La copa mundial de fútbol no es tan mundial

Cada cuatro años el mundial es el monotema de la publicidad, las tertulias, las quedadas. Cuando pensaba que eso pasaba en todo el mundo, mi primera copa FIFA fuera de Argentina me hizo descubrir que el fervor futbolero no es tan mundial.Los especialistas españoles alucinan con los anuncios publicitarios argentinos y comentan la intensidad del sentimiento patriótico que no se ve en otros mercados. Aunque la copa de FIFA es un momento publicitario global nada hay tan agónico como vender cerveza en Argentina.Hasta el comercio más modesto se sube a la fiebre mundialista: sabe que la emoción puede convertirse en un televisor de más pulgadas, una hamburguesa o un desodorante, como ocurre cada cuatro años en Argentina. En España, la intensidad se queda en un protector solar: “Lleva el rojo en tu corazón, no en tu piel”. Poco más.Las encuestas ilustran las diferencias. Una reciente de Giacobbe encontró que el 33,1% de los argentinos se declara fanático del fútbol. Más un 44,8% dice que le gusta bastante y un 18,6% al que le interesa ver la selección resulta un 96,5% del país atento al evento.En contraste, solo mitad de los españoles muestra interés por el mundial según una encuesta de Sigma Dos realizada al mismo tiempo. Y uno de cada cinco españoles dice que no le interesa nada, bastante más que el 3.1% de argentinos que osa confesarse desinteresado.Pocas actividades integran transversalmente las generaciones en Argentina. Los padres suben orgullosos a las redes a sus pichones de hinchas fanáticos, mostrándoles la conducta que se espera de la progenieEl triunfalismo difiere aún más. Apenas uno entre diez españoles cree que su selección puede ganar y uno de tres presagia que no llegará a cuartos de final. En Argentina, el 71.5% cree que volverá a salir campeón, desafiando la historia que muestra que solo dos equipos consiguieron campeonatos consecutivos. Y hasta 1962, cuando los partidos ni siquiera se transmitían en directo.En Europa, el fútbol reúne a millones de espectadores pero no paraliza el país como en Argentina. Tal vez porque la identidad no se concentra en una sola bandera, como evidencian los separatismos vasco o catalán. O porque no hace falta un Mundial para salir a la calle porque hay fiestas populares cada rato.El fervor nacionalista del deporte se parece demasiado a los nacionalismos de los temidos extremos políticos en Europa. En los dos casos responde al mismo impulso atávico de apiñarse como tribu para imponerse a un contrincante que amenaza el ser nacional.En psicología evolutiva se llama “selección natural” el impulso de reunirse acríticamente debajo de una bandera. La camiseta de “la selección” señala con claridad adherentes y remisos como quien carga una letra escarlata.“La moralidad une y ciega” dice el psicólogo social Jonathan Haidt. Tanto que la polarización deportiva es festejada incluso por quienes no la toleran en la política. Las competencias deportivas son la instancia socialmente excusada para sacar sonidos guturales y reacciones primitivas como parte del ritual.Pocas actividades integran transversalmente las generaciones en Argentina. Los padres suben orgullosos a las redes a sus pichones de hinchas fanáticos, mostrándoles la conducta que se espera de la progenie. Durante el primer partido de la selección española solo en los bares de estudiantes se veían camisetas de fútbol. Sin suspensión de actividades ni regalos empresarios.No es que en el resto del mundo importe menos la copa FIFA. La diferencia argentina con el resto del mundo es la densidad emocional: los hinchas lo sacan de la sala o el bar donde se ve el partido y lo convierten en atmósfera de la que es difícil sustraerse.Por aquí dicen que el entusiasmo irá creciendo si el equipo avanza. Recuerdan con ternura los festejos de 2010, aunque admiten que ni fueron ni serán como los de Argentina. Más de uno sospecha que la marea humana de la 9 de Julio es obra de la inteligencia artificial. Quizá no sea incredulidad, sino cultura: aquí celebran un gol. En Argentina con el marcador se juega la pertenencia.
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