Un vuelo cancelado te puede cambiar la vida: bienvenidos a los mundiales de los pasaportes sin bandera

Las identidades están mezcladas. Las selecciones, no todas pero un buen número, se arman desde la fusión de jugadores nacidos en el país, los foráneos formados adentro y los hijos de. No es nuevo, sí cada vez más común. Están los que históricamente perdieron talentos y ahora los recuperan. O los que históricamente se aprovecharon de su disponilidad económica, pero en la actualidad notan que algunos talentos se les escapan.El Mundial de la diáspora fue un concepto vertido en esta columna a raíz de la intención de algunos futbolistas argentinos de representar a Malasia. La FIFA no les creyó que sus antepasados hubieran dejado aquel país para recalar en Santa Fe. Pero ya Qatar 2022 había demostrado la tendencia: la mitad del plantel de Marruecos estaba formada por descendientes de marroquíes. La pertenencia igualmente era (es) tan fuerte que se transformó en un equipo apasionado. Achraf Hakimi era el ejemplo que brotaba fácil: nació en Madrid y lo habían tentado de España, pero eligió las raíces familiares. Hay para todos los gustos. La madre de Lamine Yamal nació en Guinea Ecuatorial y la abuela paterna, en Marruecos; él lleva las banderas de ambos países en sus botines, pero es la figura de España. Podría encadenarse una gran cantidad de situaciones que hacen difícil cualquier evaluación. Al costado de Harry Kane podría jugar Jamal Musiala, que vivió de chico en Inglaterra, y detrás de ellos Felix Nmecha, que se formó en el Manchester City. Pero Alemania no se descuidó. Como la historia va y vuelve, Ibrahim Maza nació en Berlín y juega en el Leverkusen. Pero decidió representar a Argelia, que a su vez podría haber tenido selecciones fuertes mucho antes: Luca Zidane eligió jugar para la tierra de la familia de su padre Zinedine, quien fue tal vez el futbolista más destacado de la selección francesa en la historia.¿Qué tendría que reflejar una selección? ¿La fertilidad del suelo donde nacen los jugadores? ¿La capacidad formativa de los clubes de cada país? Una respuesta básica podría ser el sentimiento de cada jugador. Que dentro de los parámetros establecidos, decidan de acuerdo a las razones personales y listo. Sucede que aquellos parámetros, en general los años de residencia, cambian de acuerdo al país. Resulta determinante, entonces, la capacidad de seducción de cada asociación. La AFA, por caso, supo que debía abrir una sucursal en Europa para no perder futbolistas con padres que se habían marchado del país. El mejor momento para captarlos es el actual. El ejemplo se llama Alejandro Garnacho, a quien podía imaginárselo sin nexo con la Argentina; de hecho, en la práctica no lo tenía, pero sí desde lo afectivo: en la primera reunión que realizaron en su casa, le vieron los posters de Lionel Messi en su habitación.Hay selecciones que están obligadas a reclutar fuera de su geografía. República Democrática del Congo tiene 20 jugadores nacidos en Europa, obviamente con familiares congoleños. Cabo Verde necesita a los extranjeros: citó 14 de 26. Extranjeros pero, claro está, con algún vínculo personal. Aquellos 14 difícilmente hubiesen llegado a las selecciones de los países en los que nacieron, pero a favor de ellos cabe decir que no era tan fácil llegar con Cabo Verde a un Mundial. Lo mismo en Curazao que, antes de que Patrick Kluivert convocara a jugadores de la liga holandesa, se formaba con futbolistas semi amateurs. En la era global, resulta más fácil la detección. Además hay traspasos de futbolistas a temprana edad que desarrollan sus carreras en nuevas tierras. Julián Quiñones, la figura de México en el debut, es colombiano. Tigres de Monterrey tenía un convenio con la academia Fútbol Paz. Hacia allá fue Quiñones, hoy en la liga de Arabia Saudita. Están los que jugaron en una selección juvenil y, a la hora de inclinarse por una mayor, piensan en otros colores. También existen las casualidades. La madre nigeriana de Folarin Balogun viajó de vacaciones a Nueva York cuando estaba embarazada. Como la aerolínea no le permitió rápido el vuelo de regreso, allí nació Folarin, que de muy chico se mudó a Londres junto a su familia. Hoy es el delantero indiscutido de Estados Unidos. El fútbol, vale decirlo, genera posibilidades que otros rubros no suelen brindar.Sobre Francia se podrían escribir páginas. De aquella selección multicultural campeona en 1998 a esta actualidad con todo tipo de ramificaciones. Por un lado, aprovecha la calidad de las divisiones formativas de sus clubes, donde llegan chicos con diversas descendencias. Por otro, se trata del segundo país que más jugadores exporta: tiene 1275 desparramados por el mundo, lo que lleva a que algunos obtengan otra nacionalidad y representen a distintas selecciones. Extranjeros entre los propios, nativos entre los rivales.Una de las consecuencias que genera semejante fusión de nacionalidades es que queden borradas aquellas viejas identidades de selecciones. A esto se le suman los métodos de entrenamiento en las academias y los clubes, parecidos entre sí pese a tratarse de distintos continentes. El talento está más esparcido, también las buenas condiciones físicas y atléticas. Es temprano para asegurar que en un futuro no habrá potencias ni selecciones débiles. Sí se podría aventurar que habrá cada vez menos margen para la subestimación de otras selecciones. Seguirá ganando el que mejores jugadores tenga. Pero el que mejor los rastree podrá equiparar las diferencias del pasado.
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