde. Con cada situación en la que me animo a mostrar lo que siento delante de mis hijos, siento que estoy deshaciendo un nudo que viene de muy atrás”.Carlos Apollonio, empresario y padre de Joaquín (5) y Jeremías (1), encontró su momento bisagra antes de una cirugía. Decidió compartir su preocupación con Joaquín, que entonces tenía cuatro años. La reacción lo descolocó por completo. “Empezó a estar más atento a mis cuidados –afirma–, a acompañarme y a demostrarme su afecto de forma constante. El día que volví de la internación, se despertó en la madrugada solo para darme un beso y desearme una pronta recuperación. Ese gesto fortaleció mucho nuestro vínculo”. Apollonio no planeó esa conversación como un ejercicio de crianza consciente. La tuvo porque estaba asustado y eligió no esconderlo. A veces, el mejor manual es la urgencia.José María Sánchez, padre de Adrián, fue criado en el modelo más duro de los años 60, donde las emociones no circulaban y el afecto llegaba en formato de disciplina y trabajo. Con el tiempo construyó algo diferente, aunque no de golpe ni con manual. “No sé si elegí una forma de ser padre desde el principio –reconoce–. Creo que fui aprendiendo con el tiempo y con la experiencia. Con los años entendí que uno no tiene que mostrarse siempre fuerte ni tener todas las respuestas. Ser padre también implica aceptar las propias debilidades y poder compartirlas sin miedo”.Un estudio de la Universidad de Melbourne dirigido por el investigador Mark Dadds midió el impacto de la expresividad emocional paterna en 847 familias a lo largo de ocho años. Los resultados fueron contundentes: los hijos de padres con alta expresividad emocional presentaban menores índices de ansiedad, mayor capacidad de resolución de conflictos interpersonales y vínculos más estables en la adolescencia. “Lo que los padres modelan emocionalmente –explicó Dadds–, es tan determinante como lo que enseñan de manera explícita. Los hijos aprenden a ser personas observando a sus padres serlo”.Lo que los hijos devuelvenNadie les avisó que iba a ocurrir esto. Que en el momento en que decidieran abrirse, iban a recibir algo de vuelta que ningún libro de crianza había mencionado: la constatación de que sus hijos ya sabían. Sosa lo descubrió en la diferencia entre sus dos mellizas: “Antonia tiende a ponerse en modo ‘solucionar’, me pregunta qué necesito, qué puedo hacer. Juana es más de acompañar en silencio, sentarse al lado. Las dos formas me llegan profundo. Me doy cuenta de que ya tienen un vocabulario emocional que yo estoy aprendiendo junto a ellas.” Un estudio de la Universidad de Harvard a cargo de la investigadora Jenny Yip documentó la resonancia emocional bidireccional entre padres e hijos. “Cuando los adultos expresan emociones de manera coherente y regulada, las neuronas espejo de los niños se activan de manera intensa, lo que genera –explica Yip– un aprendizaje emocional vicario que es cualitativamente distinto al aprendizaje a través de instrucciones directas”. En términos simples: un padre que llora delante de su hijo le enseña más sobre el duelo que mil conversaciones sobre el tema.Franco Malacisa, chef italiano radicado en la Argentina, padre de cinco hijos en un arco que va de los 26 a los 7 años, lo vive con una intensidad que no admite medias tintas. “Saben que t