Casada con Ramón Bautista “Palito” Ortega (85) desde hace casi sesenta años –dieron el “sí, quiero” el 27 de febrero de 1967–, Evangelina Salazar (80) es una de esas mujeres que se jugó todo por su deseo. Y ganó. Porque junto con el popular cantante construyó una historia de amor que resistió el paso del tiempo, marcada por la confianza y la entrega, y armó una familia –seis hijos, siete nietos–, que los unió aún más. En 1965, cuando conoció al artista más exitoso del momento, ella era una actriz en ascenso (había nacido en Buenos Aires, el 15 de junio de 1946), y ese encuentro sería definitivo en la vida de los dos: se vieron en el set de filmación de la película Mi primera novia –los habían convocado para ser los protagonistas–, y el flechazo fue inmediato, aunque desparejo. “De entrada Evangelina no me daba mucha bolilla”, contó Palito. Ella, en cambio, dijo con una sonrisa: “Yo me enamoré primero; él era tímido”. Según testigos de aquel flirteo, en los primeros días de rodaje casi ni se miraban, hasta que tuvieron que filmar una escena de baile: en ese instante Ramón se dio cuenta de que estaba enamorado de su compañera de elenco. A partir de ahí, y durante los tres meses que duró el rodaje, él la llamó por teléfono cada día. Al término de la filmación, Palito le pidió si podía llevarla a su casa en auto y Evangelina aceptó. Manejó por avenida del Libertador y frenó en la puerta de un edificio. Bajaron del auto y la llevó hasta un departamento del piso 10. Fue entonces cuando apareció el encargado y dijo: “Señor Ortega, le quería comentar que ya tengo un posible comprador para su departamento”. Y el cantante rápidamente respondió: “No se haga problema, al final no lo voy a vender porque me voy a casar y voy a vivir acá”. Así, contra el mandato de sus padres y sacrificando su promisoria carrera de actriz, Evangelina aceptó casarse con el amor de su vida y retirarse de los sets y los escenarios para formar una familia, su gran sueño, y ser el sostén de la carrera de Ramón. Esa entrega incondicional de parte de ella marcó el tono de su vida en común: la chica rubia, hermosa, de aspecto inmaculado y modales suaves dejó de lado los flashes sin mirar atrás y priorizó su felicidad personal: “Nunca tuve ganas de retomar mi carrera”, aseguró en varias ocasiones. Un año después se casaron en la que fue la primera boda transmitida en vivo por televisión, y Pipo Mancera relató la ceremonia, que alcanzó números récord de audiencia. CASI UNA BODA REAL Eran la pareja del momento: la prensa los perseguía como si fueran de la realeza. El 27 de febrero de 1967 se casaron por Civil en el Registro Civil de la calle Arcos 1950, y el 2 de marzo sellaron su amor con una ceremonia religiosa celebrada en la Abadía de San Benito de Palermo, donde se había dado cita una multitud de fans del autor de “Yo tengo fe”. Mientras el novio y su padrino, el jockey Irineo Leguizamo, esperaban en el altar, una emocionada Evangelina, vestida como una princesa de ensueño, avanzaba por el pasillo del brazo de su padre, Manuel, rodeada por un enjambre de fotógrafos que apenas la dejaban caminar. Ya convertidos en marido y mujer, festejaron en los salones del Tiro Federal Argentino junto a seiscientos invitados entre amigos, familiares y famosos, y todo estuvo a la altura de las expectativas: el maestro Oscar Toscano recibió a los novios con la “Marcha nupcial” interpretada por veinte solistas, la torta medía más de un metro de alto, tenía cinco pisos y pesaba dieciocho kilos, y en un momento de la noche, Palito le dedicó a su flamante mujer la célebre “Un muchacho como yo”, con la voz quebrada de emoción. Hubo luna de miel en Acapulco.Entre 1969 y 1985 tuvieron seis hijos: Martín, Julieta, Sebastián, Emanuel, Luis y Rosario. Todos talentosos y vinculados al arte. “A mis hijos los dejé ser y ellos me moldearon a mí con el paso del tiempo”, contó Evangelina en más de una ocasión. Y no caben dudas de que la maternidad terminó de consolidar su rol como el “corazón” de la familia Ortega. Hace un tiempo confesó que se divierte con su marido y que una de las claves de su relación es la paciencia: “Soy conversadora y él habla poco, pero tuvimos una cosa que nos ayudó muchísimo: yo nunca quise otra cosa que lo que soy y lo que tengo. La familia”. JUNTOS EN LAS BUENAS Y EN LAS MALAS En 1981, Palito trajo a Frank Sinatra a cantar al país, una aventura que, vaivenes del dólar mediante, le costó caro a la pareja: quedaron en bancarrota. Inmediatamente Evangelina tomó la iniciativa y la familia Ortega se mudó a Miami, para volver a empezar. El propio Sinatra les consiguió departamento, colegio para los hijos y conexiones en las cadenas latinas que le permitieron a Ramón empezar a trabajar inmediatamente. Se reinventó como productor de televisión y buscador de talentos con su productora Chango, y en poco tiempo se recuperó económicamente. Una vez más su mujer fue clave: no sólo lo apoyó en todas sus decisiones, sino que también mantuvo en orden el frente interno. Pero el destino les tenía preparado otro desafío y la vuelta a Argentina: en 1991 Ramón Ortega se postuló como candidato a gobernador de Tucumán, su provincia natal, por el Partido Justicialista. Su mujer y sus hijos lo acompañaron en toda la campaña, y Palito se convirtió en el hombre fuerte de la provincia. En marzo de 2017 celebraron sus bodas de oro con una fiesta en el Faena Hotel que les regalaron sus hijos. En esa oportunidad, antes de que él la besara apasionadamente, Evangelina declaró: “El amor para toda la vida existe. Ramón fue mi primer beso, mi primer novio y mi único hombre”. Hoy alternan los días entre su departamento porteño y su chacra de Luján, siempre rodeados de su familia numerosa, y el año que viene celebrarán sesenta años de amor. Un amor que, según ella, tuvo una construcción paciente y genuina. “Somos una pareja que nunca se gritó. Cuidé toda la vida nuestra relación; yo tuve que trabajar más que él en la pareja, pero nunca fui celosa. Siempre confié en Ramón”, aseguró.
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Evangelina Salazar cumplió 80. La historia de la mujer que dejó todo para formar una familia junto a Palito Ortega
Contra la voluntad de sus padres, sacrificó su carrera de actriz y nunca se arrepintió