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España extrañó a Lamine Yamal, Cabo Verde le cerró los caminos y el cartel de favorito ya no está tan firme
Uno de los principales candidatos para ganar el Mundial pateó 27 veces y tuvo una posesión del 74%, pero no pudo quebrar el cero en su debut por el Grupo H
Josimar Dias, “Vozinha”, para el mundo del fútbol, 40 años, arquero del Chaves que fue noveno en la segunda división portuguesa, guardará en su memoria el tesoro de las cuatro atajadas que lograron mantener invicta su valla. Diney Borges, 31 años, marcador central del Al Bataeh que acaba de irse al descenso en la liga de Emiratos Árabes, podrá contar toda su vida que en su debut en una Copa del Mundo no se equivocó nunca para rechazar o bloquear centros y remates; ni para quitarle la pelota a los cotizados rivales que tenía enfrente. Solo se lamentará por ese remate de cabeza del minuto 90 que pudo elevarlo a la categoría de héroe nacional pero le salió muy débil y centrado.Vozinha y Borges se quedaron con todos los focos, los aplausos y los abrazos en el tan esperado debut de España en el Mundial. Fueron los estandartes de Cabo Verde, las figuras de un 0 a 0 tan sorpresivo como absolutamente merecido, logrado a base de orden, sacrificio, concentración y limpieza (1 sola falta cometida en cien minutos de juego).Si a través de siglo y medio de existencia, el fútbol se fue convirtiendo en un fenómeno inigualable es, también, por este tipo de situaciones. La selección de un país de tamaño minúsculo, el tercero más pequeño en superficie en disputar un Mundial en toda la historia, puede amargarle la tarde a una potencia. Un grupo de jugadores cuya cotización total apenas representa la cuarta parte de la que tiene la máxima estrella del rival puede quedarse con el festejo. Son muy pocas, si acaso existe alguna otra, las actividades humanas capaces de superar en carácter contracultural a un juego maravilloso e impredecible.España, el candidato supremo que dictan los entendidos desde el empirismo y la tecnología desde la inteligencia artificial, sufrió la frustración de arrancar la competición con el paso cambiado, o tal vez peor aún, un golpe en la autoestima del que habrá que ver cómo se recupera. Tampoco es novedad: los estrenos mundialistas de la Roja suelen ser un karma no siempre emparentado con el destino final: el recorrido que en Sudáfrica 2010 terminó con el título había comenzado con un 0-1 frente a Suiza.En todo caso, nada de lo que pase de ahora en adelante podrá borrar un punto de partida decepcionante por donde se lo mire. El equipo dirigido por Luis De la Fuente expuso sobre el césped un discurso plano e insulso, más allá de que tuvo el 74% de la posesión y pateó 27 veces, siete de ellas en dirección a los tres palos defendidos por la figura Vozinha. Pero solo una breve ráfaga en el cierre del período inicial, y los instantes posteriores al ingreso de Lamine Yamal tras la pausa de hidratación en la segunda parte alteraron la marcha monocorde de Rodri, Pedri, Fabián Ruiz y compañía.Cabo Verde, como Rusia en 2018 o Marruecos en 2022, le planteó a la España del toque y la posesión un partido muy sencillo: se agrupó en un 4-5-1 alrededor de su área, le regaló la pelota y se preocupó en no distraerse cuando sus rivales la movían de un lado a otro, y de no perderla con facilidad en las contadas ocasiones en las que salía jugando desde atrás. Para alegría de Bubista, el veterano técnico isleño, el adversario tan temido prácticamente no encontró nunca la salida del laberinto, y cuando lo hizo, se topó con Borges y Vozinha.Como puede intuir quién no lo haya visto, el partido fue un largo bostezo. Hubo que esperar 39 repetitivos minutos, una eternidad, para sacudirse la modorra. En ese instante, a Fabián Ruiz se le ocurrió una idea distinta a la de dar un intrascendente pase de cinco metros. Picó la pelota hacia la izquierda por encima de toda la defensa para la llegada de Marc Cucurella. El flamante 3 del Real Madrid volcó el balón al centro, Ferrán Torres estrelló su remate en el travesaño y Vozinha desvió al córner el cabezazo de Mikel Oyarzábal en el rebote. Solo en ese momento y hasta el descanso se dibujó la imagen del conjunto que ganó con brillantez la Eurocopa 2024. No había aparecido antes ni volvió a hacerlo después.Mientras tanto, Lamine Yamal observaba todo con aire distraído sentado sobre unos baúles al costado del banco de suplentes. De la Fuente y su cuerpo médico tendrán causas suficientes para haber demorado su entrada hasta el minuto 70, porque el crack del Barcelona fue el único que se demostró capaz de agitar la coctelera. Claro que por entonces, Cabo Verde no solo había afianzado su dominio estratégico sino que ya se había convencido de que no era descabellado pensar en el batacazo.Lo mejor del partidoGran sorpresa en el Mundial: España empató sin goles. RESUMEN COMPLETOEn todo caso, la ausencia de Yamal durante gran parte del encuentro descubrió una sospecha: ¿sería igual de firme la candidatura de la Roja sin su gambeta, su explosión y su ingenio? En el aire quedó la sensación de una dependencia exagerada y peligrosa. España arrancó el Mundial con la misma pereza de quién se levanta de la cama un lunes, reniega de la obligación de ir a trabajar y la afronta con el sello de la rutina en la frente. Creyó que con eso le alcanzaba ante un adversario modesto y se equivocó feo. Chocó con Vozinha, con Borges, y con un grupo de jugadores orgullosos que le borronearon el estreno, y que de paso se ocuparon de informarle a los demás que nadie puede sentirse dueño del cartel de favorito.