Es cordobés y viajó en moto hasta EE.UU. para ver a la selección argentina: “No quería que se me pasara la vida”

Para muchos, un viaje en motocicleta que cruza múltiples fronteras y miles de kilómetros es una meta que se posterga para el momento del retiro. Sin embargo, para Gastón Benítez, un joven oriundo de Córdoba, esperar no era una opción. “Sé que este tipo de viajes por lo general los hacen cuando apenas se jubilan y salen a viajar. Yo no quería que se me pasara la vida, quería empezar a disfrutarla desde ahora”, explicó sobre el motor inicial que lo impulsó a emprender su travesía por el continente americano. Tras juntar ahorros y finalizar un ciclo laboral, preparó su equipaje y se lanzó a la ruta el pasado 1 de abril.A pesar de que su plan inicial apuntaba firmemente hacia Alaska, un suceso imprevisto en una estación de servicio de Guatemala le dio un vuelco absoluto a su destino. Mientras cargaba combustible con todo el equipamiento puesto, el playero del lugar le comentó que se había ganado una pelota. Al recibir el premio, Gastón notó que se trataba de una réplica oficial. “Cuando vi que era esa pelota, dije: ‘No, esto cambió el rumbo directamente’. Fue una señal”, relató entre risas. A partir de ese momento, decidió reconfigurar por completo su itinerario para seguir de cerca a la selección argentina en la Copa América.Burocracia y aduanas en dos ruedasUno de los mayores desafíos que Gastón debió sortear a lo largo de su travesía fue el laberinto burocrático de las fronteras continentales. Según detalló el propio cordobés, la cobertura del seguro que traía desde Argentina caducó al llegar a Perú. A partir de ese punto, el viaje demandó una logística rigurosa en cada frontera: “El tema aduanas es complicado, más que nada en Centroamérica. Uno tiene que ir haciendo la importación temporal del vehículo en cada país. Cuando entrás hacés la importación y cuando salís, la finalizás".El argentino que llegó a Estados Unidos en moto y revoluciona a los fanáticos de la albicelesteAunque reconoció que en muchos lugares los agentes están acostumbrados al papeleo, no faltaron las situaciones confusas. “A veces se complica porque te piden papeles que ni existen. Pero bueno, hablando se zafa y pasás”, reveló y remarcó que siempre viaja con la documentación reglamentaria de la moto en orden.La dieta de la ruta y el factor climáticoAl hablar de su vida cotidiana sobre la moto, bautizada afectuosamente como “La Cabra” y ploteada con los colores celeste y blanco en Cancún, Gastón sorprendió al revelar su comida predilecta para las noches de acampe: “Yo soy fan de la sopa. A las noches, sopa”. En cambio, durante el día prefiere detenerse en comedores ruteros de bajo costo. Mantener una alimentación adecuada es clave para sobrellevar el desgaste físico de la travesía: “Hay que comer liviano para ir en la moto, pero también hay que comer bien porque es un poco cansador. Uno está expuesto a la lluvia, al sol, al frío... a lo que toque”.Cuando las condiciones climáticas empeoran, la templanza del cordobés se pone a prueba. Lejos de amedrentarse ante el agua, su política es clara: “Con lluvia me pongo el traje de agua y sigo. Salvo que sea una lluvia torrencial que ya sea peligrosa, no paro. La moto y los bolsos están totalmente preparados para ir bajo el agua”. Esa resistencia dio frutos: a pesar de los terrenos complejos, con orgullo destacó que en 18.000 kilómetros no sufrió ni un solo pinchazo.“Modo viajero” vs. “Modo turista”El cordobés también reflexionó sobre la gran diferencia entre salir a pasear y realizar una travesía con un calendario deportivo que cumplir. Al estar sujeto a los días de los partidos de la Scaloneta, el tiempo se convierte en un recurso escaso: “Pasás por playas divinas y paradisíacas en Costa Rica, como Tamarindo, o por parques nacionales hermosos donde no podés parar a quedarte cuatro o cinco días porque estás viajando. Las entradas a los parques además son costosas. Una cosa es ir en modo turista y otra en modo viajero; acá estamos en modo viajero”.De Cordoba a Estados Unidos sin escalaAunque Gastón ya contaba con experiencia previa en rutas extensas —habiendo recorrido unos 5000 o 6000 kilómetros por el sur de la Argentina en un lapso de 20 días—, reconoció que cruzar fronteras internacionales lleva la experiencia a un nivel de estrés completamente diferente. “Allá estás en tu país. Acá estás con el pasaporte en la mano y tenés que estar atento a muchas cosas en simultáneo”, concluyó desde Kansas, mientras ultima detalles para emprender el siguiente tramo del viaje hacia Dallas, guiado por la inquebrantable ilusión de ver a la Selección campeona una vez más.Este contenido fue producido por un equipo de LA NACION con la asistencia de la IA
Leer nota completa en La Nación Deportes →