Gabriel Rolón: “Vos podés creer que estás enamorado y después de un tiempo decís: ‘La verdad, no, no estaba tan enamorado como creía’”

En la compleja trama de la vida emocional, el autoconocimiento se presenta como un desafío constante. A menudo, las personas atraviesan estados que interpretan como certezas sentimentales, solo para descubrir, tras el paso del tiempo, que dichas sensaciones no poseían la profundidad que inicialmente les atribuyeron. Sobre este fenómeno se pronunció el psicólogo y escritor Gabriel Rolón, quien puso bajo la lupa la fragilidad de nuestras convicciones afectivas en su columna del programa Perros de la calle, emitido por Urbana Play.El eje central de su reflexión recae en la tendencia humana a la confusión emocional. Según el especialista, los sentimientos son volátiles y, en ocasiones, engañosos. Rolón ilustró esta idea con un ejemplo contundente: “Vos podés creer que estás enamorado y después de un tiempo decís: ‘La verdad, no, no estaba tan enamorado como creía’”. Esta declaración subraya la brecha existente entre la intensidad del momento y la realidad del sentimiento, lo que cuestiona la validez de nuestras interpretaciones cuando nos encontramos inmersos en una situación particular. Para el psicoanalista, el entusiasmo o la pasión del momento pueden nublar el juicio y generar una falsa sensación de realidad que se desvanece ante la perspectiva que otorga el tiempo.Esta perspectiva de Rolón se extiende también al plano del conflicto personal. El autor de diversos éxitos editoriales señaló que, del mismo modo que ocurre con el enamoramiento, sucede con el enojo. “A veces creés que estás enojado. Yo con esta persona nunca más; y te tomas un café, y charlaste un rato, y decís: ‘Bueno, no estaba tan enojado, listo, no era para tanto’”, explicó durante su intervención, que rápidamente se viralizó en las redes sociales.Sin embargo, el planteo de Rolón no busca sembrar la duda sobre toda nuestra vida interior, sino establecer una distinción fundamental. Mientras que los sentimientos como el amor o la ira pueden ser fruto de una interpretación errónea, existe una emoción que, a su criterio, es imposible de falsear: la angustia. A diferencia de las anteriores, esta se manifiesta de forma física, actuando como un faro de verdad sobre nuestra subjetividad. “Las emociones engañan, pero la angustia no. Porque la angustia se siente en el cuerpo. Te atraviesa, te agarra taquicardia, te transpiran las manos, te cuesta hablar, te quedas sin palabras”, detalló.Esta capacidad del cuerpo para revelarnos lo que ocurre internamente marca, para el psicólogo, la frontera entre estar realmente bien y simplemente atravesar un estado de distracción. Según su análisis, cuando la angustia se hace presente en toda su magnitud, su impacto físico es innegable, a diferencia de esos momentos de calma relativa donde las personas, lejos de experimentar la plenitud de la felicidad, se encuentran transitando una cotidianidad sin sobresaltos. En última instancia, la invitación de Rolón es a prestar atención a estas señales somáticas para evitar confundir la ausencia de malestar con una felicidad auténtica y consciente.Este contenido fue producido por un equipo de LA NACION con la asistencia de la IA
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