Mientras todos hablan de fútbol, él propone invertir en pistachos: Creó un fideicomiso para apostar al “oro verde” y dice que hasta los jugadores de la “Scaloneta” deberían mirarlo

El clima mundialista nos recuerda que somos referentes a nivel global en el fútbol, pero ¿por qué no serlos en el pistacho? Esa es la pregunta que se hace Juan Ignacio Ponelli, un productor de este fruto a quien hace un año se le ocurrió un proyecto para llevar su planteo a otra escala: crear su propio fideicomiso.
Proviene de una familia con trayectoria en ese y otros cultivos regionales. Hoy cuenta con unas 110 hectáreas en San Juan y dice tener la estructura, el “know how” y las herramientas para seguir creciendo año a año. Por eso, en medio de la renovada fiebre por la “Scaloneta” asegura que es tan sencillo invertir en pistacho que sería una gran opción para cualquiera de los futbolistas que visten nuestra camiseta.
Pero también, para cualquier familia tipo que quiere tener activos en la economía real.

Los últimos años, las tendencias de alimentación saludable, y las nuevas golosinas estilo “Dubai” pusieron al pistacho en lo más alto. Pero Argentina no sólo tiene una participación marginal en el mercado global, de apenas un 1%, sino que tampoco alcanza a cubrir su propia demanda interna. Es evidencia suficiente, asegura Ponelli, de que hay futuro en el sector.
“La demanda mundial crece al ritmo de un 6,5% año a año hace ya dos décadas y se estima que va a haber un déficit estructural de aproximadamente 250.000 toneladas anuales en los próximos 10 o 15 años. Para satisfacer esa demanda hay un potencial muy importante”, expresó.
Y fue así como el año pasado se le ocurrió salir adelante con Agrofides, un fideicomiso 100% abocado al cultivo del pistacho que tiene como base la producción que su familia ya lleva adelante en la localidad de Sarmiento, en San Juan.

Inicialmente, la idea era ofrecerlo a amigos y allegados, pero la viralización jugó a su favor y hoy el proyecto ya pudo poner en marcha unas 110 hectáreas de nuevas plantaciones, que en unos años darán frutos y empezarán a generar retornos.
El ingreso mínimo es de 33.000 dólares y, una vez que entra en producción, se estima un retorno de entre el 14 y el 20% anual, ya que tienen un rinde normalizado de 3500 kilos por hectárea.
“Hoy con ese capital no podés hacer prácticamente nada, y un fideicomiso como este te permite ser parte de un proyecto muy ambicioso, con buena rentabilidad, manejado de manera profesional, y que te genere flujo por 100 años, porque las plantas son muy longevas. Es un legado que dejás a tus hijos y nietos”, afirmó el productor.
Pioneros de la producción de pistacho en San Juan, los Ighani aseguran que el cultivo sigue creciendo en Cuyo a un ritmo de 2.000 hectáreas por año, a pesar de la crisis y un freno del consumo

Propuestas como la suya proliferan en muchos sectores productivos, y es lo que va permitiendo unir dos necesidades: la de un productor que necesita capital para expandirse y la de un inversor que busca asegurar retornos en el agro sin demasiadas complicaciones.
Por eso es que Ponelli se refiere al caso de los deportistas, empresarios jóvenes que necesitan invertir bien sus fortunas para vivir bien cuando cuelguen los botines. Muchos, bien asesorados, empiezan a hacerlo en el agro, y son conocidos los casos de Ponzio, el “Pato” Abbondanzieri o el propio Batistuta.
“A los futbolistas les digo que miren proyectos como el nuestro, que realmente les va a garantizar un éxito mucho mayor. Y encima no se tienen que ocupar de nada, porque es un proyecto 100% gerenciado de manera profesional”, señaló, aprovechando la fiebre mundialista.

La finca que actualmente tienen montada, “La Memita”, tiene potencial para expandirse hasta las 150 hectáreas, hoy cubiertas en un 60% con tecnología de punta e infraestructura hídrica muy eficiente, que riega por goteo desde circuitos impermeabilizados a las largas filas de árboles. Además, cuenta con paneles solares para abastecerse de energía renovable.
Pero Ponelli destaca que su empresa cuenta con las condiciones para “seguir creciendo entre 100 y 300 hectáreas por año”, ya que posee más tierra, perforaciones, maquinaria y, desde ya, el conocimiento del sector.
“Cuando vos participás como inversor te quedás tranquilo de que la empresa es dueña de todo eso. Eso te da seguridad y transparencia”, afirmó, y destacó que justamente esos activos son los que les asegura operar como una economía de escala, con menores costos fijos por hectárea y más rentabilidad en una zona altamente productiva.
El oro verde no es solo sanjuanino: Se publicó el primer mapa con la zonificación posible del pistacho, y hay cuatro zonas definidas como aptas para su cultivo

Por su heliofanía, su alta radiación y su baja incidencia de heladas y granizo, San Juan es un polo pistachero por excelencia que todavía no pegó el salto que, al menos hasta ahora, la demanda de ese alimento exige.
Por eso, mientras corre la pelota en Estados Unidos, México y Canadá, Ponelli recuerda que, así como en el fútbol, Argentina “puede convertirse en un referente mundial del pistacho” y competir con los grandes del mercado, como Irán o Turquía.
“Tenemos el equipo, tenemos el conocimiento y la fuerza para llevarlo adelante. Tenemos todas las condiciones para escalarlo en la medida que haya más inversores que quieran tener esta oportunidad”, concluyó.
 
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