Mientras el Mundial de fútbol concentra la atención de millones de personas alrededor del planeta, una discusión menos visible empieza a ganar espacio en los estadios, los centros de entrenamiento y las empresas dedicadas al manejo de céspedes deportivos.
La preocupación ya no pasa solamente por el rendimiento de los jugadores. También empieza a incluir la calidad ambiental de las superficies donde compiten, los materiales utilizados para construirlas y los productos empleados para mantenerlas.
El debate tomó fuerza durante los últimos años a partir de las críticas hacia algunas canchas sintéticas y, especialmente, por el uso de rellenos de caucho reciclado provenientes de neumáticos fuera de uso. Diversos estudios y organizaciones ambientales comenzaron a advertir sobre su contribución a la generación de microplásticos, mientras que jugadores y asociaciones deportivas sumaron cuestionamientos vinculados a las altas temperaturas que alcanzan estas superficies y a posibles impactos sobre el rendimiento físico.
Sin embargo, la realidad es que todavía no existe una regulación global que obligue a reemplazar estos materiales ni que exija la utilización de tecnologías biológicas para el manejo de los campos deportivos. Lo que sí se observa es una tendencia creciente, impulsada por reclamos, investigaciones científicas y nuevas exigencias ambientales, que está llevando a clubes, estadios y administradores de superficies deportivas a buscar alternativas más sustentables.
Europa es probablemente la región donde el movimiento avanza con mayor velocidad. Allí ya existen restricciones vinculadas a los microplásticos y una fuerte presión para reducir el uso de determinados productos químicos en espacios recreativos y deportivos. Como consecuencia, cada vez más instalaciones incorporan programas de manejo integrado, bioestimulantes, microorganismos benéficos y nuevas tecnologías destinadas a disminuir la dependencia de insumos tradicionales.
Paralelamente, algunas superficies deportivas comenzaron a reemplazar los rellenos de caucho por alternativas de origen vegetal como corcho, fibra de coco y otros materiales orgánicos, buscando reducir el impacto ambiental sin resignar calidad de juego.
En ese contexto, el ingeniero agrónomo Juan Pablo Brichta, presidente de Agro Advance Technology, fue consultado por el equipo de De Raíz y propone mirar el problema desde otro lugar.
“Mente sana in corpore sano. Sabemos que para que un deportista alcance su máximo potencial necesita un equilibrio integral. Pero pocas veces nos preguntamos qué ocurre con el suelo sobre el que juega”, reflexionó.
Para Brichta, el error consiste en considerar al césped como una simple alfombra verde cuando en realidad se trata de un organismo vivo sometido a exigencias extremas.
“Exigimos un rendimiento físico de vanguardia a los deportistas, pero los hacemos jugar sobre un suelo al que tratamos como si fuera una alfombra inerte, olvidando que el césped también es un organismo vivo de alta competencia”, explicó.
Según el especialista, un campo profesional enfrenta desafíos comparables a los de un atleta de élite: compactación, desgaste constante, estrés mecánico, limitaciones de luz y una enorme presión por mantenerse impecable durante todo el año.
“No hay un tapete verde verdaderamente fuerte, elástico y capaz de recuperarse en tiempo récord si el suelo que lo sostiene está biológicamente agotado”, sostuvo.
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Por eso, una de las tendencias que comienza a observarse a nivel internacional es el uso de herramientas destinadas a fortalecer la biología del suelo. Microorganismos benéficos, hongos, bacterias promotoras del crecimiento y otras tecnologías aparecen como alternativas para mejorar naturalmente la nutrición y la capacidad de recuperación del césped.
“La biotecnología permite devolverle vida, estructura e inteligencia al ecosistema del suelo”, resumió Brichta.
Aunque todavía es prematuro hablar de estadios manejados exclusivamente con herramientas biológicas, la dirección parece clara. Los reclamos existen, la discusión ya llegó al fútbol profesional y la búsqueda de superficies más saludables para las personas y más amigables con el ambiente empieza a formar parte de la agenda global.
Mientras las grandes figuras disputan el Mundial 2026, debajo de cada jugada también se juega otro partido. Uno donde el suelo, los microorganismos y la sustentabilidad comienzan a tener un protagonismo cada vez mayor.
Agro & Campo
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