Día del Padre

El Día del Padre posee una densidad afectiva que está por encima de los recuerdos, el odio o el amor, o el agónico regalo de cada aniversario. ¿Cuán dura labor significa ser papá? Un oficio que no tiene escuela ni examen previo, ni curso preparatorio. Durante siglos, la antropología explicó cómo la paternidad estuvo ligada a la transmisión del apellido, a la propiedad de la tierra, al hilo conductor de una herencia, el conocimiento de un oficio, la preservación de un don para ser un artesano.En muchas culturas el padre representaba el orden, la estructura, la sucesión y garantizaba la continuidad del mundo. La psicología ha insistido por décadas en que la función paterna no consiste solo en proveer y disciplinar, sino también en ofrecer una presencia con peso específico: alguien que acompaña al niño, que va descubriendo el mundo, y que es complementario al universo al que ingresa, inicialmente, de la mano de la madre.Suele ser la seriedad del padre la que pone límites más estrictos, pero después es el tiempo el que muestra que esa contención encierra la ternura del cuidado y la protección, el sostén y la búsqueda del futuro. Guía y modelo suelen coexistir. Quizás uno de los grandes desplazamientos culturales de nuestro tiempo sea haber comprendido que la paternidad no se mide solo en responsabilidades asumidas, sino también en disponibilidad emocional para abrazar y contener al niño, que va creciendo. Deberá llegar a ser hombre conociendo el afecto paterno. Pobres aquellos que nunca lo sintieron.Con los siglos, los padres han ido acortando aquellas distancias, comprendiendo que la paternidad también deberá poseer una carga de emocionalidad y afecto hacia su descendencia, y la trascendencia de expresarla y hacerla conocer a los hijos. La filosofía podrá recordarnos que toda paternidad es una experiencia de humildad. Porque un hijo confronta al adulto con sus propios límites, sus impaciencias, sus temores, sus dudas y miedos. Un hijo convierte al hombre en testigo de su propio tiempo. Lo obliga a repasar su pasado con sus frustraciones y logros, sus éxitos y sus abismos. Le recuerda que el mundo no se detiene. Que el tiempo inexorablemente avanza, que no será eterno.Este reconocimiento casi internacional suele situarse a principios del siglo XX en Estados Unidos, impulsado por Sonora Smart Dodd, una mujer que quiso rendir un máximo homenaje a su padre, viudo, veterano de guerra, que había criado solo a sus seis hijos, un verdadero titán. Gracias a su laboriosa y filial iniciativa, comenzó a instalarse la idea de celebrar la figura paterna, que con el tiempo se extendió en buena parte del mundo. Pero hay raíces más profundas y antiguas, dado que en muchos países europeos existía la tradición católica de honrar a San José, modelo de padre protector del Niño Jesús, desde épocas bíblicas.En la Argentina, la historia del homenaje al padre tiene un antecedente los 24 de agosto, en recuerdo al nacimiento de Merceditas, la hija del general José de San Martín. La elección no fue casual, ya que se lo distinguía como el Padre de la Patria, mostrando además de un gran estratega y militar, a un padre atento a la educación de su hija, alerta en su formación ética y emocional; nos conmueve aún hoy con sus célebres máximas, que siguen siendo un vademécum de sabiduría, modestia y sencillez. Sin embargo, el tercer domingo de junio se instaló con fuerza en estas tierras recién promediando 1965.Tal vez convenga celebrar al padre como reconocimiento a ese oficio imperfecto y sin colegio que ha enseñado por siglos a los hijos a vivir. Tal vez sirva también para recordar a los que ya se fueron y no volverán. A los que se alejaron y tardaron en regresar. A los que esforzadamente tratan de aprender ese oficio, casi misterioso e infinito, y que no permite jubilarse. A los que se equivocaron y pudieron reparar los errores, aun con las dificultades intensas de las cosas del corazón. A los que nos enseñaron a manejar el coche, jugaron con nosotros a la pelota, nos enseñaron a sumar o leer, a preparar el asado, nos llevaron a la cancha y nos daban un regalo esperado el día de nuestros cumpleaños.También es justo decir, frente a la inmediatez del festejo, que tal vez no debamos pedirles que tengan todas las respuestas perfectas a nuestros infinitos interrogatorios. Ya crecimos y debemos hacernos cargo de nosotros mismos. Tal vez solo deberíamos ser agradecidos por todo lo recibido, omitir errores o abandonos, y sugerirles a aquellos afortunados que aún los tienen que el domingo corran a darles un gran abrazo y decirles al oído, suavemente, tal vez emocionados: ¡gracias, muchas gracias por tanto, papá!
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