El tráfico marítimo lentamente se reinicia en el estrecho de Ormuz, pero todavía persiste un gran interrogante

BARCELONA.– Durante las horas siguientes a la firma del memorando de entendimiento entre los presidentes de Estados Unidos e Irán, se empezó a aceitar el engranaje logístico del estrecho de Ormuz, una de las principales vías marítimas del mundo. Entre el jueves y el viernes, franquearon el estrecho al menos catorce buques, la cifra más elevada desde el inicio de la guerra, el 28 de febrero. En cambio, en los cuatro días posteriores al anuncio del pacto el pasado domingo, solo se habían atrevido a realizar la peligrosa ruta siete embarcaciones.Pero esa cifra se sitúa aún lejos de los 130 navíos que solían franquear Ormuz diariamente antes de la guerra, y algunos expertos sostienen que no se recuperará la normalidad hasta pasado el verano boreal. Eso será así siempre y cuando no haya un retorno a las hostilidades tras el plazo de 60 días que se han otorgado las partes para cerrar los temas pendientes, que son los más espinosos. El hecho de que las negociaciones sobre el programa nuclear llevadas a cabo por la administración Obama se prolongarán durante más de veinte meses da una idea del reto de culminar con éxito este proceso. El estrecho de Ormuz es un nodo clave para la economía mundial, pues por allí pasa una quinta parte de la demanda mundial de petróleo y de gas licuado. Tras el inicio del conflicto, Teherán declaró el cierre del paso marítimo estratégico a todos los navíos hostiles y obligó al resto a pagar un peaje de paso. Un total de 46 navíos fueron atacados por no obedecer sus órdenes, lo que redujo a la mínima expresión el comercio en la zona.Un par de meses después, en abril, el presidente Donald Trump también instauró un bloqueo naval a las embarcaciones iraníes o aquellas que colaboraran con Teherán, una medida de presión que todavía complicó más atravesar el estrecho de Ormuz. De acuerdo con el pacto, ambos países se han comprometido a levantar sus respectivos bloqueos durante los próximos dos meses de negociación.Entre los buques que salieron del estrecho de Ormuz en los últimos días, figura el Grande Torino, de bandera italiana, que el pasado mes de febrero había descargado en el Golfo Pérsico un cargamento de vehículos procedentes de Asia, el que será ahora su próximo destino. Se calcula que al menos unas 600 embarcaciones de gran tonelaje se hallan varadas en los alrededores del estrecho. Además de los cruces realizados con éxito, otra señal del reinicio de la actividad es el hecho de que algunos grandes petroleros han reactivado las señales de sus transpondedores después de más de dos meses “a oscuras”.Según la legislación internacional, todas las embarcaciones disponen de un transpondedor, un dispositivo que emite una señal al Sistema de Identificación Automática (AIS) y que permite rastrear sus movimientos. Precisamente, las navieras más atrevidas trataron de que sus barcos franquearan el estrecho de forma secreta apagando el transpondedor.De hecho, en las últimas semanas, y con el objetivo de aumentar el suministro mundial de petróleo y frenar el incremento del precio del crudo, la marina estadounidense asistió a decenas de navíos a cruzar Ormuz de forma secreta. De acuerdo con una investigación de la agencia de noticias Reuters, un total de 116 barcos, la mayoría petroleros, habrían cruzado de forma secreta el estrecho con la asistencia del ejército de Estados Unidos desde principios de mayo.De todas maneras, la firma del acuerdo no ha eliminado del todo uno de los principales peligros a los que se han enfrentado los barcos que osaban adentrarse en la vía marítima recientemente: la explosión de una mina marina. Durante los primeros compases de la conflagración, Washington informó que había destruido varios buques iraníes que pretendían plantar minas en el Golfo Pérsico. No obstante, Irán nunca confirmó si había logrado plantar minas en las aguas del Golfo Pérsico.“No tenemos ninguna información confiable sobre el peligro de las minas. Pero, al parecer, neutralizar la amenaza de las minas podría tardar semanas o meses”, declaró poco antes de la firma Jacob Larsen, director de seguridad de Bimco, la principal agrupación internacional de armadores, que ha sugerido cautela a sus afiliados. El texto del acuerdo entre Washington y Teherán ofrece a las autoridades iraníes un plazo de 30 días para llevar a cabo el desminado de la zona.Como el memorando no deja de ser un acuerdo marco para las futuras negociaciones, la resolución concreta de los asuntos más espinosos es todavía incierta. Entre ellos, la posible imposición de un peaje por parte de Irán para atravesar el estrecho. El régimen iraní, muy necesitado de fondos para reconstruir un país devastado, ha reiterado en varias ocasiones que no habrá un retorno en Ormuz al statu quo previo a la guerra, lo que implicará que los navíos deban hacer frente a algún tipo de pago. Este planteamiento choca frontalmente con la posición de la comunidad internacional, pues el derecho internacional garantiza la libre circulación por esa vía marítima.El Estrecho de Ormuz no cuenta con aguas internacionales porque su anchura mínima es de aproximadamente 33 kilómetros, mientras que la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (Convemar) permite a los estados ribereños reclamar hasta 12 millas náuticas (22.2 km) de mar territorial.Aunque la Convemar establece un régimen más flexible para estrechos estratégicos, como es el caso de Ormuz, permitiendo el libre tránsito de buques civiles y militares (incluyendo submarinos sumergidos), Irán no ha ratificado este tratado específico.El texto firmado esta semana en Versalles es ambiguo al respecto, pues establece que Irán “llevará a cabo un diálogo” con Omán y los otros Estados del Golfo Pérsico para “definir la futura administración y los servicios del estrecho de Ormuz”. Una posible solución sería inspirarse en la Convención de Montreux, el tratado que regula el paso por el estrecho del Bósforo, que se encuentra bajo soberanía turca y conecta el Mar Mediterráneo con el Mar Negro.En este caso, técnicamente, los buques no deben hacer frente a una “peaje”, pero sí a una tasa obligatoria para atravesarlo correspondiente a los servicios de señalización, rescate y pilotaje. Ahora bien, a diferencia del Bósforo, que es un estrecho interno, el estrecho de Ormuz es compartido por Irán y Omán, lo que podría complicar las negociaciones, sobre todo si el resto de países del Golfo deben dar su aprobación.
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