El ICE prepara una nueva herramienta de reconocimiento facial para policías locales: su impacto en operativos migratorios

El Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE, por sus siglas en inglés) cuenta con una nueva herramienta de reconocimiento facial para policías locales que colaboran en operativos migratorios. La aplicación móvil se llama ICE Task Force Module y fue diseñada para verificar identidad y estatus migratorio durante encuentros en operaciones.Cómo funciona la app de reconocimiento facial del ICESegún el documento del Departamento de Seguridad Nacional (DHS, por sus siglas en inglés), el sistema permite que oficiales locales autorizados tomen una imagen del rostro de una persona durante una intervención. Luego, la plataforma compara esa captura con más de 250 millones de registros gubernamentales.El análisis oficial precisa que entre las bases consultadas figuran archivos de visas del Departamento de Estado y datos del Servicio de Verificación de Viajeros. Este es utilizado por la Administración de Seguridad en el Transporte (TSA, por sus siglas en inglés) para confirmar identidades en vuelos internacionales.Después de la consulta, la aplicación devuelve una instrucción al agente. Puede indicar “no detener ni arrestar bajo jurisdicción del ICE” o entregar un código de referencia para que el oficial solicite información adicional.La herramienta fue desarrollada por la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP, por sus siglas en inglés) y quedó disponible para oficiales no federales del ICE con autorización operativa. El formulario los describe como agentes locales con necesidad funcional de acceso durante tareas en campo.Qué relación tiene la app del ICE con el programa 287(g)El medio NPR indicó que los oficiales locales mencionados en el documento probablemente integran el programa 287(g). Ese mecanismo permite que policías estatales y municipales ejerzan funciones migratorias bajo dirección y supervisión del ICE.Dentro de ese esquema, la modalidad Task Force Model habilita a agentes locales a arrestar inmigrantes en nombre de la autoridad federal durante sus tareas policiales habituales. Unas 1300 agencias participan en ese modelo en EE.UU.El DHS comunicó a NPR que el ICE busca garantizar que sus socios locales cuenten con herramientas para apoyar su misión de deportaciones masivas. También sostuvo que sus métodos son constitucionales.Cuestionamientos a la herramienta del ICE por la privacidadClare Garvie, subdirectora del Programa de Derecho y Política Tecnológica del Policing Project de la Facultad de Derecho de la Universidad de Nueva York, explicó a NPR que el análisis del DHS “plantea más preguntas de las que responde”. La especialista advirtió que el documento no aclara en qué circunstancias puede usarse la plataforma.Garvie explicó que una duda central es si debe existir una detención previa basada en algún nivel de sospecha antes de activar el escaneo facial. También planteó la pregunta de si los oficiales podrían tomar fotos de personas de manera amplia para identificar a quienes podrían estar en el país norteamericano de forma irregular.A su vez, Patrick Eddington, investigador sénior en seguridad nacional y libertades civiles del Cato Institute, sostuvo ante el medio que entregar esta herramienta a policías locales amplifica sus posibles problemas. El especialista dijo que una tecnología con impacto sobre derechos individuales, aplicada a gran escala, puede producir efectos amplios sobre muchas personas.Eddington también comentó que ciudadanos estadounidenses quedarán alcanzados por este tipo de vigilancia, dado que los agentes migratorios, federales o locales, no conocen el estatus de una persona antes de realizar el escaneo.El secretario de Seguridad Nacional, Markwayne Mullin, reconoció en una audiencia del Congreso realizada este mes que la agencia usó reconocimiento facial sobre manifestantes. También señaló que pudo identificar a personas presentes en protestas de Oregon que habían estado en las recientes movilizaciones frente al centro de detención Delaney Hall, en Newark, Nueva Jersey.
Leer nota completa en La Nación →