General
¿Por qué los paisajistas están plantando repollos donde antes había flores?
La respuesta combina estética, sostenibilidad y biodiversidad; y está cambiando la forma en que entendemos los jardines
Durante mucho tiempo, las hortalizas fueron relegadas al segundo plano del jardín. Mientras las rosas, las salvias o las gramíneas ocupaban los lugares de honor, las acelgas, los repollos y las zanahorias quedaban relegados a la huerta, lejos de la vista y cerca de la cocina. Sin embargo, algo está cambiando. Cada vez más paisajistas y jardineros empiezan a mirar las plantas comestibles con otros ojos y descubren que algunas de las especies más bellas del jardín también se pueden comer.La tendencia no es nueva, pero gana fuerza a medida que los jardines contemporáneos buscan ser más sostenibles, biodiversos y multifuncionales. Ya no alcanza con que un espacio verde sea lindo, también se valora que produzca alimentos, atraiga polinizadores y establezca una relación más cercana con los ciclos naturales. En ese contexto, la huerta deja de ser un sector aparte y se integra al paisaje como un elemento más del diseño.La sorpresa suele llegar cuando se observan las hortalizas con una perspectiva estética. De pronto aparecen formas, colores y texturas que durante años pasaron inadvertidos. Lo que antes era una simple verdura se convierte en una planta capaz de aportar estructura, movimiento o contraste a un canteroMás que zanahorias, hinojos y colesLas zanahorias son un excelente ejemplo. Antes de desarrollar la raíz anaranjada que conocemos, producen un follaje finamente dividido, ligero y elegante. Su textura recuerda a la de muchas umbelíferas ornamentales y resulta ideal para aportar transparencia visual entre especies más robustas. Si se las deja completar su ciclo, generan además delicadas flores blancas agrupadas en umbelas que atraen abejas, sírfidos y otros insectos beneficiosos.Algo parecido ocurre con el hinojo. Sus hojas plumosas aportan una textura aérea difícil de encontrar en otras plantas de la huerta. Cuando florece, levanta sobre el jardín una nube de pequeñas inflorescencias amarillas que parecen flotar sobre el resto de la vegetación. Muchos paisajistas lo utilizan precisamente por esa capacidad de aportar ligereza y movimiento a las composiciones.Entre las verdaderas estrellas de la estética comestible aparecen las coles. El kale, las coles rizadas y los repollos morados ofrecen una riqueza cromática sorprendente. Sus hojas pueden ser azuladas, verde oscuro, púrpuras o casi negras, con nervaduras marcadas y bordes ondulados que aportan volumen durante meses. En otoño e invierno, cuando muchas especies ornamentales entran en reposo, estas hortalizas mantienen el interés visual y se convierten en protagonistas inesperadas.Las mostazas tampoco pasan desapercibidas. Existen variedades de follaje bordó, rojizo o violáceo que funcionan como acentos de color dentro de la huerta. Combinadas con aromáticas plateadas, gramíneas o flores blancas, generan contrastes sofisticados que nada tienen que envidiarles a los jardines puramente ornamentales. Y cuando llegan a floración, sus pequeñas flores amarillas aportan luz y atraen una gran cantidad de insectos polinizadores.Las acelgas merecen un capítulo aparte. Las variedades de pencas de colores parecen haber sido diseñadas. Amarillas, naranjas, rojas, rosadas o magenta crean pinceladas que permanecen durante gran parte del año.Plantadas en grupos, producen el mismo efecto visual que un macizo floral, con la ventaja adicional de que terminan en una ensalada o en una tartaLa remolacha también ofrece un atractivo inesperado. Sus hojas presentan tonalidades rojizas y nervaduras intensamente coloreadas que aportan profundidad a los canteros. Lo mismo sucede con los puerros, cuyas hojas erectas de color azul grisáceo introducen líneas verticales que ayudan a estructurar el diseño.Incluso algunas especies que asociamos exclusivamente con la producción pueden transformarse en elementos arquitectónicos del jardín. Los alcauciles, por ejemplo, aportan carácter y volumen, especialmente en jardines de inspiración mediterránea.Las aromáticas también participan de las huertas decorativas. El perejil de hoja crespa forma nubes verdes muy estéticas; el cilantro desarrolla delicadas flores blancas; la rúcula produce floraciones amarillas y la cebolla de verdeo sorprende con sus inflorescencias tan ornamentales como las de muchos alliums cultivados únicamente por su valor estético.Detrás de esta tendencia existe un cambio de mirada. Las plantas dejan de clasificarse en categorías rígidas, ya no importa si una especie pertenece a la huerta o al jardín; lo que interesa es qué aporta al paisaje.