Agroexportados: “Nueva Zelanda es un país de oportunidades”, define Daniel Vallejos, un joven de Florencio Varela que trabaja allá como esquilador y compitió en un mundial junto a los Messi de ese oficio

“El mundial fue increíble, conocimos y compartimos la competencia con leyendas, los Messi o Cristiano de la esquila, como Toa Henderson o Rowlan Smith, dos bestias, grandotes, musculosos, nosotros parecíamos hobbits al lado de ellos”, recuerda Daniel Vallejo, un joven argentino nacido y criado en el conurbano bonaerense, Florencio Varela, junto a sus padres y 12 hermanos más. Junto a uno de ellos se fue al sur de mochilero, aprendieron el oficio de esquilar y se fueron a hacer experiencia y ganarse el mango a Nueva Zelanda, donde el rodeo ovino duplica al argentino. El mundial fue en marzo pasado. 
Daniel, protagonista de otra hermosa historia de AgroExportados, considera que los neocelandeses son personas amables, respetuosas y aquel es “un país de oportunidades”. En 2022, junto a uno de sus hermanos, Lucas -dos años menor-, estaban esquilando en Chile y a través de un amigo se enteraron que estaban buscando gente en el país oceánico. Para ellos, esquilar es un arte.
Junto a Daniel Fagan, campeón de esquila.
-¿Qué te acordás de la infancia en Florencio Varela?  
-De la infancia en Varela tengo muchos recuerdos hermosos. Somos una familia grande, tengo 12 hermanos, 8 mujeres y, conmigo, 5 varones. Tuve una buena educación, nunca me faltó comida, tampoco amor y valores. Mis papás siguen juntos hasta hoy. El barrio era picante pero eso nunca fue una traba. Mi viejo hacía cuestiones administrativas en una papelera de reciclaje y mi vieja ama de casa. 
-¿Algún vínculo con el campo?
-Mi mamá es de Tucumán. Mi papá se fue de chico allá y la conoció. Trabajaba en una tabacalera. Y cuando se puso difícil se vino a Buenos Aires. Y ahí empezamos a nacer todos los hijos. Recuerdo que cuando éramos chicos fuimos a visitar a la familia de mamá y quedé fascinado con el campo. 
-¿Qué edad tenías cuando te fuiste con tu hermano de mochilero al sur y arrancó el periplo? ¿Por qué se fueron? 
-Cuando me fui con Lucas al sur tenía 22 años recién cumplidos. Lucas tendría 19. Fue cómico porque yo en realidad, ya venía viajando, había hecho Uruguay, Brasil, y tenía el sueño de ir al sur con mi viejo. Hacía malabares en los semáforos y con eso me mantenía. Y a mi viejo se le ocurrió invitarlo a Lucas también. Y arrancamos. 

-¿Qué idea tenían cuando partieron? ¿Se imaginaban lo que pasó después o se fueron con tantos otros que salen de viaje?
– La idea era primero ir al sur y después al norte. Lucas tocaba la guitarra en la calle y así ganábamos unos mangos. Agarramos un tren y le metimos. Nunca nos imaginamos todo lo que pasó después. 
-En algún momento cruzaron a Chile. ¿Qué te quedó esa experiencia? 
-Muy bonita. Siempre nos trataron bien. Con respeto. Nunca tuvimos problemas con nada. Nos abrieron las puertas. Y lo de las ovejas se dio. Argentina estaba difícil para conseguir trabajo. Fue una gran experiencia. Estoy muy agradecido de Chile, porque empezamos a ganar unos mangos. ¡Imaginate que la vuelta a Argentina ya fue en avión! 
-¿Y lo de Nueva Zelanda? ¿cómo surgió? 
-Una vez que entramos al oficio de esquilador empezamos a ponernos en la cabeza irnos a Nueva Zelanda. La idea fue viajar por el mundo. Ya teníamos un oficio para ganarnos el mango. Pero Nueva Zelanda fue gracioso porque surgió de una charla, una noche, con un amigo que había estado allá y tenía un contacto, le dijimos medio en chiste que sí, él preguntó, le dijeron que necesitaban esquiladores y arrancamos. Fue una decisión del destino. 

-¿Dónde se instalaron?
-Fuimos a Geraldine (un pueblo de unos 3000 habitantes), al suroeste de la isla sur. Cuando vimos el campo nos quedamos fascinados. La gente super amable, humildes, respetuosos, conviven maoríes -pueblo indígena neocelandés que representa el 17% de la población- y “kiwis” -neocelandeses- juntos. Los maoríes son gente amorosa, ¡Son gigantes! Tienen un corazón enorme. Son muy legales, te pagan bien. 
-¿Cómo es la dinámica de trabajo? 
-La podría definir como relajada. Son cuatro cuartos de dos horas. Arrancás a las 7 hasta las 9, tenés media hora de descanso. Volvés a empezar 9.30 hasta 11.30 y cortás para almorzar una hora. Retomás 12.30-14.30; parás para un “smoko”, así le llaman acá break laboral para tomar un café y comer algo). Retomás dos horas más y ya. Terminás 17.30. Entre que ordenás todo llegás a tu casa 19-20 horas. Y cuando llegás hay que lavar las herramientas, afilarlas, y lavar nuestras ropas. Pero siempre todo bastante relajado. Se trabaja por temporada, junio empieza la temporada de pre parto. Se esquilan ovejas preñadas. Dura dos a tres meses y si tenés que trabajar de lunes a lunes lo hacés. Después hay momentos que corta la temporada y tenés un mes de relajo.





-¿Decime dos o tres claves para una buena esquila? Cosas que un buen esquilador no puede dejar de lado.
-Siempre con respeto por el animal y las personas que trabajan con vos. Mantener un ambiente sano y agradable es fundamental. Algo más técnico, que los de la elite saben que no pueden faltar, es el patrón de esquila (N de la R: es una técnica estandarizada de movimientos que indica al esquilador por dónde empezar a cortar la lana y cómo debe ser la trayectoria). Y ser consciente todo el tiempo de lo que estás haciendo, porque podés lastimarte vos, la oveja o tu compañero. Un esquilador tiene que estar siempre concentrado para que este salga bien porque “el diablo siempre anda a las vueltas” (se ríe). 
-Participaste junto con tu hermano hace unos meses del Mundial de Esquila. ¿Qué destacás de esa experiencia?
–El mundial fue increíble. Una semana de pura diversión, experiencias, anécdotas, hicimos un montón de amigos, aprendimos muchas cosas. No nos fue como queríamos, pero competimos contra esquiladores que tienen más de 25 años en esto. Fue un sueño para nosotros, y aprendimos mucho. Conocimos a leyendas de la esquila, como competir con los “Messi” o “Cristiano” de nuestra actividad. Gente que veía en videos y las tenía ahí. Por ejemplo, Sir David Fagan, ocho veces seguidas campeón mundial, o Toa Henderson, que fue campeón del Golden Shears Open. O el que ganó el mundial, Rowlan Smith, que tiene récords de más de 600 ovejas. Los dos son neocelandeses. Son bestias. Grandotes, musculosos, nosotros parecemos hobbits al lado de ellos. 

-¿Se gana bien esquilando allá? 
-El precio depende el arreglo que hayas hecho, pero por lo general es de 2 a 3 dólares neocelandeses por oveja (1 dólar estadounidense equivale a 1,71 dólares neocelandeses). Si es carnero te pagan el triple. Es buena plata, uno de los sueldos más importantes en Nueva Zelanda, porque es un trabajo que se necesita mucho. Es una plata que te deja vivir y ahorrar. 
-Estás en pareja y tenés una hija allá. 
-Con Flor nos conocemos hace como 9 años. Viajamos juntos por Córdoba de mochileros y siempre fue muy buena amiga por mucho tiempo, hasta que un día nos pusimos de novios. Hace cuatro años nació nuestro retoño, Sarah. Yo me vine a Nueva Zelanda cuando Sarah tenía casi un año. Era normal, incluso hacer temporada en Chile y volver a casa. Cuando vi la calidad de vida que podíamos tener acá ni la pensé. así que volví, hicimos los papeles para que vinieran las chicas y desde el año pasado, fue todo una travesía pero lo logramos, alquilamos una casa en Geraldine en la isla sur y somos felices.

-¿Qué saben de Argentina? 
-Siempre me hablaron bien de los argentinos. Lo primero que te dicen es de los Pumas, el rugby, nos tienen bien catalogados. Los maoríes ven a los Pumas como guerreros, como ellos. 
-¿Qué fue lo que más te sorprendió de Nueva Zelandia? Como país, las costumbres, las reglas, la gente, las formas… ¿Cómo son? 
-Son todos muy dados, humildes, siempre me trataron muy bien y demostraron cariño por nuestro país y por la gente latina. 
-¿Deportes? ¿Te gusta alguno? 
-Me gustan todos. El favorito es el de esquilar.. je, je. Me gusta el fútbol, aunque no lo juego mucho porque mi trabajo depende de mí físico. Y si me lastimo no puedo esquilar. 

-Te toca estar allá durante un mundial de fútbol. ¿Cómo lo viven allá?
-Acá no le dan mucha bola. Son más de rugby, eso los apasiona. Pero si, estamos viendo partidos. Siempre trato de juntarme con algún amigo argentino. 
-¿Extrañás algo de la vida en Argentina?
-Algo que se extraña son los horarios que se manejan para alimentarse. Acá se acuestan muy temprano, tipo 20 horas. Y la comida en sí, además, obvio, de la familia. 
-¿Qué comidas extrañás?
-La comida que más extraño y mi favorita es el guiso de arroz con pollo que hacía mi mamá… Lo pienso y me emociona. ¡Cómo lo extraño! También las empanadas y las milanesas, que las podemos hacer acá, pero no se compran en cualquier lado. 
La historia de Arsenio Saihueque, un experimentado esquilador que compitió en tres mundiales, diseñó un método propio para los guanacos, y hoy sueña con mostrar su recorrido en un museo propio en Gobernador Costa

-¿Qué comida incorporaste que antes no comías en Argentina y conociste allá?
-El tocino de cerdo con huevos en el desayuno. Eso con mate y a laburar. 
–¿De lo que has conocido, ¿qué lugar recomendarías para un argentino que quiera ir para allá de turista?
-Donde estamos viviendo, Geraldine, en Canterbury, es hermoso están las montañas que creo son las más grandes de la isla sur. 
-¿Qué le recomendarían a alguien que tenga en la cabeza hacer una experiencia como la de ustedes? 
-Le recomendaría que tenga en cuenta el idioma. Lo mejor es venir sabiendo inglés. También venir con la mente abierta y que estudien las leyes con las visas y todo eso. Es un país de oportunidades, muy bueno para venir a probar suerte, para vacacionar también. 

-¿Cambiarías o ajustarías algo del camino que has hecho para que sea mejor?
-No cambiaría nada, yo creo que todo lo que pasó, para bien o mal, me trajo hasta el punto donde estoy. Cada experiencia, cada amigo, cada mano que estreché me llevó hasta acá. 
-¿Cómo imaginas el futuro? ¿Proyectas volver?
-El futuro lo tenemos lleno de proyecciones. Nos gustaría volver a casa, pero tanto mi f
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