Zarpado: El plazo promedio de cobro de los productores de uvas para vinificación se duplicó en los últimos tres años
La vitivinicultura argentina no está en su mejor momento. Consumo en descenso tanto en el mercado interno como externo. Costos crecientes medidos en dólares. Y un tipo de cambio intervenido que resta competitividad a las exportaciones. ¿Puede haber algo peor? La respuesta, lamentablemente, es afirma...
La última Encuesta SEA CREA realizada en mayo pasado en la región Valles Cordilleranos muestra que el 47% de los empresarios vitivinícolas consultados indicó que espera una menor producción de vino este año, mientras que el 60% dijo que comprará menos uvas que en 2025; se profundiza así la tendencia registrada el año pasado.
Esos números reflejan que una porción de los viñedos está saliendo de producción, ya sea porque son abandonados o arrancados, para así poder ir ajustando la oferta a la demanda.
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Lejos de tratarse de una particularidad argentina, la caída progresiva del consumo de vinos es un fenómeno que se replica en la mayoría de los países productores de la bebida.
Los precios de las uvas con destino a vinificación –medidos en pesos constantes ajustados por inflación– este año son más bajos que en el período anterior a la pandemia de Covid-19. Un fenómeno similar se registra con el valor de los vinos.
La cuestión es que el plazo promedio de cobro informado por los productores de uvas para vinificación pasó de 96 días en la campaña 2024 a 168 días en el año 2025, mientras que este año siguió aumentando para ubicarse en 192 días. En lo que respecta a productos de bodega (mosto y vino), el plazo medio de cobro pasó de 75 a 102 y 145 días en los últimos tres años.
Es decir: el sector vitivinícola no sólo registra un problema económico, sino también financiero, porque los plazos de cobro no dejan de extenderse año tras año.
En ese marco, un 89% de las empresas vitícolas encuestadas manifestó que espera para el próximo año un deterioro del resultado económico, mientras que esa proporción es del 67% en el caso de las empresas vitivinícolas.
Lo releva lente de la encuesta es que un 11% de los productores y un 33% de las bodegas están buscando la manera de mejorar los márgenes de rentabilidad en un entorno por demás complejo. Una lección de que siempre se puede hacer algo cuando parece que no puede hacer nada.
Al sumar al resto de las actividades de la región –olivos, nogales y frutales– un 57% de los encuestados consideró que el contexto no es adecuado para planificar inversiones, mientras que apenas el 20% consideró que es un buen momento para encararlas.
En tanto, un 71% de los empresarios indicó que debió aumentar el nivel de endeudamiento para poder mantener operaciones. Se trata del registro más elevado del último lustro. Entre las acciones instrumentadas, las principales fueron aportes de socios o de otras actividades no agropecuarias, refinanciaciones y liquidación de stocks o activos.