La Odisea, la película del año en muchos sentidos

El cine, al menos el cine en salas, se acerca a una válvula: pasará a un nuevo estado pero no podrá volver al anterior. Están sucediendo muchas cosas al mismo tiempo: cineastas nuevos que puede generar éxitos con nada (Obsesión, de Curry Baker, ejemplo de ejemplos), hay una recuperación notable de la asistencia (ok, digamos que no en la Argentina golpeada por la caída del salario real, pero sí en el resto de los mercados) y falta un mes para el estreno de un film que marca el definitivo cambio de época. Ese film es La Odisea, de Christopher Nolan, y su voluntad fundacional es clara al adaptar uno de los relatos básicos de la cultura universal. Como siempre en el caso del oscarizado realizador de Oppenheimer, todo es a lo grande.Nolan, sabemos, es una especie de maestro de la publicidad previa. Logró éxitos con El Origen e Interestelar sin decir de qué trataban esas películas. Sólo que eran “grandes” en varios sentidos (elenco, concepto, escenas, etcétera). Lo mismo sucedió con Oppenheimer, la que finalmente le dio su buscadísimo Oscar en 2024. Poco después del premio, anunció La Odisea, que prometía ser la versión fílmica definitiva del mito homérico. Es interesante porque muchos llegamos a Odisea gracias a la personificación de Kirk Douglas en la bella y ligera Ulises, el film italiano de 1954 dirigido por Mario Camerini y que poblaba tardes de sábado en la televisión local de los setenta. Justamente, el nombre “Nolan” no está asociado a la diversión aventurera sino a lo “importante”, incluso si la mayoría de sus películas (y lo que mejor le sale) es la aventura de fantasía. Sólo que, como se sabe, tales efusiones felices tienen mala prensa. Y casi toda la promoción previa de La Odisea corre por ese carril, el del evento importante.Y funciona. Las entradas que se pusieron a la venta hace un año para las primeras funciones en salas IMAX se agotaron en horas. La venta anticipada que se lanzó en los EE.UU. el 4 de junio destrozó toda expectativa e incluso hizo colapsar temporalmente los servidores de empresas como Fandango, dedicadas a la comercialización de tickets. No es nada excepcional, por cierto, pero es importante porque mide el interés del público en el film. Pero el dato que nos importa (Nolan es una franquicia en sí mismo, los fans le compran todo y pueden agotar entradas) es que los primeros lugares en volar fueron los de los formatos premium IMAX 70mm, que es el tipo de película que utilizó Nolan. Y los asientos más caros, algo nada menor,Nolan es, como James Cameron, un fanático del formato analógico. IMAX 70mm es fílmico, la vieja y querida “cinta” de acetato, pero cada fotograma mide siete centímetros de largo y, como no está “pixelado”, se puede estirar la imagen sin pérdida de detalle hasta el límite de estas híper pantallas. Es decir, es ideal para la experiencia inmersiva que busca una parte de los espectadores. Si el lector se anima a ver cómo se dispone la cámara en Dunkerque o Interestelar, comprenderá que la “inmersión” es clave en el estilo del director. También lo es para el negocio.Porque las plataformas y las nuevas pantallas hogareñas de alta definición proveen a demanda y sin pausa experiencias similares a las que teníamos en las salas hasta hace un par de décadas. Como sucedió cuando la TV amenazó a Hollywood durante los años cincuenta, la respuesta es proponer “más y más grande”, un tipo de experiencia que no puede (¿aún?) lograrse en el hogar. Los grandes formatos ya han logrado mejorar performances de films de manera crucial, como sucedió el año pasado con Pecadores y Una batalla tras otra, por ejemplo. La segunda fue clave porque no se trataba de un gran espectáculo de fantasía sino de una comedia dramática adulta con contenido político. El Santo Grial hoy es la película de “prestigio” que llene salas híper grandes. Es importante porque, por un lado, las entradas en esos formatos son más caras (mucho más). Y por otro, porque el público en cines parecía haberse contraído. Un espectáculo IMAX permite recaudaciones buenas con menos público. Pero para eso requiere, a esta altura, respetabilidad. Y allí es donde el nombre de un director prestigioso y oscarizado es clave. Y un libro célebre, por qué no, también. ¿Acaso no fueron adaptaciones El nacimiento de una nación y Lo que el viento de llevó, fundacionales a su modo?Pero ya no estamos en la era del espectador pasivo, sino del usuario activo, el que responde y opina de modo constante. Y en el feed de X, tildes aparte, la opinión de un crítico de cine experimentado y la de un espectador novato ocupan básicamente el mismo lugar. Muchos de esos espectadores iniciaron boicots varios contra la película por cuestiones a veces irrisorias. La primera, cuando salieron las primeras imágenes, porque los cascos no se atenían a la Historia. Recordar que La Odisea es una obra imaginaria y no histórica fue casi inútil. Luego, la mayor y aún vigente polémica fue porque Helena de Troya (míticamente rubia, incluso el epíteto aparece en los manuscritos más antiguos del poema) es interpretada por Lupita Nyong’o, gran actriz negra -que también, según la ficha, es Clitemnestra, la esposa de Agamenón-. Aquí el punto es más complejo, porque la Academia de Hollywood dispuso hace unos años reglas muy estrictas (y en parte absurdas, pero es otra discusión) sobre representación de minorías en las películas que se propongan para premios. También sabe cualquier lector de La Odisea que Helena es apenas una referencia en el poema, que trata de otra cosa. Pero el punto es criticar la inclusión forzada (que, otra vez hay que recordarlo, no sería tal en una obra que no pretende ser un retrato histórico o un documental arqueológico).El cargo más complejo es que Nolan usara -esto es pura hipótesis, dado que no se sabe realmente- la traducción reciente del poema a cargo de Emily Wilson, cuya versión (absolutamente discutida por académicos) es decididamente feminista y cambia, según las críticas, elementos sustanciales del original morigerando la visión de la época en que fue compuesto el poema. Es decir, la crítica más feroz en los últimos meses, sin que nadie viera más que el trailer, es que la película sería woke. Y el reflujo anti woke es pesado.Si La Odisea triunfa, esta clase de polémicas habrá dejado de ser efectiva y seria un indicio de que la era “woke-anti woke” estaría quedando atrás. Si no, habrá que pensar también que varios grandes éxitos de este año se hicieron con poquísimo dinero (Obsesión y Backrooms, claramente) y surgen de un ecosistema nuevo y una nueva relación con otro tipo de público (la clave: YouTube). Pero que, en última instancia, el cine en salas se encamina a dividirse en la gran experiencia inmersiva como sostén económico y un nuevo cine, más chico y más afín a los nuevos públicos, que generen mucha ganancia con poco gasto. Más una tercera pata “de prestigio” y difícil exportación, el cine internacional de festivales. De allí que sea clave la película de Nolan. Otra vez, la Odisea fundando una forma en el arte.
Leer nota completa en La Nación →
LA
General

El carro delante de los caballos

Las experiencias de la VOC, Delaware y Singapur muestran que la inversión y la innovación son consec...

La Nación