La Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA) difundió una nueva edición de su informe sobre participación del estado en la renta agrícola.
Los datos de junio dejan miradas tanto positivas como negativas para el bolsillo del productor: por ejemplo, que, si bien se redujo desde el 62,5% registrado en marzo pasado, el peso de los impuestos sigue siendo alto en la ecuación económica del productor o contratista, ya que en promedio se llevan el 61,9% de lo que genera una hectárea.
En este contexto, los valores son disímiles para los diferentes cultivos medidos:
Soja: 61,7%
Maíz: 59%
Trigo: 73,6%
Girasol: 68,1%
EL TRIGO, MÁS ALIVIADO
A la luz de estos guarismos, quizás el más relevante está vinculado al trigo, puesto que la siembra está en sus primeros pasos y hay productores que aún están diciendo si implantan o no.
Aunque es el cultivo con mayor presión fiscal en este momento –el Estado se está llevando casi $ 74 de cada $ 100 de una hectárea, lo que equivale a casi $ 3 de cada $ 4–, tuvo una reducción notable frente a marzo, cuando el indicador superaba el 100%.
En aquel entonces, cuando ocurrió la fenomenal suba de la urea a raíz del conflicto bélico en Medio Oriente, los costos se dispararon de tal manera que los impuestos se llevaban todo e incluso más de lo que generaba una hectárea.
El trigo, en zona roja: con la suba de costos, los impuestos se llevan más del 100% de la rentabilidad
“Aunque el trigo es uno de los cultivos con mayor peso de impuestos, mostró una mejora respecto a marzo, cuando el indicador había alcanzado el 104,4%”, repasó Fiorella Savarino, economista de FADA.
Además, “el trigo y el girasol se beneficiaron por subas de precio, y en trigo también influyó la baja de retenciones”, acotó Antonella Semadeni, también investigadora de la Fundación.
En el caso del cereal, el valor por tonelada actual está 15,5% por encima de marzo y supera por un 6,8% a junio del año pasado, lo que se combina con la reducción del 7,5% al 5,5% de la alícuota de derechos de exportación.
“La combinación de mejores precios y la baja de retenciones ayudó a los números del trigo, aunque los costos todavía siguen teniendo un peso importante”, sintetizó Savarino.
LA EVOLUCIÓN DE LA UREA, UN TEMA CLAVE
En este contexto, un aspecto que se mira con mucha atención tanto en el trigo como en el maíz es la evolución del precio de la urea, uno de los fertilizantes más utilizados en la agricultura argentina.
Aunque en las últimas semanas comenzó a bajar, aún mantiene en lo que va del año un alza acumulada del 48%, efecto de la guerra de Medio Oriente y el bloqueo del estrecho de Ormuz.
Así, la relación entre insumos y producción refleja esta situación complicada para los números de los cereales: actualmente se necesitan 4 toneladas de maíz para comprar una tonelada de urea, mientras que para el trigo se requieren 3,4 toneladas.
Expectativas renovadas para el trigo: la urea sigue bajando y la siembra recupera hectáreas
En el caso del maíz, el problema es que su precio apenas se ha movido en las últimas semanas: solo se incrementó 1,2% frente a marzo, con costos que escalaron a mayor velocidad.
Entre ellos, los fletes registraron una suba del 26% en tres meses y del 37,3% en la comparación interanual, lo que constituye un factor clave ya que el transporte tiene un peso particularmente alto en los costos de este cultivo, debido a su mayor rendimiento por hectárea.
LOS IMPUESTOS QUE PAGA EL CAMPO
Por otro lado, Fada describe en su reporte que la plata que le queda al productor después de pagar los costos se divide en tres:
Los impuestos que se pagan (61,9%)
El valor de quienes alquilan la tierra para producir (29,7%)
La ganancia (8,5%)
En tanto, del total de impuestos que afronta una hectárea agrícola:
El 56,7% corresponde a impuestos nacionales no coparticipables, principalmente derechos de exportación e impuesto a los créditos y débitos bancarios
Los impuestos nacionales coparticipables entre Nación y provincias representan el 32,9%
Los impuestos provinciales explican el 9,3%
Los municipales, el 1,1%.
“La mayor parte de los impuestos corresponden a nacionales no coparticipables. Esto significa que los recursos salen de las regiones productivas y no vuelven de manera directa a las provincias donde se generan”, explican desde FADA.
Y también detallan que, así como los índices no son iguales para cada cultivo, tampoco lo son para cada provincia: mientras el promedio nacional está en 61,9%, el indicador baja a 60,2% en Córdoba, 59% en Buenos Aires, 55,6% en Santa Fe, 58,9% en La Pampa y 58,2% en San Luis, mientras que crece hasta 65,5% en Entre Ríos.
Las diferencias entre provincias tienen que ver con diversos factores, como los costos de producción, los fletes y los impuestos provinciales y locales que se aplican en cada caso.
EL INFORME COMPLETO
Agro & Campo
¿Incentivo para la siembra?: la suba de precios y la baja de retenciones le quitan ahogo fiscal al trigo
En marzo, la participación del estado en la renta agrícola medida por FADA había llegado al 104,4% para el trigo, como consecuencia fundamentalmente del alza de costos. Ahora el indicador sigue alto, pero bajó al 73,6%.