Juicio por la muerte de Maradona: la audiencia donde ganó protagonismo la testigo del “no me acuerdo”

Su testimonio solo se recordará por una de sus frases más repetida: “No me acuerdo”. Romina Milagros Rodríguez fue la cocinera de Diego Armando Maradona en la casa del barrio privado de Tigre donde, el 25 de noviembre de 2020, falleció el astro mundial del fútbol. Su declaración testimonial en el segundo juicio en el que se busca dilucidar eventuales responsabilidades penales en la muerte del Diez hizo que el juez Alberto Gaig, presidente del Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) N°7 de San Isidro, le dijera lo que pensaron todos los que estaban en la sala de audiencias: “Parece que está eludiendo la respuesta”.Rodríguez no solo trabajó para Maradona en el barrio San Andrés de Tigre, también lo hizo en Los Fresnos, en Bella Vista, en el partido bonaerense de San Miguel, y en Campos de Roca, en Hudson, donde el astro vivió mientras dirigió a Gimnasia y Esgrima La Plata y hasta que fue operado de un hematoma subdural, intervención que se hizo en la Clínica Olivos, en Vicente López, el 3 de noviembre de 2020.Su testimonio había generado cierta expectativa porque estuvo presente el día de la muerte de Maradona y, además, no había llegado a declarar en el primer juicio, el debate que se declaró nulo cuando se descubrió que la por entonces jueza Julieta Makintach participaba de la producción de un documental.“¿El día de la muerte de Maradona qué percibió?”, le preguntó a la testigo Patricio Ferrari, uno de los fiscales general adjuntos de San Isidro a cargo de la acusación pública. “Mucha tristeza, me hace mal acordarme de todo eso”, fue la respuesta de la testigo. Después dijo: “No recuerdo si Madrid le tomó los signos vitales”.Se refería a Gisela Dahiana Madrid, la enfermera que no está sentada en el banquillo de los acusados de este juicio. Será juzgado en un próximo juicio por jurados.“¿Recuerda si Diego Maradona se negó [a que le tomaran los signos vitales]?“, repreguntó el fiscal Ferrari. Entonces, la testigo volvió con su latiguillo: ”No me acuerdo".Entonces, el juez Gaig la advirtió: “Es muy importante que usted recuerde y que haga un esfuerzo. Es un juicio por un homicidio”.Un dato no pasó desapercibido por las personas presentes en la sala de audiencias. Monona contó que Maximiliano Pomargo, cuñado de Matías Morla, abogado y apoderado de Maradona, es el padrino de su hija.Pomargo fue asistente de Maradona. Estuvo en la casa de San Andrés el día de la muerte de Diego y será testigo en las próximas audiencias.Cuando Rodríguez hizo referencia a Pomargo, Gaig le dijo: “La veo con algo de temor”. Y después se retiró con sus colegas, los jueces Pablo Rolón y Alberto Ortolani, a deliberar.Cuando los magistrados regresaron a la sala, la testigo retomó su relato. Sostuvo que Maradona solía caminar por la casa, pero la mañana de su muerte no lo escuchó caminar.Se esperaba más de la testigo porque estuvo como cocinera toda la estadía de Maradona en la casa del barrio San Andrés. Desde la externación de la Clínica Olivos, el 11 de noviembre de 2020, hasta el día de su muerte, dos semanas después.“Trabajé para Diego como empleada doméstica en la época de la pandemia y un poquito antes. Limpiaba la casa y hacía la comida. Maradona me decía qué comer y esas cosas”, dijo.Sobre el trágico día del fallecimiento del astro mundial de fútbol sostuvo: “Me desperté como siempre, desayuné, estábamos abajo y después vinieron los médicos, la psicóloga [en realidad lo decía por la psiquiatra Agustina Cosachov, una de las acusadas] y el psicólogo [por Carlos Díaz, otro de los imputados] que le tenían que dar los remedios. Diego estaba durmiendo, supuestamente. Ellos entraron a darle la medicación, salieron y dijeron que Diego no se despertaba. Después entró el sobrino [Johnatan Espósito] y no, no se despertaba. Y después entramos todos: yo, el de seguridad, y tratamos de hacerle reanimación con Cosachov”.
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