Especialistas alertan sobre un tipo de violencia “invisible” que afecta a los adultos mayores, especialmente a los más longevos

El maltrato hacia las personas mayores suele asociarse a golpes, insultos o agresiones explícitas. Sin embargo, muchas de sus formas más frecuentes son sutiles: decisiones tomadas sin consultarles, pérdida de autonomía, infantilización o negligencia en los cuidados. En el Día Mundial de Toma de Conciencia sobre el Abuso y Maltrato en la Vejez, que se conmemoró ayer, especialistas advirtieron sobre esta problemática, que suele permanecer oculta. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), una de cada seis personas mayores de 60 años sufrió algún tipo de abuso durante el último año, mientras que dos de cada tres trabajadores de instituciones de cuidado reconocieron haber incurrido en alguna forma de maltrato. En la Argentina, la dimensión del problema también se refleja en las consultas que recibe la Defensoría de la Tercera Edad de la Ciudad de Buenos Aires: entre 200 y 400 denuncias por día vinculadas a situaciones que van desde dificultades económicas extremas hasta negligencia en los cuidados.Los especialistas advierten que gran parte de estas situaciones no se manifiestan mediante agresiones físicas. La pérdida de autonomía, la infantilización, las decisiones tomadas sin consulta, la sobreprotección, el agotamiento de los cuidadores o las dificultades para acceder a medicamentos y vivienda son algunas de las formas invisibles de violencia que siguen naturalizadas. También preocupa el uso inadecuado de sujeciones físicas o químicas y los desafíos que plantea una población cada vez más longeva, donde crece la cantidad de personas mayores que viven solas y requieren nuevas formas de acompañamiento. Para Eugenio Semino, defensor de la Tercera Edad de la Ciudad de Buenos Aires, una de las expresiones más extendidas y menos reconocidas del problema es el denominado “maltrato estructural”. “Es extendido y poco mencionado. Cuando un Estado paga menos de lo que es una canasta, el jubilado está siendo maltratado”, sostuvo.Según explicó, una gran parte de los reclamos que recibe la Defensoría están relacionados con necesidades básicas insatisfechas. Y agregó: “Tenés ahí todas las formas de maltrato, porque tenés el tipo que no puede comprar los medicamentos y el tipo que queda en la calle porque no puede pagar el alquiler, entre otros”.Más allá de los problemas económicos, los especialistas coinciden en que muchas situaciones de abuso ocurren dentro de los propios entornos de cuidado. Semino advirtió que buena parte de los episodios de negligencia están vinculados al agotamiento de quienes asisten a personas mayores con dependencia.“El 90% de quienes cuidan son mujeres, cuidadoras informales o formales, todas mal pagas y muy sacrificadas”, afirmó. A su juicio, la sobrecarga física y emocional puede derivar en conductas que no necesariamente responden a una intención de daño, pero que afectan la calidad de vida de las personas mayores. “El maltrato doméstico mucho tiene que ver con el estrés de la cuidadora”, señaló. Y ejemplificó actitudes como no cambiarle el pañal o no darle la medicación de la noche. Decisiones, tiempos y deseosDesde Centro Hirsch coinciden en que muchas de las formas más frecuentes de maltrato son invisibles. Carolina Díaz, directora médica de la institución, sostiene que el problema suele expresarse a través de conductas que limitan la autonomía o desconocen la voluntad de la persona mayor. “Tomar decisiones sin consultar a la persona, ignorar sus preferencias, restringir su participación en actividades o no respetar sus tiempos y deseos son formas frecuentes de vulneración de derechos que muchas veces pasan desapercibidas”, explicó.La especialista remarcó que existen factores que aumentan la vulnerabilidad frente al maltrato, entre ellos el aislamiento social, la dependencia física, el deterioro cognitivo, la falta de redes de apoyo y la dependencia económica. También advirtió sobre el uso inadecuado de las llamadas sujeciones físicas -ataduras- o químicas -sedantes-. Aunque durante años fueron utilizadas para prevenir caídas o controlar determinadas conductas, hoy se sabe que pueden provocar pérdida de autonomía, deterioro funcional y un mayor riesgo de complicaciones.InfantilizaciónOtra forma frecuente de violencia es la infantilización. Consultado sobre la tendencia a sobreproteger a las personas mayores, Semino respondió de manera contundente: “Se lo infantiliza”. Según explicó, muchas veces el temor frente a la fragilidad termina anulando la capacidad de decisión de personas que continúan llevando una vida activa.La problemática adquiere una dimensión aún mayor en un contexto de envejecimiento poblacional. “Hoy un tipo de 60, 70 años tiene una expectativa de vida por delante de 15, 20, 25 años más”, recordó el especialista. En este escenario, Díaz señaló que cada vez más personas mayores viven solas mientras sus familiares trabajan o residen lejos, una realidad que obliga a repensar las estrategias de acompañamiento. “Observamos una demanda creciente de orientación y seguimiento a distancia. Muchas familias quieren acompañar, pero no siempre pueden estar presentes físicamente todos los días”, explicó.HerramientasEn ese escenario, Díaz consideró que las herramientas digitales pueden convertirse en una aliada para cubrir algunas de las dificultades que enfrentan hoy las familias. “Cada vez vemos más personas mayores que viven solas y familiares que, por cuestiones laborales o de distancia, no pueden acompañarlas de manera presencial todos los días. Por eso creemos que es importante aprovechar la tecnología para brindar orientación, seguimiento y espacios de estimulación que complementen el cuidado cotidiano y ayuden a sostener la autonomía”, señaló.
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