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El convento de los bolsos de López: cómo está hoy, quiénes lo habitan, los objetos que quedaron y la leyenda del dinero enterrado
A diez años de la madrugada que dejó una de las imágenes más brutales de la corrupción, cómo es hoy la vida dentro del monasterio de General Rodríguez
La madrugada del 14 de junio de 2016, José López llegó al Monasterio Nuestra Señora del Rosario de Fátima, en General Rodríguez, con bolsos cargados de dólares, euros, pesos, relojes y un arma. Era el exsecretario de Obras Públicas del kirchnerismo y aquella escena se convirtió en una de las imágenes más brutales de la corrupción pública. En 2019, López fue condenado por enriquecimiento ilícito y portación ilegal de arma y en 2023, la Corte Suprema dejó firme esa condena.Desde entonces, el monasterio dejó de ser solo un monasterio. En el inconsciente colectivo pasó a llamarse “el convento de los bolsos” o el “Convento de los millones de López”. Pero detrás del portón, la vida continuó. Las monjas se fueron, la capilla quedó en silencio, el polvo cubrió todos los pasillos, los techos y las paredes empezaron a deteriorarse, hasta que otros llegaron a habitar esos restos. Los nuevos propietariosLuis Alberto Basili, de 63 años, se presenta como “el que responde por el lugar, el que lo cuida y el que decide quién entra”. Más tarde dirá que Bárbara Andino, su pareja desde hace diez años, es “la dueña” del antiguo monasterio.Cuenta que llegaron al lugar por un conocido que trabajaba allí. Luego, cuando el monasterio se ofreció en venta, decidieron comprarlo. Basili no precisa cuánto pagaron: “No fue barato ni caro. Es un lugar que, en el estado en que estaba, no tenía valor”, resume.Su relato no es del todo claro. Primero dice que lo compró, aunque más tarde asegura que es apoderado general de la Asociación Nuestra Señora de Fátima, entidad vinculada al monasterio.Basili dice que es “editor”, que es propietario de la antigua editorial Plus Ultra, hoy Lancelot. Fue la misma editorial que quedó vinculada al Caso Alderete, por la compra de libros con sobreprecios durante la intervención del PAMI por parte de Víctor Alderete, funcionario del menemismo. “Se armó tanto lío que nadie la quería, ¿y a quién llamaron? A mí”, recuerda.Antes, trabajaba en seguridad y custodia: cuidaba “personas, familias y casas”. Y se apura en aclarar: “No trabajé en la SIDE ni nada de eso”.Otra vez en los diariosEn julio de 2022, el monasterio volvió a ser noticia. Otra vez, apareció en las crónicas policiales cuando Interpol detuvo allí a Mario Alfredo Mingolla Mantrezza, sobre quien pesaba un pedido de extradición de la Justicia española. ¿El motivo? Presuntas estafas cometidas en Valencia y Madrid. “Es un amigo de toda la vida”, asegura Basili.Mingolla Mantrezza vivió un tiempo en el monasterio junto a su amigo. La tarde que llegaron los agentes de Interpol, Basili creyó que intentaban asaltarlo. “Pensé: son policías truchos, me quieren robar”, recuerda. Según su relato, fue el propio Mingolla quien lo tranquilizó: “No, vienen por mí”, le dijo.Hasta ese momento, Basili no sabía que su amigo era buscado por la justicia española. Nada dice de su pasado más oscuro. Según publicó Tiempo Argentino, Mingolla integró el Grupo de Tareas Exterior del Batallón 601 y tuvo también una condena en Brasil vinculada al narcotráfico.La “dueña”Bárbara Andino, de 39 años, es la pareja de Basili. En el monasterio, dice, encontró algo parecido a una vida de campo que tenía en su infancia: verde, animales, silencio y paz. Probó suerte en el mundo artístico como cantante, no le fue mal, pero ahora entrena para competir en una disciplina de fisicoculturismo. “Arranqué hace un año a generar masa muscular, con comida muy controlada, todo pesado con balanza”, cuenta. Dice el evidente cambio exterior nació en su interior, que tiene que ver con su historia, habla de dismorfia corporal, anorexia y bulimia. “La cabeza me hizo un click. A mí se me fue la ansiedad y la depresión”, asegura.López, las monjas y los objetos que quedaronLa historia del monasterio, sin embargo, no empezó con los bolsos. Antes de que José López saltara el muro con millones de dólares, el lugar ya estaba atravesado por nombres de peso. Allí pasó sus últimos años monseñor Rubén Di Monte, arzobispo emérito de Mercedes-Luján, que murió en abril de 2016, apenas dos meses antes del escándalo.Di Monte había cultivado relaciones cercanas con Carlos Menem en los años 90 y, luego, con el kirchnerismo. También fue mencionado como guía espiritual de Julio De Vido, el exministro de Planificación Federal.El nombre de José López aparece una y otra vez, aunque Basili y Bárbara aclaran que nunca lo conocieron. Sí dicen haber escuchado relatos de las religiosas que vivían allí y conservan algunos objetos de aquella etapa.-¿Qué les contaron de cómo era López con las monjas?Basili: -Era bien visto acá. Las hermanas me dijeron que siempre traía cosas. Acá todo el mundo traía donaciones.Andino: -Ese día ellas no sabían qué había en los bolsos. Él tenía trato directo con la hermana Alba y tenía que venir esa tarde, pero no se sabe por qué llegó a la madrugada. Cuando nosotros vinimos, el timbre tampoco sonaba acá, sonaba allá [señala otro sector del predio]. Entonces no lo escucharon y por eso él saltó la cerca. Las monjas se encontraron con un tipo en la galería. Lo conocían porque venía de visita.-¿Qué quedó de aquella época?Basili: -Quedaron cosas. Una pavita que López le había regalado a una de las hermanas. Anita nos la dio para que vuelva acá. También hay muebles, una mesa, cosas del monseñor, una agenda. Basili se pone de pie, revuelve un cajón y vuelve con una agenda entre las manos. Dice que la encontró en el convento y que perteneció al monseñor. La abre con cuidado, pasa algunas páginas y señala nombres escritos a mano. Aparecen políticos de primera línea. “Conocía a todo el mundo”, dice, como si ese objeto todavía guardara una parte de la historia secreta del lugar.El estado del predio-¿Qué encontraron cuando llegaron?Basili: -Estaba todo destruido. Si llovía, estando adentro era como si salieras afuera. Hay partes que siguen más o menos, algunas cosas arregladas, pero estaba muy deteriorado. Acá no entra nadie a trabajar. Yo trabajo solo: pinto, bajo techos, barro. No quiero que conozcan el lugar. No quiero que entre nadie.-¿Qué arreglos hicieron hasta ahora?Basili: -Arreglamos el techo de esta parte para que no llueva adentro. También hicimos baños, dormitorios, arreglos en los desagües. Había una falla que tenía años y no la habían encontrado. Estaba bajo tierra, a un metro cuarenta. Tenemos agua de pozo, gas natural y luz si no se roban los cables. Vamos avanzando por partes, haciendo lo que podemos. Si estuviéramos tirando manteca al techo ya estaría todo terminado, pero vivimos como todos los argentinos. Nos gustan mucho los muebles antiguos.La capilla sigue siendo uno de los espacios más sensibles del predio. Allí se concentraron parte de las imágenes más recordadas del operativo posterior al hallazgo de los bolsos. A su respecto, Basili tiene un límite claro.“Ahí no hicimos nada. Colgué la cruz, porque estaba tirada. Nada más. Primero hay que arreglar todo esto. Quiero volver a abrirla, pero católica. Vinieron evangelistas, musulmanes, todos vinieron a ofrecer sociedades, a alquilar, a hacer cosas. Les dije que no. Yo soy católico, apostólico, romano. Si esto es católico, apostólico y romano, tiene que seguir así”, dice.La leyenda del dineroDesde que ocurrió el caso de López, en 2016, circula la fantasía de que pudo haber quedado dinero enterrado o escondido en el predio. “Mucha gente viene y me dicen que saben dónde está la plata. Y yo les respondo: “Ok, buscala y dame el 10%. Pero si hacés un pozo, tapálo, porque sino te quedás vos adentro del pozo”. Y nadie vino a hacer pozo", dice Luis y Bárbara agrega: “No hay nada”.-¿Qué fue lo más extraño que escucharon al respecto?Basili: -Vino una persona que me volvió loco y trajo hasta una mujer con un péndulo buscando la plata. Ella juraba que había plata. Me insistió tanto que los dejé entrar. Cuando empezó a recorrer el lugar, en un momento, salió corriendo a los gritos porque decía que había entes malignos acá. ¡No sabés cómo corrían!-¿Y ustedes son supersticiosos?Basili: -Miedo a nada. Si tuviéramos miedo, no estaríamos acá.Los vecinos-¿Qué relación tienen con los vecinos?Basili: -Yo sinceramente no tengo relación con muchos vecinos. Con Jesús [el vecino que la madrugada del 14 de junio 2016 llamó a la policía] sí tengo relación, también con Víctor, que vive enfrente, y con Luisito, que está acá a la vuelta. Después, con nadie más, porque casi no saludan.Andino: -Yo salgo, vuelvo al mediodía y hago mi vida acá adentro.-¿Y cómo es vivir todos los días en un lugar con tanta historia encima? ¿Son felices acá?Andino: -Sí, si no, no estaríamos acá. A mí me encanta. En Pilar teníamos patio, pileta, quincho, pero ya estaba todo muy urbanizado. Habían hecho departamentos alrededor. Esto es distinto. Esto es quinta. Yo salgo al jardín y estoy rodeada de naturaleza.Basili: -A ella le gusta y a mí también. No se vende. Vinieron a ofrecer de todo y les dije que no. Ni les di tiempo a decir un número...Centinelas de la redenciónEl futuro del predio todavía no está completamente definido. Basili habla de una posible posada, de habitaciones, de algo medido. Bárbara imagina un lugar tranquilo, “a la vieja usanza”. Los dos coinciden en que no quieren convertir el monasterio en una explotación rápida del morbo.-¿Qué proyecto imaginan para el predio?Andino: -Puede ser un lugar para señoras, amigas, donde te sirvan el desayuno... una posadita, algo así, cuidado y tranquilo”, dice Bárbara.Basili: -Con el tiempo, que este lugar vuelva a ser lo que fue. No lo que fue con López, sino anterior a López. Que vuelva a tener sentido. Por ahora lo cuido.