Malezas resistentes: una marca demostró a campo el impacto de una solución que llegó tras 10 años de desarrollo

AZCUÉNAGA, Buenos Aires.- A simple vista, la diferencia era contundente. De un lado, las parcelas donde se habían aplicado las estrategias que hoy utilizan habitualmente muchos productores todavía mostraban plantas de raigrás sobrevivientes, rebrotes o nuevos nacimientos. Del otro, una franja aparecía prácticamente limpia. Solo se observaban los restos del cultivo anterior sobre la superficie y no había presencia visible de la maleza. Era la parcela donde Syngenta había aplicado la tecnología que acaba de lanzar al mercado y que, según la compañía, demandó más de una década de desarrollo.La imagen pudo verse en un campo de Azcuénaga, partido de San Andrés de Giles, en la provincia de Buenos Aires, donde la empresa mostró cómo respondían distintos tratamientos frente a una de las malezas que más preocupa a los productores: el raigrás resistente. La Argentina se convirtió en el primer país del mundo en aprobar Authence y su ingrediente activo, Virestina, que la compañía presenta como el primer herbicida selectivo para el control de malezas gramíneas resistentes en soja y algodón en casi 40 años. También puede utilizarse en presiembra en cereales y maíz.Las malezas resistentes se transformaron en uno de los principales dolores de cabeza de la agricultura. Según datos presentados por la compañía, estas especies ya afectan al 70% del territorio productivo argentino y pueden provocar pérdidas de rendimiento de hasta el 70%.Ni paz con el Mundial: la interna en la Rural entre Nicolás Pino y Marcos Pereda sumó otro capítulo de alto voltaje“Hoy las gramíneas representan más del 50% de lo que son las malezas en la Argentina. Hace más de 30 años que no aparecía una solución de este calibre”, afirmó Nicolás Gennaro, director de Marketing de Protección de Cultivos para Latinoamérica de Syngenta.En lugar de desarrollar primero una molécula y luego probarla sobre las malezas, la compañía decidió empezar por entender qué estaba pasando dentro de las plantas que sobrevivían a los tratamientos. Para eso puso en marcha un relevamiento en distintas regiones del país: técnicos recorrieron lotes con problemas de control, tomaron muestras de plantas sobrevivientes y las enviaron a un centro de investigación en Inglaterra para realizar estudios genómicos. “Antes de crear un producto identificamos cuáles son las mutaciones que le confieren resistencia a la planta para saber qué tipo de producto necesitamos crear”, explicó Nicolás Spinelli, ingeniero de Servicio Técnico de la compañía.En el caso del raigrás resistente se relevaron 69 poblaciones provenientes de Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos y Córdoba, más otras 162 poblaciones de gramíneas estivales como capín, echinochloa, sorgo de Alepo y eleusine. Con esa información la compañía construyó un mapa nacional de resistencias que permite identificar qué mutaciones predominan en cada región y entender por qué determinadas herramientas dejaron de funcionar en distintos lotes.Repoblar la Patagonia: la titánica misión para atraer familias y demostrar que un sueño no está perdido“Había lotes donde se atribuían los problemas de control al tamaño de la maleza o al momento de aplicación, y los análisis mostraban que en realidad existían resistencias que no habían sido identificadas”, señaló Nicolás Ranure, ingeniero del Servicio Técnico. “Con este mapa podemos saber si una población tiene una mutación, dos o más, y entender por qué determinadas herramientas ya no funcionan”, agregó Spinelli.Ese trabajo permitió dimensionar un problema que se volvió cada vez más complejo. La Argentina pasó de registrar una sola maleza resistente a comienzos de los años 2000 a contabilizar 28 biotipos resistentes en la actualidad, muchos de ellos con resistencias múltiples capaces de sobrevivir a distintos modos de acción. “Podemos estar en presencia de malezas que sobreviven a dos modos de acción diferentes, lo cual complejiza aún más el manejo”, explicó Ranure.El propio raigrás es uno de los ejemplos más claros. Fue sumando resistencias hasta volverse resistente a glifosato y a distintos grupos de graminicidas que históricamente fueron herramientas clave. Pablo Mainez, coordinador de Servicio Técnico Litoral y Norte de la empresa, señaló que el volumen de cletodim comercializado pasó de ocho millones de litros en 2018 a 26 millones en 2025. “No solamente aumentó la dosis, sino también el volumen utilizado y la forma en que el productor usa la herramienta”, explicó. Ante ese escenario, muchos productores tuvieron que modificar manejos, sumar aplicaciones e incluso cambiar estrategias productivas para intentar mantener los lotes bajo control.En las parcelas de Azcuénaga, la comparación era evidente. Donde se habían aplicado herramientas tradicionales todavía podían observarse plantas sobrevivientes o rebrotes. La estrategia con Authence mostraba niveles de control significativamente superiores. La recomendación de la compañía consiste en una aplicación inicial con glifosato o sulfosato junto con Authence y aceite, seguida aproximadamente 30 días después por una segunda aplicación con paraquat y un herbicida residual. “La propuesta es una aplicación secuencial que permita llegar a la siembra con el lote limpio y sin competencia de malezas”, explicó Mainez.En las zonas más afectadas las pérdidas de rendimiento pueden ubicarse entre el 40% y el 50%, y en situaciones extremas algunos productores directamente optan por no sembrar. “Hay casos donde directamente no se siembra. Si, además, es un campo alquilado, la pérdida puede llegar al 100%”, afirmó Spinelli.La elección de la Argentina como primer mercado para el lanzamiento estuvo directamente relacionada con la magnitud que alcanzó el problema local. “Hace más de diez años vimos que la resistencia en nuestro país iba a seguir creciendo y que necesitábamos desarrollar una molécula para enfrentarla”, explicó Gennaro. Tras el lanzamiento local, la compañía prevé avanzar con Brasil, otro mercado donde las malezas resistentes representan un desafío creciente.
Leer nota completa en La Nación →