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Lo que mata: fantasmas del pasado regresan bajo la forma de un thriller hipnótico
La película designada por Canadá para la competencia en el Oscar de este año explora los cimientos de la cultura patriarcal en un profesor universitario que regresa a Turquía luego de sus estudios en los Estados Unidos
Lo que mata (Öldürdügün Seyler, Turquía/Canadá/Polonia/Francia - 2025). Guion y dirección: Alireza Khatami. Fotografía: Bartosz Swiniarski. Edición: Selda Taskin, Alireza Khatami. Elenco: Ekin Koç, Hazar Ergüçlü, Erkan Kolçak Köstendil, Selen Kurtaran, İdil Engindeniz, Ercan Kezal. Calificación: No disponible. Distribuidora: Kligger. Duración: 114’. Nuestra opinión: buena. Hay un sueño que se repite en Lo que mata. Un sueño que luego se convierte en pesadilla. En ambas ocasiones termina con la misma frase: ‘Apaga la luz’. Y la pantalla se tiñe de rojo sangre, infinita y encendida. La idea de la repetición es esencial en Lo que mata, coproducción turco-canadiense dirigida por el cineasta iraní Alireza Khatami, en un juego permanente de sombras y duplicaciones. Si bien la búsqueda se torna ostensible de entrada -la exploración de los cimientos patriarcales en la cultura de la región-, la forma cinematográfica esquiva el realismo tradicional y lo sustituye por un thriller extrañado, algo místico. 3 starsEn una primera visión parecía hacer eco -en esto de las repeticiones- con una película impensada: Mafioso (1962), de Alberto Lattuada, aquella en la que Alberto Sordi interpretaba a un obrero del norte de Italia, ajustado al cronómetro de la fábrica y las aspiraciones de una economía moderna, en su regreso estival al Sur, asediado allí por mandatos de sus raíces, por la omertà de la Mafia y los deberes de una deuda que adquiere los contornos de la peor pesadilla. Es cierto que Lattuada comenzaba en clave de commedia all’italiana para luego derivar en un oscuro policial de ecos terroríficos, y Khatami cultiva un tono único, compacto, que se despliega en un doblez para regresar luego al punto de partida; sin embargo, ambos comparten a sus personajes de regreso, haciendo lo impensado, como en un mal sueño. Ali (Ekin Koç) ha regresado hace un tiempo a Turquía luego de sus estudios de Literatura Comparada en los Estados Unidos. Enseña traducción en la universidad, está en pareja con Hazar (Hazar Ergüçlü) a la búsqueda de su primer hijo, y cuida con esmero un árido jardín en las afueras de la ciudad. Lo que más le preocupa es el estado de salud de su madre, a la que visita, lleva víveres y asiste desde su regreso. Pero su presencia despierta la incomodidad de su padre, quien se siente observado, juzgado por sus recurrentes salidas, reacio a cualquier intromisión en las reglas que rigen bajo su techo. En un punto de quiebre, tres hechos parecen encadenarse sin motivo aparente: la muerte de la madre en un episodio confuso que despierta sospechas en Ali; el descubrimiento de que las dificultades para convertirse en padre tienen raíz en su biología y no en la de su mujer; y la aparición de un hombre misterioso en el jardín, un viajero sediento que pronto se convertirá en un asistente imprescindible. Como ocurría con Sordi luego de su regreso a Sicilia, también Ali se introduce en una nueva dimensión tras la muerte de su madre y la disputa con un padre que siempre le infundió miedo y repudio. Pero Khatami esquiva cualquier atisbo de la sátira para tensar los límites del realismo a través de la tragedia más ancestral, forjada en un pasado que lo persigue y un futuro que no logra avizorar. Si bien la película puede tornarse algo manipuladora en algunos de sus giros, dejando al simbolismo latir casi en simultáneo con el drama de sus personajes, elude los golpes bajos, consigue a fuerza de rigor una puesta convincente y efectiva, y declina la tentación de ofrecer respuestas simples a asuntos complejos. La repetición adquiere entonces un devenir inquietante. ¿Cuál es la verdadera tragedia detrás de la premonición? ¿No poder detener los acontecimientos anunciados o ni siquiera reconocer nuestra complicidad con ellos? Ali deberá buscar en su propia sombra el anuncio que el sueño le ha traído, y entender que el futuro a menudo anida en el propio pasado.